|Narrador omnisciente|
Justin, se ha pasado meses pensando que la felicidad no estaba hecha para él. Meses creyendo que no hay personas sinceras a su alrededor que estén ahí porque verdaderamente quieran estar. Meses asegurando que lo único que una persona como él puede ocasionar es lástima y dolor. Meses llevando una carga que sin darse cuenta se ha ido dividiendo en familias y amigos que estaba negado a creer, estaban ahí por él, y no por lástima o dolor.
La felicidad sí existe. Existe, en esas personas que dan su vida por ti desde el primer momento en el que tu existencia llega a la vida. Existe, en esos amigos verdaderos que conoces en la infancia y siguen ahí en la adolescencia, pase lo que pase, siempre unidos. Existe, en amigos nuevos que conoces a lo largo de la vida y, que al igual que esos de la infancia, no te defraudan. Y existe, en ese amor que sin buscarlo aparece cuando menos te lo esperas.
La felicidad existe porque las personas a tu alrededor, ya sean tóxicas o no, aparecen en tu vida por un motivo en especial.
—Eso no es verdad, no puedes hacer eso —Ríe Devonne, intentando evitar que Justin llegue al interruptor que apaga las luces importantes del faro.
—¿Qué quieres apostar? —Sigue su camino con dificultad mientras intenta deshacerse de su agarre.
—No lo hagas —Se rinde —¿Y si algún barco pasa por el puerto y se estrella contra algún barranco? No apagues las luces.
—Entonces dame un premio —Justin se detiene junto al interruptor y se gira hacia ella, con una expresión que muestra maldad y burla al mismo tiempo. Se acerca a ella sonriendo y se detiene al ver como retrocede.
—¿Me tienes miedo princesa? —Emprende nuevamente sus pasos hacia ella y la acorrala contra la pared del faro, robando un casto y dulce beso de sus labios.
Nunca se habría imaginado hacer algo así por alguien. Preparar detalladamente una hermosa velada y sentirse tan enamorado no estaba en sus planes. Pero cuando el amor llega, no hay fuerza sobrehumana que logre destruirlo.
—Sueñas demasiado Drew —Devonne consigue escapar de sus brazos, resbalando por la pared y colándose por debajo de su brazo, que permanecía apoyado junto a su cabeza.
—Solo lo necesario princesa —Justin atrapa rápidamente su brazo y con delicadeza vuelve a atraparla contra la pared —Sabes que te quiero, ¿verdad? —Murmura, muy cerca de sus labios, consiguiendo la atención de Devonne, quien deja de sonreír inmediatamente.
—Esto parece una despedida Justin —Su rostro cambia y un sentimiento de angustia se insta en su interior.
Justin niega pausadamente y sonríe. Vuelve a besar, por incontable vez, a Devonne y la siente rodear y acariciar su cuello con delicadeza.
Devonne se deja llevar. Millones de mariposas revolotean en su estómago y un sentimiento que jamás había experimentado la recorre completa.
Algo así como miedo, pero a la vez desesperación, ansias, celos. No logra controlarse y tampoco pasa desapercibido para Justin, quien aumenta el ritmo del beso al sentirla pegar y rozar su cuerpo al suyo incontrolables veces.
Inconscientemente, Devonne baja sus manos acariciando a su paso los brazos de Justin. Sus dedos se deslizan por la piel desnuda de estos y pasan a sentir la tela fina y suave de su camisa. La aparta, acaricia su cuerpo, sube la camisa, y cuando menos se lo espera se la quita.
Justin se deja ser, besando esa boca que lo vuelve loco y luchando con su autocontrol.
Minutos, segundos, horas. El tiempo parece no correr bajo aquella tenue luz que las velas de aquella hermosa velada les proporcionan. El aire falta en sus pulmones y por instinto ambos rompen el beso.
Justin cree percibir un pequeño rubor en las mejillas de la hermosa mujer que tiene delante. Sus ojos conectan y un brillo especial aparece en ellos.
Es él quien desvía la mirada y recorre cada centímetro de su rostro. Observándola, disfrutándola.
Sus respiraciones parecen no menguar. Se sienten agitados, deseados.
Devonne pasa lentamente la lengua por sus labios, siendo ajena a lo que dicho gesto provoca en Justin.
Una caricia. Suave, delicada. Sin poder soportarlo más, Justin recorre su torso por encima del vestido, pegándola a él cuando sus manos se detienen y agarran su cintura.
Sus labios vuelven a conectar, esta vez mucho más lentos. Disfrutando el uno del otro. Justin aprovecha la cercanía para posar sus manos sobre la espalda de Devonne y tirar de la cremallera del vestido hacia abajo, dejándolo caer al suelo sin pudor.
Sorprendida, Devonne se aparta y con sus brazos intenta tapar su cuerpo semi desnudo. Parece asustada, agitada.
—No quiero hacerte daño —Susurra Justin, intentando aminorar el calor del momento.
—Lo sé —Susurra ella, tomando la iniciativa y volviendo a los brazos de él, con un enorme, delicado y hermoso beso. Un beso que quita el sentido. Un beso que da luz a sus días. Un beso que hace de lo difícil y malo, algo sencillo y hermoso.
En un abrir y cerrar de ojos, ambos se encuentran sobre las mantas que Justin ha dispuesto para la cena. Con él sobre ella. Besando y acariciando cada espacio de su piel. Devonne disfruta y deja escapar algún que otro gemido. Parece que aquella horrorosa etapa que sufrió hace algunos años desaparece bajo la piel de Justin.
Con él se siente protegida.
Dolor. Un inmenso dolor se insta en su interior. Y es que aunque ella por desgracia ya no es virgen, es su primera vez.
Justin se detiene, no entiende en que momento se ha dejado llevar tanto. Se encuentra en su interior. Y esa es una paz inmensa que no puede controlar.
Lágrimas recorren su rostro mientras deja que ella se acostumbre a él y esconde su cara en el hueco de su cuello.
—Te amo —Susurra en un suspiro y con la voz ahogada —Te amo —Y con esas simples palabras, bajo el cuerpo de Justin, con él en su interior, Devonne entiende que dichas palabras son más que un simple Te Amo. Es una promesa, un para siempre.
—Para siempre.
Las palabras sobran en ese instante. Bajo aquel techo, con el mar y las estrellas de testigos, ambos se juran amor eterno, mientras una y otra vez, se hacen el amor. Con caricias, besos y hermosas palabras de amor.
***
—Es hermoso Justin —El amanecer, rojo e intenso se alza ante ellos, que se encuentran sentados y abrazados junto a la ventana del faro.
—Tú eres hermosa —Susurra Justin, viendo sus ojos brillar con el reflejo del mar.
Y ahí, bajo el arco de la ventana, los dos permanecen observando lo que alguna vez, fue una promesa para ambos.
🌺🌺🌺
Pues aquí termina el capítulo. Espero lo hayáis disfrutado y me encantaría saber vuestra opinión. Este no es el final, pero si he de decir que solo nos quedan un capítulo más y el epílogo.
Aunque sea triste decirlo, En el Corazón no se Manda, llega a su fin.
Votad y Comentad. Nos leemos pronto en el próximo capítulo.
Un enorme beso y gran abrazo virtual.
Sandra 💙
ESTÁS LEYENDO
1. En el Corazón no se Manda (TERMINADA)
Fanfiction"No hay obstáculos cuando el amor es fuerte" 🌺 Portada realizada por @lady_noche 🌺 Booktrailer realizado por mí @sandritadlbiebs
