La enemistad entre Harry y Amara no era fácil, no cuando todo había comenzado por un pequeño mal entendido y menos cuando el mejor amigo de ambos era Mitch Rowland.
Y si a Harry no le agradaba mucho Amara, ¿Entonces por qué escribió tantas cancione...
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Amara Willson
Harry me mira impaciente esperando una respuesta de mi parte. Pero yo simplemente estaba anonadada por tan repentino y extrovertido comportamiento de su parte.
—Te prometo que el agua no está helada— me incita.
—No puedo— contesto y él simplemente asiente con la cabeza.
—Si puedes.
—Yo...— comienzo a balbucear, tratando de ignorar la vergüenza plasmada en mi rostro— Yo no sé nadar.
Por una fracción de segundos la expresión de Harry es muy cómica, estaba segura de que no se esperaba esa respuesta.
—Pero aquí hay pie, y estaré aquí por si de repente tu cuerpo comienza a hundirse— él me dice a lo que lo que suelto una risa. Saco la liga de mi cabello para así dejarlo suelto mientras niego con la cabeza.
—Eres un idiota.
Dejo pasar un par de segundos antes de dejar mi copa vacía de lado para comenzar a sacarme las botas que decidí usar ese día. Me acerco lentamente a la orilla y sumerjo mis pies en el agua comprobando que efectivamente la temperatura estaba bastante agradable.
—Prometo que no te pasará nada— me dice estando frente a mi.
Y sin pensarlo dos veces alzo mi cuerpo para entrar en la piscina, aún con el vestido puesto. Siento las manos de Harry tomar mi cintura mientras que lentamente comienzo a bajar, hasta que mis pies tocan el fondo de la piscina.
La cercanía era mortal, podía sentir su respiración muy cerca de mi mientras que sus manos seguían sujetando mi cintura con fuerza.
—No avances al otro extremo, ahí es más hondo para ti— susurra cerca de mi. Me es inevitable no desear sus labios que se veían bastante humectados.
Gotas corrían desde su cabello a través a de todo su rostro. Una fina barba cubría su mandíbula y sus ojos verdes no dejaban de observarme en ningún momento.
—Gracias por el consejo— es todo lo que soy capaz de decir.
El comienza a retroceder, aún con sus manos puestas en mi cintura, por lo que mi cuerpo avanza con él. Coloco mis manos en sus anchos hombros con la intención de afirmarme, ya que nunca me sentía lo suficientemente segura estando en el agua.
—¿Y si este es tu plan para asesinarme? Nunca fui de tu agrado— le digo haciendo que él suelte una gran carcajada.
—Sería un pésimo plan de todas formas, todos sabrían que fui yo.
Mi agarre se hace más intenso al notar que mis pies estaban comenzando a flotar, debido a que no estaba tocando muy bien el fondo de la piscina.