Capitulo 11

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Y entonces me desperté.

Al principio me costó trabajo recordar dónde estaba; había tenido un largo sueño que se fue fragmentando en sueños más pequeños; puertas que me llevaban al pasado y pasadizos que me regresaban al tal vez, por lo que cuando desperté en esa habitación que conocía de memoría, no sabía sí era real o seguía siendo un sueño.

Me levanté de la cama y mire alrededor; de la ventana se asomaban leves rayos de sol, la puerta del armario estaba semiabierta; tenía ropa interior limpia, pero usaba sus pantalones de pijama, una de sus playeras también; del buró me miraba un oso de peluche que conocía bien, me pare para dirigirme al baño, hice la misma rutina que él día anterior y al salir del baño tome el oso para bajar.

De la cocina salía música; era un extraño sueño donde al llegar a esta, Jason estaba en la barra de la cocina, con una taza de café y mirando su ipad; usaba sus lentes, pijama y era todo lo que miraba. Me miró y volví a morirme con su sonrisa.

—Buenos días, hice café y mandé a traer desayunos del IHop —lo miré extrañada y divertida, él se miraba extrañamente incómodo. —En realidad no hice el café, también lo pedí y lo dejé en la cafetera, y te marco tu agente; dijo que tu vuelo sale por la tarde, aún nos quedan un par de horas.

Y entonces el sueño se esfumó.

—Gracias.

Me senté frente a él en la isla, me paso un plato con un burrito y panqueques; el café estaba bien, pero ya no pertenecía a esta fantasía; deje el peluche a lado de mi en la isla, desayunábamos en silencio. Hubo días así en el pasado, donde Rose no iba y no queríamos cocinar, él pedía comida, desayunabamos y luego nos quedabamos todo el día en el departamento.

—Entonces, ¿vas a regresar a Italia? —su pregunta me descolocó.

—No, ese era el plan; en realidad voy a México, una amiga va a presentar su libro y me invitó, por la gira no iba a poder, pero ya cancele todo por acá, así que aún llego —jugaba con la taza para tener algo que hacer.

—¿La del departamento? —pregunto divertido.

—Sí —le había regalado mi camioneta el día que me fui, le mandé mi libro cuando fue publicado y ahora ella me invitaba al suyo; le puse mermelada de moras a mis hotcakes y los partí. —Nunca perdí el contacto y hace mucho no voy a mi país.

—¿No? —pregunto tomando su taza.

—No, bueno, no he tenido que renovar nada, lo hace la editorial así que, no ha habido necesidad.

—¿Tus padres?

—Me corrieron por salir con alguien mayor y nunca los volví a ver —un par de años después y mucha terapia podía entender algunas, no todas, las acciones de mis padres era una de tantas. —Trate de contactarlos hace un año, pero no hubo respuestas así que ya no lo volví a intentar.

—Perdón.

—Lo voy a aceptar porque sí fue tu culpa —ambos reímos ante eso. —¿También te vas a Londres?

—Sí, ya me confirmaron mi vuelo, debo ir a terminar la película y acabo de firmar los papeles de divorcio —dijo mirando fijamente su plato.

—¿Qué va a pasar con el bebé?

—Deje un fideicomiso a su nombre, conozco a su verdadero papá y sé que no se va a hacer cargo; no es mi responsabilidad, pero ya sabes —a veces la culpa por hacer las cosas diferentes calaba en lo más profundo. —También tengo los papeles de la transferencia de derechos.

Saco un folder de piel de uno de los cajones de la isleta, lo dejó frente a mi y dejando a un lado los platos vacíos lo agarre y abrí; venía una sucesión de derechos sobre dos propiedades y una unidad móvil, no ponía motivo, tan solo que me los dejaba en pago a mi persona.

—Solo debes firmar —había una pluma al lado.

—¿Los guardabas aquí?

—Sí, fue una manera de mantenerlos a salvo, ella siempre pensó que ya los había vendido.

Seguí leyendo, mientras él recogía todo; firme una vez que termine de comprender, nada era un sueño, realmente estaba aquí con él y el departamento ya era mío. Volví a subir a cambiarme, encontré ropa que me quedó y mi pantalón de la noche anterior ya estaba limpio, por lo que lo doble y guarde en mi mochila.

Recorrí la planta alta lentamente, el peluche se iba conmigo y algunas cosas más que al parecer yo no pedí y él no tiró; maquillaje, tenis, libros. Lo poco que cabía aún en mi mochila.

Entonces termine en esa habitación, respire profundamente y entré; todo seguía ahí, el amarillo de las paredes, las cajas de cosas, los diseños a medio terminar. Una vida que ya no era la mía, pero que se quedaría en mi para siempre.

Lo encontré en la sala hablando con alguien en francés, me sonrió cuando me vio; no dijimos nada, todo lo dicho ya estaba entre nosotros. Tome los papeles de propiedad antes de irnos; el viaje al aeropuerto fue en silencio, tomé un último acto egoísta y tomé su mano, nunca me soltó, ni al llegar, ni en el área de seguridad, caminábamos por los pasillos del aeropuerto de la mano, sin preocuparnos de estarnos escondiendo, solo existiamos.

Pronto mi vuelo fue anunciado.

—Creo que ya es todo —dijo cuando llegamos a mi puerta.

—Me dio gusto verte —conteste honestamente.

—A mi también —su mano seguía tomando la mía y parecía que ninguno se quería ir. —Suerte en la gira.

—Suerte en la película y con lo del divorcio.

Por un momento ninguno supo qué más decir, tan solo veíamos como subía la gente al avión.

—Escucha —dijo. —El próximo verano estaré en la Toscana grabando algo nuevo, creo que para ese momento todo el drama ya habrá pasado y tú gira también.

—¿Qué propones?

—Tendré unos días libres y voy a ir a Francia, ¿Quisieras ir conmigo?

—¿A la hacienda familiar? —pregunte divertida.

—Sí —la voz de la sobrecargo anunciando una última llamada para el vuelo nos inundó.

—Tal vez, debo irme.

Me despedí dejando un beso en su mejilla, camine a la entrada antes de arrepentirme. No giré hacia atrás, tan solo seguí derecho hasta el avión y a mi asiento; en la fila de tres el asiento de en medio iba vacío y el mío era el de la ventana; unos segundos después un chico se sentó en el asiento del pasillo.

No me daba miedo volar, solo eran los nervios normales, note la pista desde la ventana, hasta que escuche como el chico discutía por algo con la sobrecargo.

—Ella dice que debes quitarte los audífonos para despegar —traduje fácilmente, él me miró con gratitud y la sobrecargo se fue.

—Gracias, mi inglés se fue de sabático —dijo nervioso.

—No te preocupes, suele pasar.

—¿También te da miedo volar?

—No, en realidad estoy más ansiosa por otras cosas, pero tú si te ves nervioso.

—Viajo a casa después de algunos años y temo encontrarme a alguien —dijo jugando con el cable de sus audífonos.

—¿Un viejo amor? —pregunte divertida.

—Algo así, sí —respondió de la misma manera.

—¿Quieres contarme? Soy toda oído.

—Es una historia larga.

—Tenemos cinco horas.

—Entonces acomodate. (Inserte un error perfecto)

Entonces el avión se preparó para despegar, poniendo de nuevo espacio suficiente para procesar todo lo que pasó en una noche.


...

Diría fin, pero nos falta un ultimo capitulo (Lean un error perfecto pa que entiendan)

Los caballos de marHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora