Cuando el auto se detuvo en la rotonda, fui la primera en abrir la puerta. El viento frío contra mi piel mojada se sentía como golpes de realidad. Al ir hacia la puerta, lo escuché bajarse y caminar unos pasos por detrás. Cruzando el umbral, me encontré de frente con León, seguido por Chandler y Didier, a quienes le cambiaron las caras en cuanto vieron mi aspecto.
—¿Isabella? —León se acercó a mí en dos pasos, pero lo esquivé y seguí caminando. No creía poder controlar mi estado de ánimo fluctuante para que encajara con el suyo como todas las veces.
León no me detuvo, y Chandler y Didier me siguieron por el pasillo dos pasos por detrás, en silencio.
—¿Qué rayos pasó? —Escuché rugir a León cuando subía las escaleras. No alcancé la respuesta de Nóel, pero tampoco me importaba la conversación.
—¿Isabella, estás bien? —Preguntó Chandler con cuidado cuando llegamos a mi habitación.
—No, no lo estoy. —Respondí, sentándome a los pies de la cama, quitándome los zapatos.
—¿Quieres que te dejemos sola? —Preguntó Didier esta vez.
—¡No! —Lo reprendió Chandler— ¿Por qué haríamos eso? —Y en otra ocasión me hubiese reído de sus caras, pero en ese momento...
—Sí, me gustaría estar sola. —Era todo lo que quería.
Ellos se miraron y luego me miraron por unos segundos antes de salir. Ya en el silencio, suspiré y cubrí mi rostro con ganas de gritar, pero sin la suficiente energía como para hacerlo. Me puse de pie, me quité el hermoso vestido que se volvió un desastre y entonces escuché la puerta una vez más.
No tenía ni que darme la vuelta para saber quién era. El silencio intencional, la pesadez en la atmósfera, su olor y la forma en que respiraba y caminaba. Lo conocía muy bien. Más de lo que en realidad debería. Y eso me puso aún más molesta.
—Isabella. —Me nombró, y mis músculos se tensaron.
—León, quiero estar sola. —Pedí con la última paciencia que me quedaba. Ni siquiera intenté esconder mi cuerpo casi desnudo a exepción de mi tanga. Solo me mantuve dándole la espalda.
—Y yo no quiero eso. —Replicó él, y supe que estaba a un paso detrás de mí.
—Cierto, siempre se trata de lo que ustedes quieren. —Me reí con sarcasmo.
—No esta vez —Suspiró—. Sé que tú tampoco quieres estar sola en este momento.
—Eso no significa que quiera tu compañía. —Él hizo silencio unos segundos, y lo escuché dar un paso atrás.
—Hay una razón para lo que sucedió hoy.
—¿Qué? —Pensé que no estaba escuchando bien.
—Nóel me contó.
—Sí, claro que lo hizo.
—Lo de la fiesta... era necesario. —Al escucharlo, sentí hervir mis entrañas, justo como en el auto.
—¿Qué demonios quieres decir? —Pregunté de forma retórica, porque en realidad no quería oír una respuesta.
—Isabella. —Me advirtió, sabiendo que mi estado de ánimo no era el correcto.
—Primero Nóel, ahora tú —Mi tono de voz se elevó dos niveles—. ¿Acaso no pueden simplemente dejarme en paz? Mi día ya ha sido lo suficientemente malo. Arrodillarme y disculparme públicamente con un bastardo abusador creo que fue más que suficiente tormento por hoy. Sin olvidar que tu hermano me recordó mi lugar vaciando una muy cara botella de vino en mi cabeza. Entonces, ¿qué vienes a hacer tú? ¿Es tu turno de abusarme? ¿Ya se te ocurrió una buena idea? Porque déjame decirte que aquella vez cuando me drogaste y ataste en realidad se puede ver como algo muy creativo. ¿Acaso... —Palmas grandes y calientes sostuvieron mis antebrazos, haciéndome callar.
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Unione Corse
AcakIsabella Slorah sabía desde muy joven que su sueño era ser escritora, pero, por mucho que se esforzara, sus libros nunca parecían tener un final satisfactorio. A los 19 años, tuvo un golpe de suerte que impulsó su carrera. Su épica trilogía, titulad...
