Camino por el pasillo sintiendo la mirada de Aiden en mi nuca, pero no me detengo. Sé que Adam se quedará ahí, aguantando el sermón o las amenazas de mi hermano, porque ahora sabe que tiene algo que perder: a mí.
Entro al salón y me siento al fondo, cerca de la ventana. Por un segundo, el fantasma de Alex cruza mi mente. Pienso en la paz que me ofrecía, en la vida sin sobresaltos que podría haber tenido. Pero mientras veo a través del cristal cómo Aiden y Adam gesticulan en el campo de fútbol, entiendo que la paz nunca fue para alguien como yo. Soy una Harper; nacimos en el caos y nos alimentamos de él.
Saco mi teléfono y veo un mensaje de Jordan: "Abigail dice que estás loca, yo digo que eres una terca. Henry no volverá a acercarse, nos encargamos de eso. Te vemos en casa. No llegues tarde o iré a buscarte con una escopeta".
Guardo el celular con una pequeña sonrisa. La sombra de Henry todavía me produce un escalofrío, y sé que las pesadillas no se irán mañana, ni las ganas de evadirme cuando todo pese demasiado. Pero por primera vez, no siento que esté huyendo sola.
La puerta del salón se abre y Adam entra, ignorando al profesor. Tiene el cabello revuelto y esa sonrisa arrogante que me dice que sobrevivió a Aiden. Se sienta a mi lado, estirando sus piernas largas bajo el pupitre y entrelaza su mano con la mía por debajo de la mesa.
—¿Qué te dijo mi hermano? —susurro sin mirarlo.
—Que si te hago llorar, no encontrarán mi cuerpo —responde él, apretando mi mano. Se acerca a mi oído, su aliento cálido quemándome la piel—. No planeo darle el gusto. Eres mía, Rig. Y esta vez, voy a ser el único vicio que necesites.
Apoyo mi cabeza en su hombro, cerrando los ojos. Sé que nuestra historia no es un cuento de hadas. Es volátil, es posesiva y, a veces, destructiva. Pero en este mundo de rumores, apuestas y traumas ocultos, es lo único que se siente real.
El profesor empieza a hablar, pero no escucho. Solo escucho el latido de Adam contra mi brazo y el eco de mi propia respiración. He dejado de elegir lo que es bueno para mí, para empezar a elegir lo que me hace sentir viva.
Al final, no se trataba de ser salvada. Se trataba de decidir quién me acompañaría al infierno. Y mientras aprieto la mano de Adam, sé que, al menos hoy, no caminaré sola.
Fin.
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Bueno, eso fue todo, después de tanto tiempo (consecuencia de mi hiatus intermitente) he vuelto, pero he vuelto renovada y con cosas que he aprendido
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Toxic Love
Teen FictionReagan Harper: una chica ruda, un poco alta, cabello castaño, ojos cafés, tez blanca. 20 años, es la menor de dos hermanos, uno de 21 Jordan y otro de 22 Aiden. Ella es una chica que no se deja de nadie, debido a que sus hermanos le enseñaron a defe...
