La nostalgia me pegó en cuanto las puertas del elevador se abrieron, todo estaba a oscuras, caminé de frente mientras Jason buscaba los interruptores. Cuando la luz apareció, lo primero que vi fue la pared con nuestras fotos; inicialmente había sido un espacio que hice para sus trofeos, luego él comenzó a llenarlo con más cosas y finalmente quedó como un altar a nuestra relación.
Parecía como si los años en ausencia no hubieran pasado, ni siquiera parecía estar sucio el departamento, solo suspendido en el tiempo. Seguí caminando hasta la puerta que daba al balcón, había dejado de ver que era lo que Jason hacía, simplemente seguía mirando todo como si fuera la primera vez; al llegar a las puertas de cristal, un solo movimiento me permitió salir al balcón, caminando por un limpio piso llegué al barandal desde donde veía parte de la ciudad.
La ciudad de Nueva York siempre había sido imponente y de alguna manera se veía tan pequeña en ese momento.
—Extrañaba esto.
—¿Contaminación luminosa, auditiva y smog?
—La vista, el ruido, el sentido de una ciudad viva.
—Pero tienes playa en Los Ángeles.
—Nunca voy, a ella no le gusta la arena.
—¿Por qué te casaste con ella? —la pregunta había salido de mi cerebro sin antes procesar, pero tampoco me arrepentía; llevaba todo el día dando a entender que nunca pensó en casarse y ni qué decir del futuro bebé.
—No lo sé; todo sucedió muy rápido, un día éramos compañeros de rodaje y al otro nos estábamos casando; mientras aceptaba todo lo que ella decía.
—¿Y el bebé?
—Aún menos sé que pasó, se suponía que siempre estuvimos en el mismo lado de no tener hijos.
—¿No sé enojo por el hecho de que me dejaras un departamento?
—No lo sabe —dijo antes de soltar una risa burlona.
—¿No?
—No, la primera vez que venimos nos quedamos en un hotel, nunca la traje aquí y por más que insistió en serio preferí pagar un departamento nuevo que usamos tres veces.
—Que asco.
—No me refiero a eso, pero después nos fuimos a Los Ángeles.
—Yo también extraño esto.
Había vivido un par de años en Roma, pase un verano en la Toscana y visité múltiples ciudades Europeas; pero nada se comparaba a la Ciudad de México, solo Nueva York y por eso amaba tanto la ciudad.
—No es mío —dijo de la nada; regresé de golpe a mi realidad para mirarlo sin entender; su vista se había quedado estática al frente.
—¿Qué?
—El bebé no es mío, por eso no voy a Los Ángeles; nos estamos divorciando así que quería poner espacio entre lo que pasaba, ella me había estado engañando quien sabe por cuánto tiempo y ya no quería saber nada; así que solo iba a ir a ese evento a despejar mi mente y volvería a Londres a terminar la película.
»Pero entonces salió la entrevista donde revela su maternidad y mi celular murió con las notificaciones, solo hubo una ocasión donde pude imaginarme cambiando pañales y buscando escuelas, no volvió a pasar.
El fantasma del pasado cayó sobre ambos, fue el momento más traumático de mi vida y el inicio del fin de nuestra relación.
—¿Crees que hubiera funcionado? —pregunte sin mirarlo. —Todo el tema del bebé y tu carrera y la mía.
—Sé que hubiéramos hecho que funcionara, de alguna manera; tu terminarías tu carrera y yo estaría haciendo biberones mientras te esperábamos; luego compraríamos una casa en la playa donde tú pudieras encerrarte para escribir y yo lo hubiera cuidado para dejarte tu espacio; sí tuviera llamado las llevaría conmigo y le enseñaríamos muchos sitios; tal vez cuando creciera regresaríamos a Nueva York o por fin aceptaría la oferta de quedarme en París, una casita en un pueblito donde pudiera crecer y tal vez algún tiempo después llegaría otro en medio de giras para ambos.
Sonaba tan fantasioso, pero me había quedado viendo esa otra vida; me deje disfrutarla y anhelarla. Quedarme ahí de una manera u otra, pero ya tenía una vida, una donde Jason ya no pertenecía; había ido a terapia, lloré a ese bebé que nunca nació, pero que aún con miedo lo había esperado y pensé que realmente podía tener todo eso.
—Pero no era el momento —dije con la voz rota. —Tal vez ni siquiera en está vida.
—¿Crees que fue un error? ¿Conocernos?
—Te juro que quiero decir que sí —eso lo hizo reír, me quite algunas lágrimas que habían resbalado por mi mejilla. —Pero no, fuiste una parte bonita de mi vida.
—¿A pesar de todo?
—A pesar de todo.
La madrugada seguía pasando sobre nosotros; la ciudad seguía siendo ruidosa a pesar de la hora; había un viento frío que nos golpeaba, pero me sentía en paz, tranquila y extrañamente feliz. No quería moverme de ese lugar y no sé cuanto tiempo pase dentro de mi cabeza cuando Jason me había dejado una cobija sobre mis hombros.
—Hay agua caliente en el baño de arriba y no sé sí aún te queda tu ropa, pero te puedes cambiar.
Le sonreí antes de entrar, él tomó mi lugar y sabía que necesitaba ese espacio en silencio; habían pasado muchas cosas en veinticuatro horas y yo necesitaba un par de pantalones nuevos.
...
Yo llore a partir de aquí hasta el final.
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Los caballos de mar
Novela JuvenilCuando te conocí yo tenía dieciocho y tú tenías veinticinco. Yo era la amiga de alguien y tú el futuro de Hollywood. Tu eras uno de mis más grandes ídolos y yo solo una fan más tuya. Cuando te conocí, estaba perdida en medio de la oscuridad y tú me...
