31. Sus recuerdos

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Mirando despreocupado la casa del frente, con solo las luces de fuera encendidas, Jimin se encontraba sentado en la entrada de su casa, con las piernas estiradas y apoyado sobre sus manos hacia atrás, los rubios cabellos que le sobresalían por debajo de la capucha se mecían ante los resquicios de la brisa otoñal.

Estaban a punto de entrar en invierno.

Las luces de un auto se vislumbraron a lo lejos, cuando el Kia Río/K3 se detuvo a unos cuantos metros de distancia y la ventana del copiloto se abrió ante él una mirada de indiferencia le pinto el rostro, sobre todo al observar tan sonriente al conductor. El claxón resonó en la silenciosa noche y el rubio finalmente se puso de pie.

Llevaba un pantalón de mezclilla azul cielo y una sudadera de color negro con una capucha, la cual le cubría los bonitos cabellos dorados. Apenas llegó a la puerta del auto la abrió sin mayor interés y se adentro al auto, sentándose sonoramente y provocando el movimiento del auto ante el ajetreo, antes de cerrar con fuerza la puerta, con los brazos cruzados y sin quitar la vista del frente.

Su copiloto se rió entre dientes, negando con suavidad y retomando el camino.

—¿Por qué pareces tan molesto en nuestra salida? ¿No te agrada verme?—Le preguntó el peli-menta.

—Creo que deje bastante claro que el que debería sentirse feliz y afortunado de gozar de mi presencia eres tu.—Bufó el rubio.—Así que no esperes que vaya feliz y sonriente todo el tiempo.

—Vale, yo me lo busqué, lo acepto.

—Me alegra que te des cuenta.

Una sonrisa de diversión se dibujó en la cara felina del mayor, y Jimin tuvo que obligarse a apretar los labios para no corresponder de la misma forma al bonito gesto.

Siendo los últimos días de octubre una suave llovizna empezó a cubrir el parabrisas del auto, pero no era tan fuerte como para usar los limpiaparabrisas por lo que Yoongi no vio la necesidad de encenderlos.

Al ser casi las diez de la noche y debido al clima casi no había autos, menos por la zona en donde estaban.

—Por cierto, ¿No te costó un ojo de la cara el abrigo que me regalaste la última vez?—Le preguntó Park luego de largos minutos en silencio.

—La verdad que si.—Le contestó simplón el otro.

—Debe ser jodido haber gastado tu salario en un abrigo para alguien con quien no vas a coger.—Le dijo burlón, mirándolo de reojo.

Yoongi sonrió, encendiendo las direccionales del auto cuando terminó desviándose en una bifurcación de la pista.

—Por ahora...—Le dijo resuelto.

Jimin borró su sonrisa socarrona y desvío la mirada "indignado" a otro lado.

Continuaron su trayecto por al menos diez minutos más, en los que los dos permanecieron en silencio, uno viendo con atención el camino y el otro observando la ventana a su lado llenarse de gotas de lluvia antes de crear patrones inconexos en el vidrio al deslizarse.

Finalmente el auto se estacionó, el mayor apagó el motor y se estiró hacia atrás para tomar un paraguas que había en el asiento trasero, abriendo la puerta a su lado y saliendo primero, cerró la puerta y rodeo el auto para llegar al lugar del copiloto, en donde abrió la puerta y finalmente abrió también el paraguas, para cubrirse de la fina llovizna.

—Espero que no te moleste compartir el paraguas conmigo.—Le dijo al ofrecerle su mano.—Solo traje uno.

—Pues si no hay otra opción...—Sin darle mayor importancia colocó su palma sobre la del otro, dejándole tirar de él para hacerlo salir del auto.

𝑬𝒍 𝒅𝒊𝒍𝒆𝒎𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒔𝒆𝒙𝒐 • [ ᴋᴏᴏᴋᴛᴀᴇ ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora