48 [En la boca del lobo]

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Hinata observó aquellos ojos que habían brotado de las paredes.

La Hyūga se tensó al instante.

Natsu sintió cómo su sexto sentido le alertaba del peligro inminente. 

Los muros empezaron a estremecerse, mientras sonidos guturales se filtraban desde las profundidades... rugidos. 

Aullidos lejanos. 

Como si algo... o alguien... despertara.

Las dos se pusieron en guardia, espalda con espalda, mientras el pasillo que las rodeaba latía con una cadencia irregular. El aire ya no era solo espeso... era orgánico. Cada bocanada sabía a sangre caliente y óxido rancio.

—¿Qué ves? —preguntó Natsu, desenvainando su espada. Estaba en guardia, podía sentir que la situación estaba a punto de volverse sumamente tensa.

Hinata tomó aire, ignorando el asco que le subía por la garganta.

—Tenemos un problema... —su voz era baja, pero firme—. La apertura por la que entramos... se cerró... Está claro... toda esta cosa... es alguna clase de criatura... Una muy grande y llena de energía natural.

—¿La cueva es... una criatura? Bueno, eso explica por qué se sentía como si las paredes estuvieran vivas... —declaró Natsu, tratando de no asquearse—. Debe ser obra de Saiko... El lado positivo, encontramos una pista... El negativo... Entramos a la boca del lobo...

—Sí. Esta cosa se extiende a kilómetros y kilómetros bajo tierra... es una red de túneles vivos... Aunque, no creo que sea un solo ser... estos muros... están hechos de humanos y animales aún con vida... Puedo ver cómo todos sus chakras están mezclados en una especie de amalgama.

Natsu apretó la mandíbula. Iba a decir algo... pero lo que vino después la interrumpió.

Varios brazos humanos se alzaron del suelo. 

Cadavéricos. Desnudos. Con uñas podridas y piel endurecida por callos y cicatrices de infección. 

Las agarraron de los tobillos.

—¡Tch! —Natsu dio un tajo sin dudar, cortando las extremidades con un giro limpio.

—¡¡OOORRGGHH!! —el rugido reverberó desde las paredes mismas, como si la criatura se enojara por el ataque.

Entonces, decenas de apéndices empezaron a formarse desde las paredes. 

Tentáculos con placas óseas, brazos agigantados y lenguas gigantes.

Hinata se tensó mientras observaba con su Youringan ... Podía ver el chakra que salía de aquellas masas de hueso...

—¡¡ATRÁS!! ¡¡No vayas a dejarte tocar por esos huesos!!

Del techo llovieron espinas de hueso, afiladas como kunai, mientras las dos asesinas empezaban a esquivarlas en total sincronía...

—(Si esos huesos nos tocan... van a desintegrarnos... )—pensó la Hyūga, viendo cómo, una vez que se clavaban en otra pared, eran reabsorbidos.

En eso, agujeros se abrieron en las paredes, de donde empezaron a salir chorros de un líquido verdoso...

Natsu se apresuró a desviarlo con su viento, mientras Hinata la cubrió por detrás, desviando varios huesos que iban a golpearla por la espalda...

Fue entonces cuando un disparo de ácido a presión salió directo al rostro de Hinata.

Antes de que la asesina reaccionara, el ácido se disipó a centímetros de ella, sin tocarla... Como si una barrera invisible la separara del líquido.

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