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Estaba acostado en la cama, con Felix a su lado, haciéndole caricias en el cabello.

No podía parar de llorar, sentía su corazón hecho trizas, peor que cuando Taeyong lo maltrataba y pasó aquel episodio que no quería ni recordar. Pero era inútil.

Las imágenes de la pelea, la discusión, como lo golpeó  fuertemente en el estómago, y él empujándolo. Luego la sangre en el suelo, su cuerpo tirado alrededor de ese charco, sus manos embarradas en el liquido y su pánico haciendo acto de presencia.

Podía haberlo salvado, podía haber llamado a la policía. Pero no lo hizo. Se quedo allí, inmóvil, era la primera vez que se sintió que era libre.

Y sabia que eso estaba mal, así que sí, lo había matado.

Tuvo opciones para salvarlo y no eligió ninguna, se eligió a sí mismo, ¿como podría ser tan hipócrita con Minho? Trataba de entender porqué hizo todo. No podía por la presión de su padre, pero eso ¿realmente justificaba todo?

Los besos, las caricias, las noches, sobre todo las confesiones. Le contó algo que no todos sabían, algo que marcaba un antes y después en su vida, ¿por qué no fue capaz de decirlo en ese momento?

Seguía pensando que si le hubiera dicho estarían en otro lugar en este momento. Quizás distanciados, porque estaba seguro que no dejaría que sus sentimientos se mezclaran en una relación que se basaba en el sexo y libertad por minutos. Pero la forma en la que se enteró, no se lo deseaba a nadie.

Se sintió tan humillado que ni ningún golpe que Taeyong pudo darle en el pasado, se sintió tan fuerte como aquello.

Sin embargo, había algo que no podía ignorar y ya sabia que le resultaría totalmente difícil, era olvidarse de como se sentía con Minho. Podía sentir la misma libertad que él sentía, pero también pudo encontrar una persona a la cual a amar, bromear y que en el sexo, haya de todo, pero por sobre todas las cosas, respeto.

Encontró a alguien que lo respetaba, pero a la vez le mentía, ¿loco, no? Pero la manera en la que se sentía estando con él, no lo encontraba en ninguna otra persona, y realmente, tenia ganas de que su mamá lo conociera, quería presentarle a Minho y decirle: "él me ama de verdad". 

¿Por qué tenia que ser todo tan difícil? Quizás por eso decidió hundirse en el agua en aquella tina, ahogarse. 

Quería irse del mundo, no sentir mas nada, pero algo lo ataba y era su familia. No pensó esa vez en ellos, volvió ser ignorante. Como cuando ellos vieron las señales de Taeyong y le decían que era un mal hombre, nunca los escuchó.

Hundió la cabeza en el agua, pero la imagen de su madre en silla de ruedas, le hizo saber, que una vez mas, estaba haciendo las cosas mal, ¿cómo le dejaría a Seungmin todo el dolor arriba de sus hombros? ¿Cómo dejaría que un adolescente lidiara con todo eso?

Su madre lo salvó esa vez, pero ahora no era lo mismo, aprendió la lección. Tenia que salir por si mismo, de esa cama que llevaba horas, tenia que ir a trabajar, a ganarse el dinero para sustentar su vida.

Llegó a pensar en que si Minho realmente quería que dejara el club... era una buena idea, porque detestaba la mirada de aquellos viejos morbosos del lugar. Quería una vida en paz, pero de nuevo, encontró una piedra en el camino. Una roca bastante grande, que le costaba moverla para seguir.

¿Pero así es la vida, no? Las pruebas, si las superas, progresas y si no, caminas una y otra vez lo ya caminado. Y él no quería seguir en ese bucle.

Así que pensó durante mucho tiempo. Su mirada, sus palabras, sus acciones, ¿eso vale mucho mas que lo que hizo? 

La respuesta fue un rotundo sí, pero no estaba dispuesto a perdonarlo tan rápido.

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Terminó su jornada laboral, y estaba de mal humor, pero no por perder o posponer los juicios, sino porque no tuvo la oportunidad de llamar o buscar a Jisung. 

Su estado de ánimo empeoró desde ese sábado, y dejó que el trabajo lo consumiera, pero salió de su oficina con un solo objetivo: poder arreglar lo que rompió y lo que fácilmente pudo haber esquivado con tal de largar unas palabras al comienzo de todo, pero por idiota, no lo hizo.

Ahora había jodido todo, y lo peor, era que no sabia que hacer para remediar aquello.

Quizás tampoco era el lugar adecuado, pero sabia que estaba trabajando, así que solo iría a beber algo, porque realmente lo necesitaba y luego, si Jisung se lo permitía, lo llevaría a casa.

Aparcó el auto y se adentró en el club. Se sentó en uno de los asientos libres, saludando al camarero de siempre, quien enseguida entendió la mirada triste, por ende, dedujo que algo cargado le vendría bien: le dio un whisky.

—Antes de que preguntes —dijo cuando notó que miraba para todos los rincones sin encontrar lo que realmente buscaba—. Jisung está con un cliente —señaló hacia un espacio que tenia una cortina de seda blanca que se podía notar que estaba bailando—. ¿Quieres una habitación para cuando termine?

Minho tragó saliva y lo pensó.

—No, estoy bien así. Gracias.

El camarero asintió y prosiguió con su trabajo.

Luego de tres vasos, los cuales tomó con su debida calma, mientras sus pensamientos divagaban en dos extremos: en que el señor que estuviera de expectante, no lo tocara de manera indebida y en como solucionar la mierda que creó.

Largó un suspiro, vio como Jisung terminaba su show o lo que fuera, caminó desde ese espacio a la escalera, seguramente para ir al baño o recoger sus cosas e irse, algo que esperaba demasiado.

Sin embargo, un tipo viejo lo siguió escaleras arriba. O cometía otro error, o siguiendo las palabras del menor, le salvaría la vida de aquel pervertido.

Disimuladamente pero rápido, subió las escaleras y vio la puerta de una de las habitaciones ser cerrada con suma fuerza.

No pudo abrirla a la primera, y si no escuchaba mal, podía escuchar algunos gritos, totalmente diferenciados de los gemidos. Le pegó con el hombro las veces que fue necesario para abrirla, y lo que pudo ver, fue Jisung en el suelo, tratando de forcejear con el viejo, quien estaba encima.

Minho lo levantó del cuello y lo sacó a rastras de la habitación. Le golpeó el rostro reiteradas veces, hasta que sintió que ya era suficiente. Los guardias vinieron, le explico la situación y lo llevaron, a lo que suponía era fuera del lugar.

Lee entró a la habitación y lo vio de pie, entre lágrimas. Corrió a abrazarlo, pero no contaba con la reacción repentina, la cual fue a la defensiva: lo empujó. Cayó en el suelo y golpeó su cabeza contra la cama. 

El quejido del dolor lo llevó a reaccionar de otra manera. Corrió hasta él para ver si estaba bien, y lo abrazó.

—¡No, no, tú no, por favor! ¡Lo siento tanto, no quise hacerlo! —exclamó mientras lloraba descontroladamente, acurrucando a Lee en su pecho—. ¿Por qué hice eso?

—Estoy bien —anunció, tratando de tranquilizarlo.

Se alejó. Pudo sentir que el llanto era mas fuerte que la fuerza ejercida en el abrazo y pudo alejarse, para poder invertir los roles: Jisung era quien estaba sobre su pecho.

—Estoy bien, Ji. ¿Tú...? ¿Él...? —no podía formular la pregunta del asco que le daba pensar en que lo haya tocado sin su consentimiento,

—N-no... pero casi lo hace... yo-yo no podía defenderme... luego tú... —se alejó y lo miró a los ojos, a la vez que acunaba su rostro—. ¿Cómo me encontraste?

—Estaba bebiendo y luego simplemente vi que te seguía, recordé lo que has dicho, que solo bailas para ellos y... simplemente sabia que no se quedaría en un simple baile.

Jisung volvió a recostarse contra el cuerpo ajeno, dejando que la adrenalina se vaya de su organismo.

—No sé por qué te empujé, lo siento. Si te hubiese hecho mas daño... yo realmente no se que haría. Te amo demasiado como para perderte así.

El menor lo abrazó con fuerza, odiando la idea de que pudo haber cometido de nuevo lo mismo. Sin embargo, el beso que recibió en su cabeza y luego las caricias, lo ayudaron demasiado para poder calmarse.

━ 𝑆𝑜𝑚𝑒𝑡𝒉𝑖𝑛𝑔 𝑈𝑛𝒉𝑜𝑙𝑦 ✧ 𝑀𝑖𝑛𝑆𝑢𝑛𝑔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora