Caminábamos por los pasillos del aeropuerto, nadie parecía prestarnos atención y eso me encantaba; de los altavoces sonaba una canción que no conocía y mi mente le daba vueltas a todo lo que Jason había dicho. El día que me fui pensé que era lo mejor para los dos y desde ese momento me convencí de que lo odiaba. Pero no, solo lo he extrañado.
—Me toca hacer las preguntas —dijo después de haber entrado a un Starbucks y haber pedido dos cafés.
—Adelante —dije tomando un poco del café.
—¿Por qué me odias? —pregunto haciendo que me quemara la mano con el café. Empezó fuerte.
—Mierda —Jason me pasó una servilleta para limpiarme —. ¿Quién dice que te odio?
—La manera en la que hablas de mi en las entrevistas da a entender eso —menciono viendo como doblaba la servilleta usada y la ponía a un lado en la mesa.
—No te odio, lo que odio es que cambien el rumbo de las entrevistas a tu vida —mencione tomando el vaso entre mis manos —. En general no me molesta contestarles, solo que cuando te mencionan en alguna presentación o una firma se sigue sintiendo como si todo lo que hice no fue por mi, sino por ti y todo el escándalo de lo nuestro.
»Como si simplemente las personas me dieran una oportunidad por ser tu ex y no porque realmente le gusta lo que hago. Eso es lo que odio, porque, en realidad, nunca te he podido odiar.
—¿No? ¿Ni siquiera cuando me dijiste que no me querías volver a ver en tu vida?
—No, no te odie, solo me sentía dolida, porque, imagina que conoces a tu ídolo y vives toda una noche como de película pero de la nada se vuelve un infierno —le dije tomando del café antes de seguir —. Había reporteros en el metro, en la facultad, en mi casa, incluso en algún momento en mi trabajo. Me seguían a todos lados y yo solo quería olvidar ese día, sin contar que mis padres no confiaban en mí y la única persona de mi lado estaba en Los Ángeles.
—¿Puedo preguntar cómo conseguiste otro celular? —cuestionó divertido y al recordar eso yo también sonreí.
—Al principio pensé en gastar el dinero que me diste y comprar un bonito iPhone, pero luego me arrepentí, guarde ese dinero en mi cajón y me puse a vender cosas que ya no necesitaba, cuando eso ya no funcionó termine trabajando medio tiempo en un Starbucks —dije riendo ante el ironismo de dónde estábamos —. Al final junté todo lo que tenía y fui a comprar todo. Sabiendo que me regresarias el mío meses después, no hubiera hecho nada de eso.
Justo en ese momento sentía como me desangraba por lo que le mencioné que iría al baño, me levanté de la mesa y busqué un sanitario.
Mierda, mierda y más mierda. Sé que mancharse con sangre durante tu periodo es lo más normal del mundo pero, ¿Debía pasar justo hoy? ¿Cuando estoy en el lugar más incómodo para eso? Mi maleta está documentada y en este estúpido bolso solo hay un vibrador, un pastillero lleno de dulces, tres tampones, mi copia de Ciudad de hueso y una linda cámara. Pero se me olvidó guardar unas bragas de emergencia o unos leggings. Mierda.
Salgo del excusado y camino a los lavabos, pongo mi bolsa a un lado mientras me miró en el espejo. Ha sido una noche rara; luego de lavarme las manos me pongo la chamarra de Jason en la cintura para cubrir la mancha; tomo mi bolsa y salgo.
Jason está justo como la anterior vez, solo que en está le hace caras a un bebé que está sentado en su carriola mientras su padre revisa algo en su teléfono, resulta bastante tierno que no se haya dado cuenta de mi presencia. Recuerdo la cámara y la saco solo para tomarle una foto, de esa manera evito que mi mente se vaya al pasado.
—Y dices que no te gustan los bebés —digo caminando hacia él con voz burlona.
—Yo nunca dije eso, dije que no quería bebés propios, son dos conceptos diferentes —respondió despidiéndose del bebé y levantándose del piso. —Deberías de ver cómo actúo con el bebé de Sasha y Jonathan, esa niña es la más mimada.
—Lo sé, Jonathan me manda videos cada que estás con ellos —replique una vez retomamos el paso.
—¿Jonathan te manda videos?
—Sip, desde el día que conociste a la pequeña, ambos me mandan fotos —conteste sonriente.
—La próxima vez que los vea les voy a reclamar —dijo riendo.
—Solo espero que no te digan cuando yo voy.
—¿Vas a verlos? Nunca me dijeron —mencionó desconcertado.
—Claro, llegó a quedarme hasta un mes con ellos, esa niña me ama —sonreí triunfante.
—Claro que no, yo soy su favorito.
—En tus sueños solamente querido —ambos reímos.
—¿Todo bien adentro? Noto que llevas una chamarra de piel de casi diez mil dólares atada a tu cintura —pregunto preocupado.
—Si, solo ya sabes, accidentes con la sangre que se drena cada mes, no es nada.
—¿Por qué no me dijiste? Pude ir a buscar ropa en algún lado —olvidaba que era demasiado atento ante esas cosas.
—Jason, además del McDonalds y los baños, no hay nada abierto ya, casi son las dos de la mañana, estaré bien.
—Si tu lo dices, está bien.
...
i'm back
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Los caballos de mar
Teen FictionCuando te conocí yo tenía dieciocho y tú tenías veinticinco. Yo era la amiga de alguien y tú el futuro de Hollywood. Tu eras uno de mis más grandes ídolos y yo solo una fan más tuya. Cuando te conocí, estaba perdida en medio de la oscuridad y tú me...
