Capítulo 19

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|Justin|

No puedo evitarlo, necesito ver a Devonne o voy a enloquecer. ¿Qué ha hecho ella conmigo? No puedo dejar de pensar en el día de ayer, fue tan genial... Y sus labios... Me encantaría volver a sentir sus labios contra los míos.

Camino en dirección al comedor, miro alrededor pero nada, parece que se la ha tragado la tierra, y encima Ryan no me deja en paz. Cree que no me doy cuenta, pero sé perfectamente que algo trama, porque no deja de llevarme de un lado a otro y está nervioso, muy nervioso.

Ni en el comedor, ni en los alrededores, ni en su habitación... Desisto en mi búsqueda después de una larga mañana intentando dar con ella. Si el destino no nos quiere juntos hoy así será, pero no pienso aguantar más de un día. Si tengo que levantar cada piedra que se cruce en mi camino estoy seguro que lo haré, porque después de tanto tiempo he encontrado a la persona que me hace sentir bien. La única que consigue que me olvide de mi enfermedad.

Un pequeño vibrar en el bolsillo trasero de mi pantalón saca todos esos bellos pensamientos de mi mente. Decido sacar el móvil y observar el remitente de la llamada. Frunzo el ceño y contesto inmediatamente.

—¿Pasa algo? —Pregunto preocupado.

—Sí y no.

— ¿Qué? —Ahora me siento confundido.

—Ocurre algo pero es bueno.

—Al grano por favor —Suplico.

—Hay alguien, creo que un especialista muy bueno, que quiere estudiar tu caso. Me ha pedido que te lleve mañana a su consulta, quiere hacer unas pruebas sencillas y hacer un diagnóstico —Suspiro, porque sé que ella no va a desistir. No necesito más pruebas, sé lo que tengo y lo que hay. Todos los doctores dicen lo mismo.

—Mamá no creo que sea necesario...

—Por favor Justin —Suplica — ¿Por mí? —Sé que está conteniendo sus lágrimas, o quizás esas ya estén fuera y lo que intenta ocultar son sus sollozos. La conozco demasiado —Necesitamos buscar soluciones, no puedes rendirte.

—Está bien —Accedo, aunque no muy convencido. Sé perfectamente lo que va a decir este doctor, porque va a ser lo mismo que todos los demás.

—Gracias hijo —Hay unos segundos de silencio —Paso a recogerte en un par de horas. Haz maletas para un par de días, quizá hasta el domingo. Te envío un mensaje cuando vaya hacia allí.

Intento decir algo, pero la llamada se corta de inmediato. Si la cita es mañana... ¿Para qué venir a recogerme hoy?

***

Entro al auto de mi madre nada más salir de la universidad. Hago un último repaso mental a todo lo que llevo y cuando estoy satisfecho le pido a mi madre que emprenda el viaje.

— ¿Para qué venir a buscarme hoy si la cita no es hasta mañana? —Le pregunto, una vez hemos salido a la autopista.

—Quería pasar la tarde contigo —Responde, pero no me convence, porque parece nerviosa. ¿Hoy todo el mundo va a mostrarse nervioso ante mí?

Dejo que siga su camino en silencio, pero me permito encender el radio porque el camino no dura menos de media hora y porque me aburro.

Creo quedarme dormido durante unos segundos, porque cuando abro mis ojos estamos a punto de estacionar el auto y no precisamente fuera de mi casa.

— ¿Dónde estamos? —Pregunto, una vez fuera del coche.

—Es una sorpresa —Frunzo el ceño ante su respuesta. ¿Será esto lo que la tenía tan nerviosa?

Un gran... ¿Local? Se alza frente a mí. Parece un edificio abandonado, pero en buen estado. Es alto, demasiado, y tiene unas iniciales justo encima de la puerta.

— ¿Vamos? —Sigo a mi madre paso a paso, sin decir nada. ¿Una sorpresa? ¿En este lugar?

Entramos por varias puertas antes de frenar frente a una más gruesa y de un material parecido a la hoja lata.

— ¿Qué es todo esto? —Pregunto, tras entrar al lugar y ver absolutamente nada, porque está oscuro, sin luz.

—Justin... —Una voz suave, pero a la vez gruesa se escucha en el lugar. Empiezo a ponerme nervioso. Las luces se encienden y frente a mí se encuentra mi madre junto a un señor. Un señor conocido mundialmente como Scooter Braun, el mejor mánager de talentos jóvenes del momento.

— ¿Qué es todo esto? —Vuelvo a preguntar. El aire me falta y los segundos se vuelven horas.

—Esto hijo... —Hay una pequeña pausa, que es interrumpida por la voz de otro hombre.

—Esto hijo se llama sueño. Quiero demostrar que puedes salir adelante, por eso he aceptado la propuesta de Scooter que una vez me negué a aceptar —Volteo a ver a mi padre, que se encuentra justo detrás de mí —Quiero que cumplas tu sueño de artista, enviarte a un colegio interno fue una gran estupidez —Una pequeña lágrima cae sin permiso por mi mejilla. Estoy sorprendido, agradecido, emocionado... No tengo palabras para expresar.

—Quiero darte a conocer. Que graves tu primer disco, que actúes en conciertos de alguno de mis talentos, que te presentes en radios o shows televisivos para dar entrevistas —Escucho atentamente a Scooter sin apartar la mirada de mi padre —Con tu talento, puedo asegurar que pronto serás reconocido por todo el mundo, y de aquí a un par de años, por no decir meses, estarás dando tus propios conciertos, con miles de fans a tu alrededor, que estarán ahí para verte a ti.

No puedo evitarlo, la felicidad me consume. Sonrío y abrazo a mi padre fuertemente, dejándome convencer, deseando que este maldito tumor desaparezca de una vez por todas.

1. En el Corazón no se Manda (TERMINADA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora