Mi cumpleaños llegó pronto y esta vez solo quería estar en alguna parte tranquila y sin problemas; Jason sugirió una cabaña solos los dos y claro que acepte. De alguna manera mi corto embarazo y aborto habían llegado a los medios; nadie tenía la versión verdadera por lo que se indagaba de todo sobre el tema, pero el principal era que yo me lo había provocado.

Suficiente tenía que seguir viviendo con la culpa por no sentir que algo estaba mal en mi cuerpo, como para seguir leyendo y viendo todo lo que estaba pasando respecto a mi en redes. La publicación del libro seguía en pie y los de la editorial fueron muy comprensivos al momento en que todo pasó; para cuando los comentarios se hicieron insoportables, ellos mismos ofrecieron un community manager para que que se encargara de mis redes, cosa que acepté y agradecí.

Las cosas con Jason no iban muy bien, a veces peleábamos más de lo que hablábamos y cuando por fin podíamos llegar a un acuerdo, algo nuevo atormentaba la relación y el ciclo de peleas regresaba; por eso queríamos salir de la ciudad, respirar y hablar calmadamente. El camino fue tranquilo ya que no hablamos mucho en la carretera, me había acordado de la vez que terminamos en Miami Beach o cuando me secuestro y acabé en su cuarto de hotel.

Sí ponía en perspectiva toda mi vida, los últimos dos años habían estado llenos de cosas; había vivido lo que una persona normal viviría en el lapso de diez a treinta años; sólo faltaba casarme, pero no quería pensar en eso.

Según las imágenes de internet, la cabaña era linda, todo de madera con dos pisos, donde la parte de arriba era solamente el cuarto para dormir, con una cama demasiado grande; en la planta baja se encontraba la cocina, sala y un pequeño comedor; tenía una salida a un pequeño patio hecho con piso de madera y un jacuzzi con mesita y sillas; todo alrededor era de mucho pasto y el inmenso bosque. Jason estaciono la camioneta y baje cuando quito el seguro de la puerta; mientras yo me dirigía al interior con una pequeña mochila y el peluche vestido de slytherin, él bajaba nuestras cosas para meterlas.

La cabaña era tal cual lo eran en las fotografías; deje las cosas en el sillón y desde la puerta corrediza abrí para ver el jacuzzi, en algunos viajes nos habíamos pasado una gran cantidad de tiempo en esos lugares.

De eso ya parecían años.

—¿Tienes hambre? Podemos ver que hay aquí para comer o regresar al pueblo para cenar algo —dijo mientras caminaba a la cocina abriendo el refrigerador, era una simple pregunta y sin embargo después de tantas cosas parecía sumamente extraña; cuando sentí su mirada sobre mi, tuve que improvisar una respuesta.

—Ví un restaurante de waffles en el pueblo, no sé, tal vez sea mejor idea que todavía hacer un desastre en la cocina —respondí aunque el hambre se hubiera convertido en humo desde hacía semanas.

—Perfecto, vamos —paso por el sillón para tomar mis cosas, me tensé al verlo con el peluche pero él ya caminaba hasta la puerta donde se paró —. ¿Vamos? dudo que quieras dejarlo.

—No, vamos.

El restaurante de waffles resultó ser mejor de lo que esperaba; nos habían llevado dos torres de cinco con los ingredientes más dulces del mundo; también pedimos malteadas y estuvimos mucho rato en el lugar, solo hacíamos chistes y hablábamos de cosas sin importancia, era como regresar a esas primera noches; antes de todo. Al volver me quedé en el sillón con el peluche aún en mis manos, él se encargó de subir las maletas a la habitación, era el mayor tiempo que llevábamos sin pelear en mucho tiempo.

—¿Quieres helado? —preguntó yendo a la cocina.

—Sí.

—¿Enredados?

—Sí —respondí sonriendo.

—Pues vamos arriba —dijo ofreciéndome la mano, mientras con la otra llevaba el bote de helado de fresa y las cucharas; la tomé dejando el peluche en el sillón y siguiéndolo a la cama.

Los caballos de marHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora