La toma había salido perfecta.
Lucero, aún con el vestuario sesentero de Nora (su personaje), sonrió cuando escuchó al director gritar un satisfecho “Corte, quedó preciosa”. A su lado, Benny
seguía en personaje por unos segundos más, mirándola como Héctor miraría a su esposa después de cruzar décadas para volver a verla.
Ese tipo de escenas tan emocionales, tan llenas de verdad a veces dejaban un eco. Lucero lo sentía, un leve cosquilleo en los dedos cada vez que tenía que rozarle la cara o abrazarlo. Un nudo raro en el estómago cuando, después de una toma intensa,
él le sonreía como si la conociera de toda la vida.
B: Vamos por un café mientras arman la siguiente? (sugirió Benny, con esa voz serena que no terminaba de sonar ni como él ni como Héctor)
L: Sí, por favor (respondió ella, sacudiéndose suavemente los hombros como si así pudiera quitarse el personaje de encima. Pero no era solo eso)
Mientras caminaban por el set, charlaron de cosas simples. Un programa que los había hecho reír. Un chisme del equipo de arte. Una broma sobre las ropas vintage que llevaban. Lucero reía, Benny también. Pero el aire entre ellos tenía algo más…
algo apenas perceptible. Una electricidad discreta.
Al girar por uno de los pasillos angostos del estudio, coincidieron en el mismo instante y en la misma dirección. No hubo tiempo de esquivarse.
El choque fue leve, torpe, pero lo suficiente como para quedar pegados. Cuerpo con cuerpo. Mirada con mirada. El silencio que siguió fue espeso, tibio, cargado de algo que ni Nora ni Héctor habrían podido nombrar. Mucho menos Lucero y Benny.
Él fue el primero en moverse. Apenas un paso atrás.
B: Perdón, no vi… (murmuró)
L: No pasa nada (contestó ella, bajando la vista)
Pero sí pasaba, había pasado algo. Una vibración sorda en el pecho. Un impulso invisible que ambos ignoraron por reflejo, porque no debían, porque él tenía su vida, porque ella, de alguna forma, estaba volviendo a empezar con Manuel. Porque esa sensación, si la miraban de frente, iba a desordenarles todo. Se sirvieron café en silencio.
El director los llamó minutos después para continuar.
Volvieron a ser Nora y Héctor, pero con una
diferencia: ahora sabían que había algo fuera del guion.
El último “Corte” del día sonó como un suspiro colectivo. El equipo aplaudió brevemente, el director agradeció y las luces comenzaron a apagarse lentamente. Lucero caminó hacia su camerino con una botella de agua en la mano, el cuerpo cansado, pero la mente aún revuelta. Las escenas habían salido bien. La química con Benny era innegable. Demasiado nítida, quizás.
Se sentó frente al espejo, se quitó los aros de época y respiró hondo. Cerró los ojos, solo unos segundos.
Unos suaves golpes en la puerta la hicieron abrirlos.
L: Sí? (dijo, sin esperar a nadie)
La puerta se abrió apenas. Benny asomó la cabeza.
B: Puedo pasar un minuto? Solo… hablar. (Su tono era tranquilo, pero había algo en su mirada que pedía permiso más allá de lo literal)
Lucero asintió.
L: Claro, benny
Él entró y cerró la puerta detrás. Se quedó de pie, unos pasos dentro, sin acercarse demasiado.
B: Estás bien? (preguntó él, con las manos en los bolsillos)
L: Sí. Solo un poco cansada. Fue un día intenso (Sonrió leve, queriendo restarle importancia)
Él la miró por unos segundos más, como si buscara algo en sus ojos.
B: Luce, yo… (empezó, y luego se detuvo. Se acercó un poco más, sin llegar a tocarla)
Hay algo que necesito decirte antes de que esto se haga más difícil. Ella lo observó, sin interrumpir.
B: Me está costando separar el personaje (dijo) Contigo. Con nosotros. Lo que pasa entre Héctor y Nora es tan real, que a veces me olvido que es ficción.
Lucero bajó la vista por un momento.
L: No eres el único
Benny suspiró, se sentó en el sillón frente a ella.
B: Pero no debería pasar. No puedo dejar que pase. Amo a mi mujer, Lu. Ella es mi hogar, mi familia, y esto… lo que sea que está empezando a sentirse, no está bien. No es justo para ella.
Lucero asintió lentamente.
L: Lo entiendo. Yo también, estoy en otra etapa con Manuel, después de tanto, volvimos a conectar. No sé qué somos, pero hay algo. Y tampoco quiero confundir eso. Silencio.
Sus miradas se encontraron otra vez. Más larga, más cargada.
L: Pero aún así, cuando te abrazo en una escena (susurró ella), hay algo que no debería estar ahí y está..Él tragó saliva, dijo
B: Hoy en el pasillo, sentí que el mundo se detuvo. Fue un segundo. Pero lo sentí. (Su voz era casi un hilo)
Lucero se paró lentamente, caminó hacia él.
L: No tenemos que hacer nada con esto (dijo) Solo reconocer que está, que existe.
