30. El pianista y el alumno

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—T-Taehyung... Tengo que irme ya...

El susurro salió casi como un débil suspiro, afianzando las manos en los muslos desnudos del bonito pelinegro, quién yacía en su regazo solo en ropa interior y besando su cuello.

Eran las 5:00pm de un jueves por la tarde, Jungkook acostumbraba a llegar con al menos diez minutos de antelación a sus clases de música por lo que justo era la hora perfecta para abandonar su departamento e ir a tomar el primer tren a la estación que lo llevara a la plaza Gu.

Por supuesto, la semana anterior nada había impedido que llegará puntual a sus clases, siendo algo irónico considerando que tuvo una semana llena de clases y tareas, pero, digamoslo de esta forma, eso es algo que bien podía controlar.

La situación es que lo que lo detenía en este momento no era algo que estuviera bajo su control.

—No vayas...—Susurró Kim contra su oído, erizandole la piel y provocando que tragara saliva con fuerza.

Jungkook apartó la mirada, aún sintiendo los húmedos besos en su cuello y parte de su hombro, provocandole una sensación de calor en el abdomen bajo que bien sabía en que terminaría.

—Y-Ya falte ayer y el lunes... Mi profesor se molestará...—Con toda la fuerza de voluntad que logró reunir terminó por cambiar posiciones, acostando al deseoso Taehyung contra el sofá, mientras el se mantenía entre sus desnudas piernas.

Taehyung sonrió con diversión, llevando ambas manos detrás de la nuca de Jeon para acariciar sus cabellos, sus bronceadas piernas rodeando la fuerte cadera del azabache, quien apenas y pudo sostenerse sobre sus brazos cuando fue jalado con fuerza por Kim, rozando sus labios contra los del otro.

—¿Es más importante tu clase de música qué yo?—Le preguntó con aquel tinte rasposo, besandole la comisura de los labios con extrema suavidad.—Ayer no parecías tan agobiado por faltar.

—Eso fue tu culpa.—Le recriminó Jeon con las mejillas enrrojecidas, llevando una de sus manos a uno de los suaves muslos del pelinegro para quitarlo de su cadera, sintiendo las yemas de sus dedos picar ante las ganas de seguirlo tocando.—Pero hoy no caeré, tengo que ir.

Sin más se levantó, provocando una risita en Taehyung quien llevó ambas manos detrás de su nuca para observarlo atentamente, viendo como acomodaba sus lentes en el puente de su nariz y como volvía a abrochar la camisa de botones que el se había encargado de abrir hace solo unos minutos.

—Sigues echándome la culpa, como si no hubieras disfrutado lo de ayer.—Bufó Kim, mirando esta vez el techo.

Jungkook terminó de arreglarse, tomando su mochila para colocarla en su hombro izquierdo y sin más volver la vista al apuesto pelinegro, quien ahora tenía los ojos cerrados como si tratará de conciliar el sueño.

Sonriendo volvió a dejar la mochila en el piso antes de ir hasta la habitación, en donde buscó una manta y regreso sobre sus pasos, colocando delicadamente la frazada sobre un ahora profundamente dormido Taehyung. Asegurándose de no despertarlo se inclinó un poco dejando un suave beso en su frente, provocando una leve mueca en el rostro apacible de Kim que le hizo reír con suavidad.

—Descansa, Tae, volveré en la noche.—Se despidió, tomando nuevamente la mochila para finalmente abandonar su departamento, yendo directamente a la estación de trenes.

El frío aire de octubre le recibió en la salida del edificio, haciéndole sentir un suave escalofrío que le recorrió la espalda, afianzó el agarre en la correa de su mochila, empezando a caminar tranquilamente hasta la estación.

Ya que era tarde no había tanta gente, lo que le permitió encontrar un asiento en el vagón al que subió, ya que sabía que eran veinte minutos de recorrido sacó de entre sus cosas las copias de partituras que el profesor Min le había dado, con algunas anotaciones en tinta azul en cada extremo, las cuales le ayudaban a reconocer cada nota musical.

𝑬𝒍 𝒅𝒊𝒍𝒆𝒎𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒔𝒆𝒙𝒐 • [ ᴋᴏᴏᴋᴛᴀᴇ ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora