33| Más de lo que debería.

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El sonido del ascensor se cerró tras ella y, por primera vez en todo el día, el silencio le resultó insoportable

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El sonido del ascensor se cerró tras ella y, por primera vez en todo el día, el silencio le resultó insoportable.

Amara abrió la puerta de su departamento con las manos temblorosas. La cerradura pareció más ruidosa de lo normal, como si cada clic rebotara en las paredes vacías. No encendió las luces al entrar; la oscuridad le ofrecía un tipo de refugio que la claridad no podía darle.

Dejó caer su bolso en el suelo y apoyó su espalda en la puerta ahora cerrada. Su respiración era errática. Todo en ella lo era.

Sintió el corazón martillarle en el pecho mientras trataba de recuperar algo de calma, algo que se sintiera seguro. Pero no había nada seguro. Ni su mente, ni su cuerpo, ni siquiera ese lugar nuevo que había prometido ser su refugio.

Sentía que Luke podía aparecer en cualquier momento y esa idea la atravesó como un cuchillo, helada, certera.

Caminó directo al baño, casi tambaleándose. Se quitó la ropa en silencio, sin mirarse al espejo porque sabía que lo que iba a ver era una versión de sí misma que no quería reconocer: los ojos enrojecidos, la piel tensa, la vulnerabilidad filtrándose por cada gesto.

Abrió la ducha y el agua cayó con fuerza, llenando el pequeño espacio de vapor. Entró sin pensarlo demasiado.

El agua caliente le quemó la piel al principio, pero no se movió. No quería moverse. Sólo quería que el agua se llevara todo el miedo, el temblor de sus manos, la sensación de suciedad que no tenía nada que ver con el cuerpo y sí con el alma.

Pero el llanto llegó sin permiso.

Primero fue un nudo en la garganta, luego un sollozo contenido, y después algo más profundo, más desbordante.

Amara apoyó la frente contra los azulejos y dejó que su cuerpo se sacudiera con cada lágrima.

No quería llorar. Odiaba llorar. Había prometido no volver a sentirse así, tan rota, tan indefensa ante el recuerdo de alguien que ya no merecía un solo pensamiento suyo.

—No más...— susurró con voz temblorosa, apenas audible entre el ruido del agua.

Pero el pasado no siempre obedece. Y esa parte de ella que aún temblaba ante el nombre de Luke seguía allí, escondida, esperando que la noche no la devorara otra vez.

Apagó la ducha y se envolvió en una toalla. Sus movimientos eran lentos, automáticos, como si cada acción le pesara el doble.

Fue hasta su habitación y se dejó caer al borde de la cama, el cabello mojado goteándole sobre los hombros.

No sabe cuanto tiempo estuvo así hasta que se incorporó nuevamente, para ese entonces el reloj marcaba las 00:17.

El silencio era tan profundo que podía escuchar su propia respiración.

Ambivalencia |H.S|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora