Capítulo 5

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|Devonne|

Lunes, Siete de la mañana. Salgo del baño con la toalla alrededor de mi cuerpo, dejando caer mi pelo mojado sobre la espalda. Brenda está despierta, a punto de entrar al baño, pero Estefanía sigue dormida.

—¿No deberíamos despertarla?

—Sí, pero no servirá de nada, siempre espera a que yo salga del baño para levantarse.

Asiento, perdiendo a Brenda tras la puerta. Me visto sin hacer ruido y espero a que  Tefi despierte para encender el secador.

Minutos después Brenda sale del baño, envuelta en una toalla, y como un reloj andante, Estefanía se levanta y desaparece por la puerta. Sin decir nada...

—Estefanía no es persona los lunes si antes no se da un baño —Comenta Brenda al ver confusión en mi mirada.

Empiezo a secarme el pelo, dejándolo suelto por el momento. Estoy cansada de llevarlo siempre recogido, y al estar recién lavado puedo hacer con él lo que quiera.

Unas hondas, un poco de espuma y listo. A las siete y media nos veo a las tres saliendo de la habitación, en dirección al comedor.

Ya en nuestra mesa, veo a Brenda agachar la mirada. Parece decaída, preocupada... Vuelvo la mirada en dirección contraria a la mía y veo al imbécil y sus amigos acercarse al mostrador.

El chico lleva sus manos a la cabeza, sobándose la sien. ¿Dolor de cabeza? No me extraña, todo él es un puto dolor de cabeza. Veo como saca algo del bolsillo trasero de su pantalón, lo lleva a su boca y con un poco de agua lo ayuda a tragar.

Vuelvo a centrar mi atención en mi desayuno, lo menos que quiero en este instante es dejar que ese imbécil me coja observándole.

—¿Brenda, estás bien? —Levanto la mirada y veo una pequeña lágrima caer por su mejilla. Frunzo el ceño, mientras veo como se levanta de su asiento y camina directa a la puerta del comedor —¿Pero qué...? —Parece que el chico, que segundos antes tenía mi atención sale tras ella, quizás sea una coincidencia, porque no creo que él se haya atrevido ha hacerle algo a mi compañera.

Reacciono tarde, pero lo hago. Levanto mi trasero de la silla y junto a Estefanía salgo en su búsqueda. Recorremos las habitaciones, la entrada, los jardines y pasillos, pero la encontramos en una de las aulas de clase.

—¿Qué está pasando aquí? —Pregunto, al ver a mi compañera decaída y al imbécil junto a ella. Éste no dice nada, simplemente bufa y sale del aula. Abrazamos a nuestra amiga, pero justo cuando íbamos a pedir explicaciones comienzan las clases.

Me siento en uno de los lugares del final, junto a Brenda. Estefanía ha decidido faltar a clase, dice que no se encuentra bien y no tiene ganas de escuchar a nadie. Es raro, esta mañana temprano estaba bien, y ahora, una hora después ya no es la misma, su estado cambia completamente.

***

Media hora de clase ha pasado, y se me está haciendo eterna. La puerta se abre de par en par y el chico que no ha dejado mis pensamientos en toda la mañana entra por ella sin decir nada. Camina hacia delante, entregándole un pequeño papel al profesor y mira hacia nosotros, los alumnos. Sonríe, y su sonrisa no me gusta nada. Miro a mi alrededor y veo que solo hay dos asientos libres en el aula. ''¡Qué no se siente a mi lado! ¡Qué no se siente a mi lado por favor!'' Ruego, pero mis plegarias no son escuchadas. Lo escucho suspirar mientras se deja caer sobre el asiento, y decido ignorarlo durante la otra media hora que queda de clase, implorando que esta sea la única hora que tengamos en común.

|Justin|

Maldito dolor de cabeza, no entiendo por qué ni las pastillas que me ha recetado el doctor funcionan. Suspiro, me tomo el medicamento y espero mi turno para poder coger el desayuno.

—Podrías haberte tomado la pastilla cuando te levantaste, y ahora te estaría haciendo efecto.

—Da lo mismo Ryan. Me la tome ahora, después o mañana, va a seguir sin hacerme efecto —Y es la verdad, llevo semanas tomándome la maldita pastilla y no hace efecto, al igual que me encuentro más cansado que nunca.

Nuestro turno, dejo mi desayuno sobre la bandeja y camino hacia una mesa vacía. Mis ojos conectan con los de Brenda y frunzo el ceño al ver como corre hacia la entrada. Dejo mi bandeja en la mesa y corro tras ella, la alcanzo y tiro de ella hacia una de las aulas.

—¿Qué te pasa? —Pregunto, no sé por qué la he seguido, pero estoy preocupado.

—Nada que deba preocuparte.

—¿Es por esto? —Sé perfectamente que sabe a lo que me refiero, y el que calla otorga —¡Vasta ya Brenda, deja de preocuparte por estupideces joder! —Escupo. Odio que todos se preocupen, odio que me tengan lástima, por eso no quiero que nadie más lo sepa —Estoy bien. El doctor dijo que era normal, los dolores de cabeza no van a desaparecer hasta que el maldito tumor se extirpe —La abrazo, en el fondo agradezco que se preocupe, pero eso no hace más que empeorar mi estado. Limpio sus lágrimas cuando deshago el abrazo, quiero darle las gracias, por guardar mi secreto, pero sobre todo por todo lo que hace por mí. Pero parece que el destino no quiere que eso suceda en estos momentos.

—¿Qué está pasando aquí? —Bufo, y salgo del aula sin decir nada, dejando a las tres chicas solas. Estoy seguro de que Estefanía y la chica nueva sabrán consolarla mejor que yo, solo espero que no se le ocurra a Brenda decir nada sobre mi enfermedad.

1. En el Corazón no se Manda (TERMINADA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora