051: "Promises on the sand"

32 9 0
                                        

❝ Promesas sobre la arena ❞

Dos años habían transcurrido desde aquella noche en que las últimas sombras del pasado se extinguieron en el bosque de la Reserva. Dos años de mañanas tranquilas en la casa Uley, de tardes de sol radiante en La Push y de una convivencia diaria que había terminado de consolidar a Araceli, Sam y Melina como una familia indestructible.

Aquella noche de otoño, sin embargo, la atmósfera se sentía diferente a la de la rutina habitual de la Reserva. Sam y Araceli cumplían cuatro años juntos desde aquel inolvidable encuentro en la playa. Para celebrar este hito, el Alfa había organizado una velada especial a solas, encomendando el cuidado de la pequeña Melina a Seth y Leah, quienes estaban encantados de pasar la noche jugando con la niña y consintiéndola en casa de Sue.

Sam condujo su camioneta hacia las afueras de Forks, deteniéndose frente a The Salmon Tracker, un elegante e íntimo restaurante ubicado en el centro de la Reserva con vista panorámica al embravecido océano Pacífico.

Araceli lucía sencillamente deslumbrante. Llevaba un vestido ajustado de tono vino tinto que resaltaba su piel clara y sus suaves curvas, con el cabello castaño recogido en un peinado elegante que dejaba al descubierto su cuello. Sam, vistiendo una camisa negra bien planchada que moldeaba su figura imponente y atlética, no podía apartar los ojos de ella.

El restaurante ofrecía un ambiente cálido y sofisticado. Luz tenue proveniente de velas encendidas sobre cada mesa, el suave murmullo del viento chocando contra los ventanales de cristal y una música de piano de fondo creaban el marco perfecto. Los ubicaron en una mesa reservada en la esquina más discreta, junto a la ventana que daba al abismo marino.

-Te ves deslumbrante, mi amor -dijo Sam con voz grave y sincera, tomando la mano de Araceli sobre el mantel blanco penas se acomodaron.

-Vos no te quedás atrás, Uley -sonrió ella, acariciándole el dorso de la mano con el pulgar-. Admito que me sorprende verte tan elegante. Casi me da vergüenza pensar en la de veces que te he visto andar descalzo por la Reserva.

Sam dejó escapar una carcajada baja que hizo vibrar el aire entre ellos.

La cena comenzó con un brindis. El mesero les sirvió dos copas de un vino tinto de cosecha especial. Sam alzó su copa mirando fijamente los ojos de su impronta.

-Por estos cuatro años, por haber llegado a mi vida y por todo lo que hemos construido juntos -proclamó Sam.

-Por nosotros, mi Alfa -respondió Araceli con una sonrisa radiante. El tintineo de las copas selló el momento.

Como entrada, disfrutaron de una crema tibia de mariscos locales con pan rústico horneado con hierbas finas. El plato principal fue un deleite para ambos: para Sam, un jugoso corte de lomo de res a la parrilla servido sobre un puré de papas trufado y vegetales salteados en mantequilla, perfecto para satisfacer el apetito insaciable de un metamorfo; para Araceli, un salmón fresco a la plancha bañado en salsa de eneldo, acompañado de espárragos al vapor.

Durante la velada, las risas, los recuerdos de las travesuras de Melina y la manada, y las miradas cómplices llenaron la mesa. Charlaron sobre el crecimiento de la niña, sobre el trabajo de Araceli en la cafetería junto a su mejor amiga y sobre lo en paz que se sentía la Reserva. Sin embargo, Araceli, tan observadora como siempre, notó cierta inquietud en su compañero. Sam tamborileaba sutilmente los dedos sobre la mesa y revisaba con discreción el reloj en su muñeca de tanto en tanto.

-¿Pasa algo con los chicos, Sam? -preguntó ella inclinándose un poco, con un toque de preocupación-. Te noto acelerado. ¿Seth volvió a quemar la cena en lo de Sue?

𝕾𝖊𝖗𝖊𝖓𝖉𝖎𝖕𝖎𝖆 | sᴜHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora