Capitulo 19

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La noche había caído sobre la cabaña, fría y húmeda como si quisiera colarse por cada rendija de madera. Bin dormía -o lo intentaba- sobre el colchón viejo, el pecho subiendo y bajando con dificultad, su cuerpo empapado de sudor. El olor era inconfundible: celo. Y no uno común, no... el celo de un Alfa Gama.

Yo no podía quedarme quieto. Mi lobo tampoco.

"Sal", me dijo, "si él no come, no aguanta".

Me levanté despacio, cubierto apenas por la cobija de tigre que ahora era más mía que suya, y caminé hasta la puerta de la cabaña. El aire helado me mordió la piel, pero no dudé. Me desnudé ahí mismo, doblando la ropa como podía, y dejé que el cambio me rompiera los huesos.

En menos de diez segundos, ya no era yo. Era el lobo blanco.

Mis patas tocaron la tierra húmeda, mi nariz se llenó de aromas frescos: pasto, resina de pino, un rastro lejano de agua... y ahí estaba: vida pequeña, rápida, con corazones latiendo como tambores. Conejos.

Corrí entre los árboles, la luna se reflejaba en mi pelaje, y por primera vez en días sentí libertad. Un par de brincos, un gruñido, y los tuve. Dos conejos colgaban de mi hocico cuando regresé, el sabor metálico de la sangre aún en la boca.

Entré de nuevo a la cabaña, volviendo a mi forma humana con un jadeo. Mis manos temblaban por el frío y el cansancio, pero encendí la vieja chimenea con los fósforos que encontré en una lata. El fuego prendió, iluminando las paredes grises.

Puse los conejos sobre unas ramas improvisadas, girándolos sobre las brasas como había visto hacer a los rancheros en fiestas. El olor a carne asada llenó la cabaña, mezclándose con el aroma sofocante de Bin.

Volteé a verlo. Estaba encogido, con la camisa pegada al cuerpo por el sudor, los labios entreabiertos como si pidiera agua... o a mí.

Me acerqué con uno de los conejos ya cocido, lo partí y se lo ofrecí.

-Binnie... come. [Binnie, come.]-

Abrió los ojos, dorados, brillantes, salvajes.

-Felix... -su voz era ronca, cargada de dolor y deseo-. No te acerques.-

-Necesitas fuerza -insistí, acercándole la carne-. Please, eat [por favor, come].-

Él trató de apartar la mano, pero yo no se la solté. Al final, dio un mordisco, gruñendo como si estuviera peleando con su propio instinto. Lo vi tragar, cerrar los ojos, respirar hondo.

-No... no debería estar así. -su frente cayó sobre mi hombro-. Faltaban días...-

-Shhh... -le acaricié el cabello, húmedo-. No es tu culpa.-

Su olor se intensificó de golpe, invadiéndolo todo. Mi lobo dentro de mí gimió, excitado, queriendo rendirse a esa llamada.

"Es nuestro", chilló mi lobo.

"Sí", pensé yo, "pero debemos decidirlo".

-Felix... -Bin levantó la cabeza, su mirada ardía-. Soy un Alfa Gama. Si cedes... no voy a poder parar hasta dejarte lleno de mí. Hasta la última gota.-

Tragué saliva, pero no aparté la vista.

-I know [lo sé] -le respondí-. Y no me importa.-

Él frunció el ceño, como si quisiera odiar mis palabras y no pudiera.

-Es demasiado pronto. Te mereces tiempo, calma, un cortejo...-

Me acerqué más, apoyando mi frente en la suya.

-Te merezco a ti. Ahora.-

Su respiración se entrecortó, su cuerpo temblaba entre contenerse o soltarse. Lo vi morderse el labio, luchando consigo mismo. Yo lo abracé con fuerza, como si pudiera sostenerlo en pedazos.

-Let me help you [déjame ayudarte] -susurré-. Please, Binnie. -

Un gruñido profundo escapó de su garganta, tan animal que me erizó la piel. Su lobo ya no quería esperar. Y el mío tampoco.

Yo, Felix, cachorro platinado, OG raro, me di cuenta de algo: no era Bin el único con hambre. Yo también lo deseaba. Y esta vez, no iba a hacerme el ingenuo.

Me recosté sobre el colchón, jalándolo conmigo. Su peso me cubrió como una manta ardiente.

-No te detengas -le dije, en un susurro firme.

Sus ojos brillaron con desesperación y ternura mezcladas.

El aire dentro de la cabaña era fuego. Changbin sobre mí, temblando como bestia contenida, los ojos dorados clavados en los míos. Su olor me llenaba hasta los huesos: café, tequila, chocolate, y ahora ese toque punzante, adictivo, del celo.

-Felix... -su voz era ronca, como si le doliera hablar-. Si cedo, ya no habrá vuelta atrás.

Lo rodeé con mis brazos, apretando su espalda.

-I want this [quiero esto] -susurré, firme-. I want you [te quiero a ti].

Él cerró los ojos un segundo, y cuando los abrió, ya no era el hombre. Era el alfa. Mi alfa.

Sus labios me devoraron, calientes, hambrientos. Mis dedos se enredaron en su cabello, jalando para acercarlo más. Gemí en su boca, incapaz de ocultar lo que me provocaba. Su lengua entró en la mía, posesiva, y mi cuerpo respondió soltando más aroma, dulce, intenso.

Su mano bajó por mi torso, hasta mi cadera. El contacto me hizo arquearme, buscando más.

-Felix... -jadeó contra mi oído-. Eres mío.

-Always [siempre] -contesté.

Me levantó como si no pesara nada, sentándome sobre él. Sentí su dureza presionando contra mí y solté un gemido, entre dolor y placer. Mi cuerpo temblaba, pero no de miedo. De necesidad.

Él me sostuvo de la cintura, enterrando el rostro en mi cuello. Su aliento caliente me erizó la piel.

-Puedo sentir tu lobo pidiéndome esto -dijo entre gruñidos-. Y el mío no va a parar.

-Don't stop [no pares] -lo interrumpí.

Su colmillo rozó mi glándula, justo donde late mi olor. Un escalofrío recorrió toda mi espalda. Mi omega lloraba de felicidad dentro de mí, moviendo la cola, aullando por fin.

-Mark me [márcame] -le pedí, con la voz quebrada.

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Que bárbaro, que sueño tengooo, que barbaroooo 🗣
Denme tips para hacer videos y reconendar mi historia alucin a la gente, porfis 😞☝️

PIÉNSALO (Changbin x Felix)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora