Capitulo 16

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Me quedé un rato con él dormido encima hasta que mi espalda se quejó. Lo acomodé dentro del nido y salí en puntas. Había que cerrar el día como se cierran las heridas: apretando los dientes.

Primero, el médico.

Hyunjin me esperaba en la escalinata con cara de “vas a querer o se lo echo a los perros”. Detrás, el obstetra beta, Christopher, con su mochilita y la postura de estudiante que viene a presentar examen.

—Habla claro —le solté en cuanto cerramos la puerta del despacho—. Sin rodeos, sin tecnicismos, sin idioteces. ¿Por qué huele a leche?

No se inmutó. Buen síntoma.

—Por su condición, señor. Omega Gama. En los OGs jóvenes, el eje hormonal hipotalámico madura distinto: hay picos de prolactina y oxitocina basales antes de la gestación. Eso… perfuma el aura con “leche”. En omegas normales, ese olor casi solo aparece con embarazo o posparto. En OGs, puede aparecer sin embarazo.

—Traducción para mi gente —dije, cruzado de brazos.

Hyunjin alzó la mano, como en la escuela.

—Que el niño trae “olor de cuna” porque su cuerpo trae turbo de fábrica. No porque esté esperando.

Christopher asintió.

—Exacto. Es raro, pero en OGs, normal.

—¿Qué tan raro? —pregunté.

—Ellos ya son el 0.1% de la población. De ese grupo, menos de un tercio muestra “leche” antes de gestar. Es decir… el señor Felix es una aguja en un pajar.

—Una aguja que todos quieren coser a su bandera —gruñí—. ¿Los de afuera lo saben?

—Los que de veras cazan OGs, sí. Para carteles, gobiernos y laboratorios, un OG preñ… —tragó saliva— un OG embarazado es oro líquido. Linaje, genética, control.

Mi lobo raspó el suelo por dentro.

—Escúchame bien, doctor —me acerqué—. Aquí nadie toca a mi omega sin su permiso. No se le sangra, no se le pesa, no se le fotografía. Si un rumor sale de esta casa, rastreo el hilo hasta tu bolsillo.

Agachó la cabeza.

—Mi ética está con el paciente, señor.

—Tu ética está con tu cabeza pegada a tu cuello si haces las cosas bien —cerré—. Gracias por lo de hoy. Retírate.

Se fue sin ruido. Hyunjin se recargó en la puerta.

—Esto se nos hizo global en dos horas, Bin. Los intrusos venían por confirmación. Una foto, un pelo, una caja de Petri y ya te montan una historia mundial: “el OG ruso del Guzmán trae cría”.

—Que intenten —dije—. Hoy nos probaron las cercas. Mañana traen al amo con correa.

—¿Y el amo? —levantó ceja.

—Lo muerdo del hocico.

Hyunjin sonrió apenas. Es de los pocos que me cree cuando digo barbaridades.

—¿Quieres que “cante” el vivo?

—Quiero verlo yo.

—Jeongin ya lo está calentando —informó, resignado—. ¿Lo freno o lo dejo jugar?

—Déjalo jugar —suspiré—. Pero no me lo quiebren. Necesito que hable en presente.

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La bodega dos olía a metal viejo y a desinfectante. Una bombilla colgando, la silla atornillada al piso, el ruso con la camisa rota y la nariz reventada, respirando por la boca. Jeongin lo rodeaba con una sonrisa de póquer y una cubetita de agua.

PIÉNSALO (Changbin x Felix)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora