Capitulo 25

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Narrado por JeongIn


El cuarto se sentía más chico con cada hora que pasaba. Y eso que no era un cuarto pequeño: alfombra gruesa, cama amplia, cortinas que dejaban pasar el sol justo en el ángulo perfecto para molestarme, y una mesita con comida que alguien había dejado hace rato afuera. Pero igual… yo me sentía encerrado.

No había salido desde que Hyunjin me trajo de la fábrica. Desde que… bueno, desde que me besó.
Y lo peor era que en mi cabeza no sonaba como beso de amor, sino como beso de emergencia. Como si me hubiera querido salvar de aquel alfa idiota que no dejaba de acercarse. ¿Y si solo fue eso? ¿Y si no significó nada para él?

Mi pecho se apretaba cada vez que lo pensaba. Yo, JeongIn, el que siempre andaba de payaso, de fresa, de ruidoso… ahora escondido como niño regañado, como si de verdad me hubieran roto algo que ni siquiera empezó.

El colmo era que, aunque me encerré, igual escuchaba todo. Las paredes del rancho son gruesas, sí, pero no más que las lenguas de los betas y alfas que trabajan aquí.

—Dicen que el patrón chico se encerró porque se peleó con el señor Hyunjin.
—No, hombre, si dicen que lo besó delante de todos.
—¿Un beso? ¿Así nomás?
—¡Pues claro! Si siempre se le notó lo enamorado…

Tapé mi cara con la almohada, queriendo ahogar tanto las voces como la vergüenza.
¡Qué horror! Yo no sabía ni cómo procesarlo y ya medio rancho tenía la versión pirata de la historia.

“Hyunjin no te besó porque te ama”, me repetía como mantra. “Lo hizo porque ese trabajador estaba de pasado de lanza”.

Pero entonces, ¿por qué se sintió tan distinto? ¿Por qué su olor a madera, cuero y pólvora con ese toquecito de almiscle se me quedó pegado en la piel?

Me revolví en la cama. Era inútil. Ese aroma seguía allí, mezclado con el mío: mandarina, miel y manzanilla. Yo siempre había sido un libro abierto… y ahora mi propio cuerpo me delataba.

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Toc-toc.

Salté.

—JeongIn —su voz, grave, serena. Hyunjin.
Me encogí bajo la cobija como si eso pudiera volverme invisible.

—Déjame entrar. Tenemos que hablar.

—¡No quiero! —respondí, ahogado en la tela.

—Te traje comida.

—No tengo hambre.

—No has comido nada desde ayer.

Me mordí el labio. Claro que tenía hambre, pero prefería morir de inanición antes que abrir esa puerta y verle la cara.

Silencio. Pasaron minutos. Creí que se había ido hasta que escuché su voz, más baja, más… dolida.

—Me duele que me evites.

Cerré los ojos fuerte.
“Si supieras lo que me duele a mí…” pensé.

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No sé cuánto tiempo más pasó. Pude haber dormido, o simplemente estado en ese limbo de pensamientos que no paran. Hasta que el sonido metálico de la cerradura me sacó del trance.

—¡Oye! —salté de la cama cuando Hyunjin entró, alto, impecable como siempre, con ese aire de alfa que manda hasta respirando.

—Ya basta, Innie —cerró detrás de sí con suavidad—. Necesitamos hablar.

Me crucé de brazos, poniéndome entre él y la cama, como si pudiera proteger mi ridículo refugio.

—¿Para qué? ¿Para decirme que el beso no significó nada? Ya lo sé.

Su ceja se arqueó.

—¿Nada? —dio un paso hacia mí. Su aroma llenó el cuarto como oleada cálida.

—Claro. Lo hiciste para que ese estúpido dejara de molestarme. Fue… fue como un escudo, ¿no? —mi voz tembló, traicionándome.

Hyunjin suspiró, acercándose más. Yo retrocedí hasta que la cama me cortó el paso.

—¿Tú crees que besaría a cualquiera solo por cubrirte? —su mirada se clavó en la mía, intensa, peligrosa—. ¿Crees que mis labios se regalan?

—Pues… sí… no sé… yo…

No me dejó seguir. De pronto su mano firme me tomó de la cintura y me pegó contra él. Sentí el calor de su cuerpo, su fuerza contenida, el pulso acelerado en su cuello.

—No entiendes nada, ¿verdad? —gruñó suave—. No eres mi hermano, JeongIn. Nunca lo fuiste.

Mis ojos se abrieron grandes.

—¿Q-qué?

—Te amo. Desde hace años. Desde que eras ese niño testarudo que me seguía por el rancho. Y ahora que te veo… ya no eres un niño. Eres un omega fuerte, inteligente… hermoso. Y si alguien se atreve a tocarte como ese idiota, lo mato sin pensarlo.

Me faltó aire. Todo mi cuerpo ardía, no de miedo, sino de algo más profundo.

—Pero… ¿y tu amistad con Changbin? ¿Y mi papá? —las palabras me salieron atropelladas—. Si se enteran por terceros, te van a odiar.

Hyunjin apretó la mandíbula.

—Entonces se los diré yo. Hoy mismo si hace falta. No voy a esconder lo que siento, JeongIn. Prefiero cargar con su enojo a seguir cargando con este silencio.

Me temblaron las manos.

—¿Y si me arrepiento? —quise probarlo, aún con el corazón galopando.

Sonrió de lado, con esa seguridad que me desarma.

—Lo dudo. Porque yo también huelo tu verdad. Mandarina, miel, manzanilla… tu aroma grita lo que tus labios callan.

No pude más. Las lágrimas se me salieron, mezcla de alivio, de miedo, de amor.

—Te odio —susurré débil.

—No —Hyunjin bajó el rostro, tan cerca que nuestras narices casi se rozaban—. Me amas.

Y me besó.

Esta vez no había espectadores, ni trabajadores, ni pretextos. Era un beso real, profundo, lento al inicio y luego desesperado, con mis manos enredadas en su camisa y sus dedos marcando mi cintura como si quisiera fundirme en él.

Me dejé caer en ese beso porque por fin entendí: yo también lo amaba. Siempre lo había hecho.

Cuando nos separamos, jadeando, apoyé mi frente en su pecho.

—¿Y si mi papá no acepta?

—Lucharé por ti. —Su respuesta fue inmediata, feroz—. Hablaré con él. Con Changbin también. No le daré a nadie la oportunidad de arrancarme lo que ya es mío.

Me reí entre lágrimas, golpeando débil su pecho.

—Más vale que no te arrepientas, Bincente dos.

Se echó a reír, ronco, y me abrazó más fuerte.

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⏰ Última actualización: Sep 13, 2025 ⏰

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PIÉNSALO (Changbin x Felix)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora