044: "Storm"

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❝ Tormenta ❞

La patrulla de la policía de Forks se detuvo con un chirrido sordo frente a la conocida casa blanca de los Swan. Aparcada a un lado, la vieja camioneta naranja de Bella juntaba agua en la caja, un vehículo que solía ser ruidoso, pero que ahora parecía un monumento al abandono. Detrás del vehículo policial, la camioneta de Sam detuvo su marcha.

Araceli miró de reojo a la loba que estaba sentada a su lado en el asiento del acompañante. Leah Clearwater mantenía la mandíbula tensa, con los ojos fijos en la vivienda. En cuanto Charlie bajó de la patrulla, ambas mujeres abrieron las puertas. A pesar de llevar los paraguas abiertos sobre ellas, la lluvia era tan lateral y violenta que el agua no tardó en salpicarles las piernas mientras corrían apresuradas hacia el porche para evitar empaparse por completo.

Si no hubiese sido por la genuina preocupación y la desesperación pintada en el rostro del Swan mayor, Araceli se habría quedado en la calidez de su hogar, postergando la visita a Bella para cuando la tormenta finalmente pasase. Pero no había podido negarse. En los últimos días, Charlie se había acercado varias veces a Sam para preguntarle, con una timidez que rompía el corazón, si los chicos de la reserva sabían de algo inusual que hubiera pasado en el bosque. Preguntaba si, por casualidad, alguno de ellos había escuchado algo sobre su hija.

En especial Jacob.

Charlie se aparecía seguido por la residencia Black, con la vana esperanza de obtener alguna noticia nueva; incluso, en su desesperación, había tragado su orgullo y visitado la residencia de los Cullen.

Al cruzar el umbral y entrar en la casa, una extraña pesadez en el aire golpeó a las dos mujeres. La atmósfera se sentía extraña, casi gélida, desprovista de la calidez de un hogar habitado. Araceli y Leah no pudieron evitar compartir una mirada cargada de incomodidad. El instinto de la loba ya estaba alerta.

-Ella... Ella está arriba, en su habitación -comenzó Charlie, manteniéndose rígido en su lugar. Estaba parado frente a ellas, con la mirada fija en el tramo de escaleras de madera, pero el temblor evidente en su voz y en sus manos delataba lo nervioso que se encontraba- Apareció en la puerta de casa a la madrugada -explicó, girándose finalmente para mirarlas a los ojos. Tenía unas ojeras profundas, de alguien que no había dormido en semanas-. Estaba... mal. No hablaba, no quería comer ni tomar nada. Tenía puesta la misma ropa de ese día... Parecía ida, como si estuviera en un shock profundo.

Charlie se dejó caer pesadamente en el sillón, como si el peso de sus propias palabras le hubiera quitado las fuerzas. Su voz tembló al borde del quiebre. Araceli, conmovida por el dolor del hombre, no pudo evitar acercarse a él. Se agachó a su lado y tomó su mano fría entre las suyas, intentando transmitirle un poco de tranquilidad.

-Al mediodía, cuando le llevé una bandeja de comida para intentar que comiera algo... pronunció tu nombre -continuó Charlie, mirando a Araceli con ojos suplicantes-. Te nombró. Quería que te buscara.

Leah, que se había quedado de pie cerca de la puerta con los brazos cruzados y una postura defensiva, intervino con un tono serio y cortante.

-¿Por qué razón querría hablar con Ara?

-No lo sé, fue lo único que dijo -respondió Charlie, frotándose el rostro con la mano libre. Se lo notaba exhausto, física y mentalmente-. Le hablé, le pregunté... Dios, le pregunté qué le había pasado estas dos semanas, pero no me respondió. Solo volvió a repetir tu nombre, Araceli.










(...)













Araceli subió las escaleras con pasos lentos, sintiendo que cada escalón aumentaba la extraña opresión en su pecho. Se acercó a la habitación que le había indicado Charlie y, tras dar tres toques suaves y espaciados en la madera, empujó la puerta y entró.

𝕾𝖊𝖗𝖊𝖓𝖉𝖎𝖕𝖎𝖆 | sᴜHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora