El estruendo del metal retorciéndose contra la tierra húmeda resonó en el bosque como un trueno sordo, ahogado por la lluvia incesante. El vehículo de Araceli dio dos vueltas sobre su propio eje en el aire antes de estrellarse de manera brutal contra la maleza espesa, quedando invertido sobre su techo aplastado. Dentro del habitáculo deformado, el silencio posterior al choque fue casi tan aterrador como el impacto mismo. Un humo denso y picante comenzó a emanar del motor destrozado, mezclándose con el olor dulce a gasolina y el perfume metálico de la sangre fresca.
Araceli estaba atrapada de cabeza, sujetada únicamente por el cinturón de seguridad que se incrustaba con fuerza contra su pecho. La visión le daba vueltas de forma mareante. Sentía un hilo cálido de sangre deslizándose lentamente desde la línea de su cabello, recorriéndole la sien hasta gotear sobre la alfombra invertida del techo. La conmoción del golpe amenazaba con arrastrarla hacia la inconsciencia, pero dentro de sus venas, algo infinitamente más antiguo y salvaje se despertó con una sacudida eléctrica.
Su naturaleza de banshee.
No era simplemente la adrenalina de la supervivencia humana; era una vibración helada que brotó desde lo más profundo de su esternón, un zumbido agudo que empezó a taladrarle los oídos con una frecuencia insoportable. Era el presagio de la muerte. Y no la de ella, sino la presencia de la muerte caminando a pasos lentos y calculados hacia la chatarra humeante.
Afuera, las hojas secas crujieron. Pasos ligeros, antinaturalmente pausados y livianos, se aproximaron a la ventanilla rota del lado del conductor.
Araceli parpadeó con dificultad, intentando enfocar la vista a través del cristal astillado. Una figura se agachó lentamente. La luz tenue del atardecer tormentoso iluminó un rostro desgarradoramente familiar, pero grotescamente deformado. Tenía las facciones de Isabella Swan, pero su piel no era la de una joven pálida y torpe; era una máscara dura como el mármol, tirante y pálida como un cadáver. Lo más pavoroso eran sus ojos: dos orbes de un rojo carmesí encendido, hirvientes de una locura desquiciada y una sed insaciable.
-Vaya, vaya... la pequeña banshee -susurró la criatura. Su voz no era del todo la de Bella; sonaba duplicada, con un eco metálico y rasposo que erizaba la piel-. La 'Mamá' de los perritos. Tan frágil... tan humana al final del día.
La criatura sonrió, mostrando unos dientes afilados como navajas teñidos con un leve matiz rosáceo. Extendió una mano de uñas pálidas y, con una fuerza descomunal que desafiaba toda lógica física, agarró el marco de la puerta retorcida del auto y la arrancó de un solo tirón, arrojando el pedazo de metal de cien kilos hacia los árboles como si fuera una hoja de papel.
-¿Sabes cuánto tiempo he esperado para oírte suplicar? -continuó la falsa Bella, metiendo medio cuerpo dentro del vehículo con una agilidad serpenteante-. Victoria falló. Gastón falló porque era un estúpido lleno de rencor. Pero yo no voy a fallar. Voy a arrancarte el corazón y se lo voy a servir a Sam Uley en un plato antes de destrozar a esa hermanita tuya.
Al mencionar a Melina, algo dentro de Araceli se quebró y renació con una furia abrasadora. El dolor de sus costillas magulladas y el mareo desaparecieron en un milisegundo, reemplazados por el instinto primario de protección materna y el poder ancestral que corría por su linaje.
-A mi hermana... no la tocas... ¡JAMÁS! -rugió Araceli.
La criatura extendió la mano para sujetarla del cuello, pero Araceli abrió la boca y liberó su poder.
No fue un grito humano. Fue el alarido desgarrador de una banshee en su máxima expresión, un pulso de energía sónica pura que se propagó en una onda de choque invisible y devastadora. La fuerza del aire vibró con tal intensidad que los cristales restantes del automóvil saltaron convertidos en polvo brillante. La onda expansiva golpeó de lleno el pecho de la vampiresa de ojos rojos, reventándole los tímpanos y lanzándola violentamente hacia atrás. La criatura salió despedida más de quince metros, atravesando los troncos de dos pinos jóvenes antes de estrellarse contra las rocas del fondo.
El impacto del grito hizo retumbar la tierra misma de la Reserva, un eco espectral que se elevó por encima de la tormenta y viajó a través de los árboles como una llamada de guerra.
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𝕾𝖊𝖗𝖊𝖓𝖉𝖎𝖕𝖎𝖆 | sᴜ
Fanfictionsᴇʀᴇɴᴅɪᴘɪᴀ | "~ Hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta ~". Ella tuvo una vida difícil y con dieciséis años tuvo que hacerse cargo de su hermana menor, evitando que las separen y las envíen a un orf...
