VIII

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—Jason rápido, quiero fotos.

—Ya subimos otras 6 veces, ¿Por qué quieres más fotos? —dijo quedándose a medias de la subida con la respiración agitada.

—Porque prometiste que nos subiriamos las veces que yo quisiera —dije haciendo un puchero mientras regresaba hasta donde estaba él.

—Sí pero es que nunca pensé que si quisieras subir todos los días a la torre —se terminó sentando en las escaleras, a esa hora no había gente así que no había problemas.

—Es que es un sueño estar aquí —dije sentándome a su lado —. Nunca creí pasar mi cumpleaños en este lugar y mucho menos contigo.

—Te mereces esto y más —dice tomando mi mano —. Dame dos y te alcanzaré.

—¿Seguro?

—Sí, corre.

Le dejé un beso en la mejilla para después subir corriendo lo que faltaba para el mirador. La ciudad de las luces ante mí, faltaba una hora para el cierre de la torre pero había querido estar ahí esa noche, al día siguiente era mi cumpleaños, 20 años en un par de horas y estar en ese lugar me parecía irreal. Solo quedaban dos días más del viaje para después emprender camino para la Villa de su familia al sur del país y eso me ponía demasiado nerviosa.

—Me alegra que te guste —dijo Jason detrás de mí.

—Gracias por todo esto —le dije girando para tenerlo de frente.

—No hay de que, solo, quería darte algo lindo después de tantos meses de caos; solo tu y yo —me acerqué para abrazarlo, pase mis brazos por su torso y él me envolvió con los suyos. Podía respirar y era lo único que me importaba. —Te traje un regalo.

Me separé para verlo, él metió la mano en el bolsillo de su pantalón y saco una cajita que me dio, al abrirla descubrí un dije de pooh, era simple y sencillo.

—Lo vi en un escaparate y no sabía que más regalarte para tu cumpleaños.

—Jason, me trajiste a París, no esperaba más cosas, es precioso —dije antes de besarlo, definitivamente me había acostumbrado a todo eso.

El pequeño viaje había ido bien, nos subimos una cantidad inhumana de veces a la torre Eiffel, habíamos ido a todos los museos y me tocó presenciar una de las pasarelas de la semana de la moda en París. Todo había sido un sueño, cumplí el cliché de café, croissant y Torre Eiffel en una cafetería. Para mi cumpleaños Jason me llevó al puente de los enamorados y cumpliendo más clichés colocamos un candado; además de eso me la viví dos días completos en Disney París; todo un sueño estar pasando por esto.

Había veces donde las palabras de Hana volvían a mi cabeza y todo este viaje había sido una de esas veces; procuraba no sobrepensarlas porque terminaba en el mismo lugar ¿cuando se va a terminar todo esto? ¿podré sobrellevarlo? ¿Quién lo va a arruinar?

Pero sin duda no cambiaría nada hasta este momento. Para finalizar nuestro paso por París, Jason me había llevado a cenar y de esa manera al día siguiente ya estábamos en un tren rumbo al sur.

La familia de su madre llevaba generaciones viviendo en Francia y la Villa familiar quedaba un par de horas de España, por lo que habíamos hecho planes para conocer las tierras hispanas una vez llegáramos. Seguía nerviosa, aunque ya me había confirmado que solo estarían sus abuelos, tal vez su madre y en una baja probabilidad sus hermanas. Pero aún así conocería parte de su vida.

...

—Aquí está después de caerse en el lodo —decía la abuelita mostrandome fotos de un Jason bebé lleno de barro, se veía feliz usando un traje de marinerito —. Mi hija tardó dos horas poniendo ese traje porque al niño nunca le gustaron y a la primera oportunidad que tuvo salió corriendo detrás de un conejo blanco que había en el campo, su hermana se había obsesionado con la película de Alicia y Jason creyó que lo llevaría a otro mundo, pero solo consiguió llenarse de barro.

Los caballos de marHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora