Capítulo 7

136 23 1
                                        

|Devonne|

Por fin puedo descansar en paz. No puedo creer que sean tres, tres malditas clases con él. Es desesperante, estúpido, inmaduro... No tengo palabras para describirlo. Es tan... ¡UF, ME DESESPERA!

—¿Qué te pasa? Pareces frustrada —Brenda y Estefanía caminan junto a mí, pero no me había dado cuenta hasta que la voz de la primera, interrumpe mis pensamientos.

—Frustrada es quedarse corto —Suspiro fuertemente, soltando todo el aire contenido en mis pulmones —¡Justin Bieber! Eso es lo que me pasa.

—Wo, empiezas con buen pie las clases —Un toque de burla atraviesan las palabras de Estefanía, que suelta una pequeña carcajada.

—¿Qué te hace tanta gracia? Porque me encantaría reírme contigo —Ironizo.

—Tranquila fiera, para el carro que nosotras no somos el enemigo —Bufa Tefi.

—¿Qué ha pasado con Justin? —Pregunta Brenda, intentando calmar la tensión que hay entre nosotras.

—Es frustrante, egocéntrico, inmaduro, estúpido, imbécil, ¡y muchos más insultos que prefiero no mencionar! ¡NO. LO. SOPORTO! —Suspiro, e intento tranquilizar mi ira. No puedo creer que alguien como él haya conseguido sacarme de mis casillas —Chicas, agradezco la preocupación. De verdad—. Avanzo unos pasos por delante de ambas, y vuelvo sobre mi eje para quedar frente a ellas —Agradezco todo lo que hacéis por mí—, Vuelvo a suspirar —pero ahora mismo lo único que necesito es estar sola, pensar, e intentar sacar toda esta rabia que llevo dentro. Siento mi actitud y siento haberte hablado mal Estefanía.

Vuelvo a girar sobre mis talones y camino en dirección a ninguna parte. Quiero encontrar un lugar apartado, solitario, tranquilo... Recorro cada rincón del instituto, y decido sentarme en el árbol más alejado del recinto. No hay un lugar mejor, pero al menos ninguno de los estudiantes vendrá en un buen rato, al fin y al cabo están todos almorzando.

Conecto los auriculares al teléfono, siempre he creído que la música sana el alma, porque tranquiliza, relaja... Cierro los ojos, la siento, suspiro, me acomodo. Es tan agradable...

Siento una pequeña brisa cruzar mi rostro, pero no le doy importancia, así es la naturaleza, está loca. Tiempo bueno, viento, lluvia, relámpagos, sol... ¿Cómo puede cambiar tan fácilmente?

Un simple y pequeño roce en la mejilla me desconcierta. Abro inmediatamente los ojos, encontrándome a quien menos quiero ver en estos momentos junto a mí.

—¿Qué demonios haces aquí? —Estoy enfadada, incluso más que antes. Me quito los auriculares y los dejo sobre mis piernas. No entiendo por que no puede dejarme en paz. ¿Por qué no puede simplemente ignorarme y desaparecer?

—Descansar —Murmura, haciéndolo ver obvio —Me encanta sentarme bajo un árbol a escuchar música. Me encanta sentir el tacto de la naturaleza en mi rostro mientras tarareo alguna que otra canción. ¿Por qué lloras?

Su pregunta me toma por sorpresa. ¿Llorar? Yo no estoy llorando. Paso suavemente las manos por mis mejillas, sorprendiéndome aún más al encontrarlas un poco mojadas. No me había dado cuenta, ¿cómo es posible?

Quizás los recuerdos sean aún más duros de lo que me imaginé, creí tenerlo superado, ni siquiera sé por qué mi mente me ha jugado esa mala pasada, no sé como puedo soñar con tremenda cosa. Ya lo había olvidado...

—Puedes contarlo, no voy a juzgarte —Por un momento, creo que es sincero, y parece preocupado, pero después recuerdo con quien estoy hablando y me arrepiento. Es Justin, estoy segura que tiene algo estúpido que decir —Bueno, llorar no es malo, todos los bebes lo hacen, incluso tú, que por muy mayor que quieras parecer, en el fondo sabes que sigues siendo un bebe —Y ahí está, un nuevo insulto a mi persona, lo extraño es la suavidad, es incluso un insulto agradable.

—No te cansas ¿verdad? —Veo una pequeña luz de confusión en su mirada —¿No puedes simplemente ignorarme y olvidar que existo? Estoy cansada de estar como perros y gatos, no hace ni tres días que nos conocemos, pero solo te acercas a mí para insultarme. ¿Qué he podido hacerte yo, cuando simplemente quiero pasar desapercibida e intentar que nadie note mi presencia?

Guardo mi móvil junto a los cascos en el bolsillo de mi sudadera y me levanto del suelo. Necesito desesperadamente salir de aquí, estoy a punto de derrumbarme, y no me entiendo. Desde que llegué a este lugar no he hecho más que llorar. Las pesadillas vuelven, dejando así un miedo y vacío en mi interior. ¿Por qué no puedo simplemente desaparecer?

1. En el Corazón no se Manda (TERMINADA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora