Epílogo

1 0 0
                                        

Algunos años después.

—Esto era todo lo que necesitábamos, arena, mar, un mojito.

—O cinco.

—¿Quién los cuenta?

—El mesero.

—Es barra libre.

—Sam dile algo.

—No puedo, llevo las mismas o más que ella —dije viéndolas divertidas, Lucía estaba feliz con su mojito sentada en la arena, Joana la miraba divertida y con amor en los ojos.

—¿Podemos comprar una casa en la playa? —Lucia ya se había acostado en las piernas de Joana, dejando su vaso en la arena.

—Pero odias la sensación de la arena en tu cuerpo —dijo Joana divertida pasando sus dedos por el cabello de Lucia.

—Pero a ti te gusta y te ves bonita cuando sonríes.

—Consigan un cuarto —dije riendo, Lucía me aventó arena con la mano mientras que Joana se sonrojaba.

—¿Por qué no haces tu boda aquí? Es una linda vista.

—Mejor otra playa, así conocemos otro lugar —agregó Lucía.

—Que lindas amigas tengo, pero no me casaría en la playa —tome de mi trago.

—Pero ya admitió que sí hay boda.

—No hay boda.

—Sí claro.

—La única boda por ahora es la de su hermana.

—Y fue genial, boda en el mar mediterráneo, barra libre de alcohol.

—Gracias por venir conmigo.

—No te dejaríamos sola.

—Menos si el viaje es gratis —la voz de Lucia ya sonaba adormilada

—Bien, ya bebiste mucho, te voy a llevar a la habitación —Joana movió la cabeza de Lucia para levantarse y después ayudarla.

Lucia se recargaba en ella y así se fueron de regreso a su habitación. Luego de la carrera se fueron a vivir juntas y desde entonces son pareja. Me quedé mirando el mar, las había invitado al viaje porque se merecían un descanso de sus vidas y no quería estar completamente sola.

La invitación llegó a mi departamento en Roma un año después; su hermana me invitaba a su boda y como dama, en un pequeño pueblo turco a la orilla del mediterráneo; su esposo era de ahí y ella se había enamorado del lugar. El hotel era precioso y toda la celebración lo fue aún más.

Él estuvo ahí, pasamos un fin de semana en la Toscana y sí regresé a la hacienda unos días; luego regresamos a nuestras vidas. Pero ahora estábamos ahí, ninguno tenía responsabilidades y ya habíamos pasado todo el fin juntos por la boda.

Entonces lo sentí, como siempre pasaba, su presencia, su aroma, su ser; se había sentado a mi lado.

—Joana dijo que estabas aquí.

—Quería un descanso de la fiesta.

El mar lucía tranquilo, él ya no tenía su saco ni la corbata, tenía mis tacones sobre la arena y el tocado ya se había desecho desde horas atrás.

—Fue divertido, nunca pensé ver a tu primo bailar con su esposo arriba de una mesa —comenté divertida.

—Son algo exhibicionistas —concordó emocionado.

—Gracias por invitarme.

—Mi familia te ama, sería estupido no haberlo hecho —lo mire, la poca iluminación apenas me dejaba ver su cara, pero sonreía.

—¿Y ahora a donde iras?

—No lo sé, no tengo proyectos en puerta y en realidad quiero descansar; comprar una casa en algún lugar alejado y dormir como un oso.

—¿Ya pensaste en donde?

—No, pero tal vez en algún lugar de Europa, ya sabes, recorrer el continente; escuche que hay lugares bonitos en Italia.

—Las hay, sobre todo al norte.

—¿Y conoces algún lugar?

—Sí.

Nuestras miradas se encontraron a través de la noche, sonreía y supe que ya no tenía remedio; nos quedamos mirando al mar por un largo tiempo, mientras nuestras manos encontraban su propio camino en la arena por la otra.


...


Ahora sí, adios, gracias por leer, besos, siganme en instagram (hela.ghost)  nos vemos en la siguiente historia.

Los caballos de marHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora