Periodo Edo. Una infante de corta edad, es entrenada cruelmente por su padre, para ser un samurai. Al ser la primogénita, y no haber nacido como varón, su trato era injusto. Si no hasta que decide huir y tratar de llevar una vida lejos de maltratos...
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La casa al fin estaba totalmente terminada hasta en el más mínimo detalle, ya sólo faltaba que fuese habitada. La espadachín mandó a un demonio de bajo rango para avisarle a Doma, y así pudiera llevar a su madre y brindarle la sorpresa.
—Himeno— el rubio entró a la habitación. —La luna resplandece, ¿Por qué no damos un paseo, querida?— se acercó.
—Agradezco tu invitación, Doma, pero no te molestes... No es necesario, de verdad.
En realidad ella no quería despreciar su invitación, es sólo que intenta evitar que su exmarido les viera por si él andaba en estos rumbos, y no se ocasione una pelea o un disgusto para el demonio. No obstante, Himeno a pesar de que sabe que Doma es poderoso, no tiene idea ni un poco del gigantesco poder de la segunda luna, estaba a salvo a su lado.
—Querida, no dejaré que nada te pase, yo te protegeré— colocó la mano sobre su hombro. —Vamos.
El demonio le ofreció su brazo y ella lo tomó, salieron del templo y caminaron tranquilamente mientras se alejaban de ahí. Cuando el de ojos de colores supo que ya no estaban a la vista de nadie, sujetó a la joven mujer y la sostuvo en sus brazos, ocasionando cierta sorpresa en ella por su acción.
Se abrazó a su cuello, sabía que iba a correr como la vez que la rescataron de su antigüo hogar. El devorador de mujeres se desplazó veloz y ágilmente por el bosque, que en ocasiones ella cerraba sus ojos debido al aire. Al poco tiempo, Doma se detuvo en un sitio específico y Sayori ya les estaba esperando.
—Llegan a tiempo— sonrió amable, y Doma bajó con cuidado a Himeno.
—Cariño, ¿Qué hacemos aquí?— observa que sólo hay un denso bosque alrededor.
—No puedo decirte aún, mamá...— se aproxima y le coloca una venda en los ojos. —Confía en mi, sé que te va a encantar.
Himeno asintió entusiasmada, se dejó guiar por su hija al tener la vista bloqueada. Sayori la llevaba por ese túnel que los guiaría a ese oculto lugar que descubrió, y Doma iba tras ellas sin tampoco saber qué hacían ahí, ni a dónde iban. En cuanto salieron del estrecho pasadizo, la joven detuvo a su madre justo enfrente de la casa.
—Espero y te guste, mamá— le quita la venda de los ojos.
La joven madre mostró una expresión de total asombro, completamente maravillada al mirar la hermosa vivienda iluminada con faroles, era tan enorme y tan increíble. El entorno es muy bello, sus bastos árboles rodeando todo el sitio siendo atravesados por la luz de la luna, y las luciérnagas le daban ese toque mágico. Sin duda, es espléndida.