Capitulo 21

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El camino de regreso fue largo, pero no pesado. El rancho apareció a lo lejos con sus cercas blancas, los mezquites alineados y ese polvo dorado que siempre me recordaba dónde pertenecía. En el asiento trasero, Felix dormía apoyado en mi hombro, con la cobija de tigre encima como si fuera armadura real. Yo lo miraba y aún no podía creerlo: marcado, mío, para siempre.

Nunca pensé que viviría para sentir algo así. Creí que me moriría en la guerra de negocios, o peor, viejo y solo, con puro tequila de compañía. Y ahora tenía a este omega platinado respirando lento contra mi cuello, dejándome su calor, su confianza… su vida entera.

El RZR había quedado destrozado en la cabaña, pero en cuanto llegamos cerca del portón ya había plebada esperándonos con la camioneta de refuerzo. Y, claro, apenas bajamos comenzó el escándalo.

—¡Ya llegaron!  —gritó uno de los betas, corriendo hacia la casa.

—¡El patrón Bin viene con el cachorro blanco! —repitió otro, y la voz se regó como pólvora.

En el rancho las noticias no se dicen: se gritan. Y en menos de cinco minutos todos sabían que volvía con Felix en brazos.

JeongIn saltó del asiento del copiloto como si nada hubiera pasado, con esa sonrisa de diablo que siempre me saca canas. Hyunjin bajó detrás de él, serio, cuidando cada movimiento como si aún estuvieran en zona de guerra. La tensión entre ellos dos era tan evidente que casi podía tocarla. JeongIn hablaba demasiado, Hyunjin lo miraba de reojo, y los dos fingían que nada pasaba.

—¡Ay, mi cocoy, por fin regresas! —canturreó JeongIn, dándome un golpe en el hombro—. Ya andábamos buscando padrino pa’ tu boda porque creímos que no volvían.

—Cállate, enano —le gruñí.

—¿Enano yo? —se indignó, echándose hacia atrás con una mano en el pecho—. Tú estás todo dramático, y yo solo digo la verdad: el rancho entero huele a luna de miel.

Hyunjin tosió para disimular la risa.

Caminamos hasta el patio central. Ahí estaba papá, sentado en su sillón de madera como rey sin corona, con el puro en mano. Su mirada cayó directo en mi cuello… y luego en el de Felix, que apenas levantaba la cabeza medio dormido. La marca brillaba fresca, rojiza, imposible de ocultar.

El silencio se hizo pesado.

—Así que lo hiciste —dijo al fin, con voz grave.

—Sí —respondí sin bajar la mirada.

Papá bufó, prendió el puro y soltó el humo al viento.

—Te va a traer más problemas de los que imaginas.

Felix, que seguía en mis brazos, reaccionó al tono. Se acomodó la cobija, me tomó la camisa con sus manitas y, sin pensarlo, levantó la cara.

—Pero vale la pena —dijo con su acento dulzón.

Todos se quedaron mudos. Papá lo miró un buen rato, y yo sentí que mi corazón latía como caballo desbocado. Después, el viejo soltó una carcajada seca, como trueno en verano.

—¡Carajo, este niño sí tiene lengua! —exclamó, y aunque lo dijo con burla, vi en sus ojos un dejo de respeto.

Los murmullos empezaron entre la gente.
—Ya lo marcó.
—El cachorro blanco ya tiene dueño.
—¿Viste el olor a leche? Es verdad que es un OG.

Chismes. Chismes que no tardarían en cruzar todo el estado.

Felix, en vez de esconderse, se bajó de mis brazos, se acomodó la cobija de tigre como capa y se plantó en medio del patio con una sonrisa.

—¿Alguien tiene pan? Tengo hambre.

El silencio estalló en risas. Incluso papá se cubrió la cara con la mano. Yo solo pude sacudir la cabeza y pensar: ¿cómo demonios me enamoré de alguien así?

JeongIn se acercó con paso confiado, guiñándole a Hyunjin como si compartieran un secreto.

—Te traje pan dulce, Fefi —dijo, usando el apodo que solo él le pone—. Y cafecito, porque seguro mi cocoy no te dio ni agua.

Hyunjin rodó los ojos, pero le pasó la taza a Felix con cuidado, como si fuera de cristal. Sus dedos se rozaron apenas… y JeongIn se quedó mirando como tonto, con esa sonrisita que intenta esconder.

Felix, ajeno, dio un sorbo y sonrió feliz.

—Mmm, deli. Gracias.

Yo observaba la escena y me hervía la sangre. No de celos, no. Sino de orgullo. Mi omega estaba ahí, vivo, fuerte, marcado. Y aunque los chismes corrieran, aunque los rusos vinieran con papeles y amenazas, no me importaba.

Nunca pensé en decir estas palabras, pero salieron solas:

—Él es mi omega. Y quien lo toque, me toca a mí.

Papá me miró fijo, y esta vez no hubo burla. Solo un asentimiento leve, como quien acepta una tormenta que no puede frenar.

El rancho entero lo escuchó. Y el mensaje quedó claro: Felix ya no era “el cachorro blanco ruso”. Era mi pareja. Mi vida. Mi todo.

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Hoy 31 de agosto es de mi agrado informarles que estoy en top 1 del Changlix, bye me siento re feliz, lxs tqm a todxs gente bella 😭🫶
(Fotito para recordarlo)

Hoy 31 de agosto es de mi agrado informarles que estoy en top 1 del Changlix, bye me siento re feliz, lxs tqm a todxs gente bella 😭🫶(Fotito para recordarlo)

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PIÉNSALO (Changbin x Felix)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora