"Y no quiero que el mundo me vea.
Porque no creo que ellos entiendan.
Cuando todo está hecho para ser roto.
Yo sólo quiero que tu sepas quién soy."—GOO GOO DOLLS. Iris.
Esta es la primera vez que espero impaciente la llegada de un chico, y no, no estoy en una cita. Las cosas son algo complicadas con Daniel.
Me recuerdo algunas veces fantaseando acerca del chico más popular, genial, misterioso y amable de la escuela, saliendo conmigo. Rememoro todos esos momentos en los que deseé ser yo esa chica que chocaba sus labios con los de él y le decía con una sonrisa te amo. Sin embargo esa Marina no existe más. Me dejé de tonterías casi tan pronto como empezaron a volar dichas ideas en mi mente. Y con el tiempo, Daniel se convirtió el alguien más enigmático, más profundo, más callado y, tal vez, un poco más centrado.
Nuestras conversaciones adquirieron un tono ciertamente serio. Él ya no reía como antes, todo parecía que iba mal en su vida y yo no entendía por qué, y no debía hacerlo. Daniel era un desconocido, era sólo mi vecino de casillero y nada más. Su vida y la mía eran tan distintas, distantes.
Y luego él se largó.
Yo sabía adónde. No es que tuviera clara la idea de qué iba a hacer, es solo que las pistas estaban claramente a la vista de quien se atreviera a mirar profundamente en el capitán del equipo de soccer de la escuela, si yo hubiera sido su novia, quizá, y lo pienso así, no hubiera desaparecido como lo hizo.
El sol ya cae a plomo sobre la ciudad. Estoy rodeada de personas que van y vienen con distintas ideas en la cabeza, ajenas a mí y a Daniel, quien debe estar cerca. Es un centro comercial enorme en el que si fuera despistada como algunos que conozco me perdería con facilidad.
Yazco sentada sobre una banca fuera de una librería que bulle en actividad igual que el resto del recinto. Llegar aquí no fue fácil como yo pensé que sería. Mis recursos económicos decaen poco a poco, y, no podía darme el lujo de subirme a un taxi. De igual manera la policía no me ubica aún, ellos se piensan que estoy en otra parte.
Comienzo a desesperarme y entro en la librería. Paseo entre los miles de libros que hay, me detengo algunas veces a revisar libros que me interesan bastante y el tiempo sigue corriendo. Empiezo a plantearme que esto puede ser fácilmente una trampa elaborada de la policía, mas era Daniel quién había llamado a mi teléfono con una actitud incomprensible.
—Hay que tener cuidado donde uno pisa —la voz masculina de alguien me llena los oídos. Mi pie izquierdo permanece débilmente sobre el pie de otra persona, y volteo.
Daniel.
Siento mi mundo desfallecer. Siento que la pesadilla por fin ha terminado al tenerlo precisamente justo frente a mí. Toda la preocupación y el miedo que habitaba en mi pecho se disuelve al verlo.
Es como ganarse la lotería.
—Tardaste mucho —le digo, molesta—. ¿Crees que tengo todo el tiempo del mundo?
Me acomodo de tal forma que quedamos el uno frente al otro. Suelto el libro que tenía en mi mano justo un instante antes y lo dejo en su nuevo e improvisado lugar.
Contemplo a Daniel cual espejismo. Me atrevo a estirar una mano y tocar su brazo para pellizcarlo y cerciorarme que está aquí. Es él.
—Probablemente ni tú ni yo tengamos mucho tiempo para hablar, Marina —responde, tras sobarse el brazo.
El chico levanta las cejas y me mira expectante con sus ojos claros. El cabello castaño, como siempre lo ha tenido, luce sin peinar. Algo me dice que no sólo el peinado y la mirada es lo que cambió en él.
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No somos amigos ©
Teen FictionEl chico que siempre vio junto a su casillero ha desaparecido y lo único que ha dejado tras de su misteriosa desaparición es una simple nota escrita sobre una servilleta. Ella sabe adónde ha ido o cree saberlo, pero no pondrá su atención en ello has...