Capitulo 9

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Me acosté en las bancas de espera, Jason estaba sentado en el piso y yo miraba el techo.

—Oficialmente estoy aburrida, así que acepto cualquier cosa que quieras hacer.

—Podríamos irnos y regresar mañana.

—¿Irnos a dónde?

—Tenemos un departamento no muy lejos de aquí.

—¿Tenemos?

—Bueno, tienes, pero puedes invitarme —ahí fue cuando lo volví a ver.

—¿De qué hablas? Yo no tengo un departamento, tú tienes dos.

—El departamento, antes de casarme lo puse a tu nombre, solo por si acaso.

—¿Por si acaso? —me senté para verlo.

—Antes de casarme, si algo pasaba no quería que ese lugar acabará en otras manos, ya te dije, tu creaste ese espacio, no te lo iba a quitar.

—¿Planeabas decírmelo o simplemente un día un abogado me contactara y me diría que Jason Lawrence me dejó un departamento en Nueva York?

—Y la cabaña de Virginia con el Jeep.

—Claro, cosas de ricos, repartir su fortuna. ¿A cuántas más les dejaste algo? —cuestione divertida.

—¿Cuántas veces debo repetir que eres de la única de la que me enamoré?

—Te enamoraste de una niña, ¿Cómo se ve eso en tu currículum? —pregunte riendo.

—Muy mal, me tacharon de pedófilo, pederasta, imbecil, idiota y todos los sinónimos de esas palabras —contesto de igual manera —. Pero eso me pasa por gustarme una niña caprichosa y malcriada.

—¿Yo malcriada? tú me llevaste a la torre todas las veces que yo quise.

—Debo haberme ganado el cielo con eso.

—Como sea, regresando al tema, ¿Me estás diciendo que ahora tengo un departamento, una cabaña y un lindo Jeep?

—Aún no, será tuyo cuando firmes, me divorcie o me muera —contesto a lo que sonreí. —Y no, no puedes matarme para tener tu departamento.

—En realidad planeaba divorciarte de tu esposa —repliqué sonriendo.

—¿Y cómo harás eso?

—Fácil, me meto a la carrera de derecho, solo espérame seis años.

—¿Y está si la vas a acabar o te volverás a dar un año sabático? —preguntó mirándome divertido.

—Si acabe la carrera, bueno no, no la acabe pero no lo necesite —conteste poniendo los ojos en blanco —. Bueno, igual puedo sacar fotografías que se malentiendan, las vendo a una revista y voilà tendré un departamento, una cabaña y una bonita Jeep.

—¿Cómo planeas hacer eso?

—Le pagó a alguien —encojo mis hombros como si fuera lo más obvio del mundo y él se suelta a reír.

—¿Y dices que los ricos gastamos en cosas raras?

—Si gastas en cosas raras, tenías una salpicadura de pintura de casi cien mil dólares en tu sala.

—Fue para una fundación —replicó acusándome con el dedo —. Además es arte abstracto, no lo entenderías.

—Puedo no entender muchas cosas, ¿pero una línea salpicada por pintura?

—Habla de la trascendencia de la vida llena de vida a la soledad y como está nos consume hasta quedar en una sola gota de pintura.

—Y yo soy dramática.

—Lo dijiste tú.

—Espera, ¿por qué tienes la cabaña?

—La compré meses después de que te fueras, fue un día que estaba muy borracho y por la mañana tenía a mi contador y mi representante —cuando terminó de hablar yo ya estaba riendo —. Adelante, dilo.

—Gracias —eso lo extraño —. Por las cosas.

—Pensé que dirías que los ricos gastamos en cosas raras.

—Pues si lo hacen, entonces, ¿quieres ir a mi departamento?

—¿Me invitas a tu departamento sin antes invitarme un café? —cuestionó divertido.

—¿Prefieres que te secuestre?

—Ya superalo.

Los caballos de marHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora