046: "Sunny day"

63 11 0
                                        

❝ Día Soleado ❞

El sol brillaba con una intensidad inusual sobre La Push, tiñendo las olas del Pacífico de un azul resplandeciente y calentando la arena húmeda de la costa. Era uno de esos días raros y mágicos en la Reserva donde el cielo despejado parecía un regalo merecido tras semanas de lluvias torrenciales y tensiones constantes. La playa estaba repleta de vida: familias enteras de Quileutes, niños corriendo cerca de las olas y jóvenes de los alrededores que no habían dudado en aprovechar la tregua del clima.

El grupo de la manada había tomado una amplia zona cerca de las rocas gigantes para instalar su campamento base. Habían desplegado varias toallas grandes, sombrillas y la enorme nevera portátil que Araceli y Vega habían preparado por la mañana.

Araceli caminaba por la orilla sintiendo la brisa marina sobre la piel. Llevaba puesto un bikini de dos piezas de un azul cobalto vibrante que contrastaba de forma espectacular con su tono de piel, resaltando sus curvas con perfecta elegancia. Para cubrirse un poco, llevaba anudado a la cadera un pañuelo transparente del mismo tono de azul, que ondeaba suavemente con el viento cada vez que daba un paso.

A unos metros de distancia, sentado sobre una toalla grande junto a los bolsos, Sam Uley intentaba concentrarse en la conversación que mantenía con Billy Black, pero sus ojos oscuros invariablemente terminaban desviándose hacia su prometida. En más de una ocasión, el Alfa de la manada se había quedado completamente embobado, congelado a mitad de una frase, contemplando cómo el sol hacía brillar la piel de Araceli mientras ella reía junto a las demás chicas.

-Sam... ¿me estás escuchando? -preguntó Billy con una sonrisa socarrona en el rostro, acomodándose en su silla de ruedas.

-¿Eh? Sí, claro, Billy... las patrullas del sur -balbuceó Sam sin quitarle la mirada de encima a Araceli, quien en ese momento se agachaba para acomodarle el sombrero de sol a Melina.

Billy soltó una carcajada baja y rasposa.

-Olvídalo, Sam. No tienes arreglo. Es la impronta, no se puede luchar contra eso.

Pero el ardor en el pecho de Sam no era solo devoción; también era el instinto territorial salvaje del lobo. La playa estaba llena de gente, y no eran pocos los muchachos locales -e incluso algunos visitantes que habían bajado desde las zonas altas- que no disimulaban sus miradas al ver pasar a Araceli. Cada vez que algún chico fijaba los ojos de más en la figura de su impronta, la temperatura corporal de Sam subía drásticamente y un gruñido sordo temblaba en su garganta.

En más de una oportunidad a lo largo de la tarde, Sam no dudó en marcar territorio de forma tajante. En un momento dado, cuando un par de jóvenes caminaban cerca de la orilla mirando fijamente hacia Araceli, Sam se puso de pie tranquilamente, se acercó a ella por detrás sin polera, y rodeó su cintura con sus brazos anchos y cruzados de cicatrices, pegando el pecho desnudo a la espalda de ella y depositando un beso posesivo y prolongado en su cuello. Los muchachos, al reconocer a Sam Uley y notar el aura intimidante que emanaba de su figura imponente, desviaron la mirada de inmediato y apresuraron el paso.

Araceli, consciente de la escena, soltó una risita suave y echó la cabeza hacia atrás, apoyándose en el hombro de Sam.

-Eres un celoso incorregible, Uley -murmuró con diversión, acariciándole el antebrazo musculoso.

-Solo me aseguro de que todos recuerden de quién eres, Araceli -respondió él contra su oreja, apretándola un poco más contra su cuerpo antes de dejarla ir con una sonrisa de satisfacción.

Mientras tanto, la playa era un hervidero de actividad. Los chicos de la manada parecían incansables. Jacob, Paul, Jared, Embry y Quil habían organizado un partido de fútbol playero improvisado. Corrían sobre la arena con la fuerza desmedida propia de sus genes metamorfos, provocando que cada entrada o barrida pareciera un choque de trenes.

𝕾𝖊𝖗𝖊𝖓𝖉𝖎𝖕𝖎𝖆 | sᴜHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora