Narrado por JeongIn
Amaneció con olor a establo limpio y café de olla. El cielo traía ese azul de foto vieja y el aire fresco que te recuerda que acá la vida empieza temprano o no empieza. Iba saliendo al corral cuando me crucé a Felix en el portal, descalzo, en pijama, con una concha en la mano y la cobija de tigre como capa de superhéroe. Me guiñó un ojo, todo platinado y feliz.
—Morning, sunshine [buenos días, solecito] —me dijo, y luego subió la voz para que lo oyera mi hermano—. ¡Bincente! ¿Quieres pan?
Yo nomás solté la carcajada. Desde que se me ocurrió lo de “Bincente” (porque si se llama Changbin pues… ¿qué sigue? ¡Cente!), el rancho late más sabroso. A Bin se le frunce la ceja pero luego se le afloja la risa. Es mi deporte favorito: provocar.
—No le enseñes modas al niño —gruñó Bin desde la sombra, pero ahí estaba, con media sonrisa y la mano en la cintura, como papá cuando se hace el serio.
Me acerqué a Felix con la concha y le di un tope de hombro.
—Oye, Fefi, ¿tienes un minuto? —Se me queda viendo como diciendo si es chisme, siempre—. Necesito tu sabiduría de OG.
—Charge me a coffee [cóbrame un café] y te digo, JeongIn —mordió pan, migajas en la comisura.
—Me gusta alguien —solté de golpe—. Pero me trata como si yo fuera… su hermanito. O su bebé. O su cachorro. —Hice cara de tragedia griega—. Quiero azotarme contra una barda.
Felix dejó la concha, me escaneó despacito y sonrió como si ya supiera el nombre.
—¿Y no será que te ama, pero es cobarde? —dijo bajito—. A veces proteger mucho es una forma rara de esconder el miedo.
—¿Y si me ve chiquito? —me jalé el sombrero pa’ taparme la vergüenza—. ¿Y si no me toma en serio?
—Pues crece donde él te mira chico —me pellizcó el cachete—. O haz que te mire donde ya creciste.
—¡Felix! —me reí escandalizado—. Eres un santo travieso.
—I learn fast [aprendo rápido] —me guiñó de regreso, y yo me guardé sus palabras como quien mete un cuchillo bonito en la bota.
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Hyunjin apareció al borde del corral con dos caballos y el sol en la espalda. Sombra —un overo negro con brillo de aceite— para él; Palomita —una yegua cremita, ojos amables— para mí. No sé si Dios existe, pero si existe, ese día lo vi: llevaba camisa negra arremangada, paliacate al cuello y esa cara seria que me hace sentir seguro y también con ganas de portarme mal.
—¿Listo? —preguntó, voz grave, poca emoción, mucha calma.
—Siempre —mentí.
Me acercó la montura con paciencia. Olor a cuero, a sudor de caballo, a tierra fresca. Sostuvo la silla mientras yo subía, y cuando notó que pisé mal el estribo, me sujetó de la cintura, apenas, pero suficiente para desarmar mi equilibrio (y el corazón).
—Aprieta con las piernas, no con las manos —dijo sobre mi hombro—. Si ahorcas la rienda, la yegua se enoja.
—¿Y si me enojo yo? —probé.
—Entonces respira y suéltame tantito —contratacó sin mirarme, y yo me atraganté de risa.
Andar a caballo con Hyunjin es como ir en misa: todo ordenado, todo en silencio, todo con propósito. Salimos por el portón chico rumbo a los agaves. El sol apenas se estiraba y el viento hacía bailar los hijuelos. Azul-verde hasta perderse, puñales de vida clavados en la tierra: así se ve la riqueza de mi familia.
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PIÉNSALO (Changbin x Felix)
WerewolfFelix es un omega ruso que por error termina en un contenedor con dirección a un rancho de México de un alfa buchon.
