La habitación del hotel permanecía en silencio, apenas rota por el murmullo lejano de la lluvia golpeando los ventanales de Londres.
Lucero revisaba por quinta vez el itinerario de su hija.
L: No puedo creer lo rápido que pasó todo (sonrió con una nostalgia dulce) Te acuerdas cuando apenas llegaba al piano? Tenía que subirse a un banquito.
Manuel la observaba desde el sofá, no respondía. Solo la miraba como si intentara memorizar cada gesto por última vez.
L: Y ahora está grabando un disco (continuó ella) Hicimos un buen trabajo, no?
Él sonrió apenas.
M: Sí...hicimos un buen trabajo.
Ella levantó la vista.
L: Qué tienes?
Manuel respiró hondo.
M: No regreso a México.
Ella giró apenas la cabeza.
L: Qué?
M: No vuelvo con ustedes.
Frunció el ceño.
L: Tienes trabajo?
Él negó lentamente.
L: y entonces?
Llegó el silencio que cambia una vida.
M: Me voy a España.
Ella sonrió confundida.
L: Con quién?
Él tardó demasiado en responder. Demasiado.
M: Con Camila.
El aire desapareció, no de la habitación, sino del pecho de lucero. Ella parpadeó esperando que dijera que era una broma. No ocurrió.
L: No...
Él permaneció inmóvil.
L: No, espera (rió) pero era una risa rota. Es una broma?
M: No.
L: Después de estos días?
M: Sí.
L: Después de TODO lo que vivimos aquí?
M: Sí.
L: Después de cómo me mirabas?
Él cerró los ojos, no quería responder esa pregunta, porque la respuesta era demasiado cruel.
M: sí.
La había mirado igual que siempre como si todavía fuera la mujer de su vida porque seguía siéndolo, pero precisamente por eso..Tenía que irse.
L: Dime algo (su voz empezó a romperse) La quieres?
Manuel tardó, muchísimo, y esa demora fue peor que cualquier respuesta.
M: La respeto.
Ella soltó una carcajada llena de lágrimas.
L: Eso no te pregunté.
M: (Él respiró profundo y dijo) No.
Ella levantó la vista durante un segundo sintió esperanza, hasta que él terminó.
M: Pero ella sí me elige.
El golpe fue invisible y aun así, lucero sintió que algo dentro de ella acababa de romperse.
L: Eso era? (susurró) Querías castigarme?
Él negó despacio.
M: No lucero!
L: Entonces explícame. Porque no entiendo cómo un hombre que me miró hace dos horas como si todavía me amara, ahora me habla de otra mujer.
Él sonrió, pero era una sonrisa cansada una de esas que nacen cuando ya no quedan fuerzas.
