“Cambios en nuestras manos y en nuestros rostros.
Recuerdos proyectados por las líneas que trazamos”.
—BASTILLE. Laughter Lines.
Max tenía una grandiosa perspectiva de la vida.
Su pasado le había enseñado a querer lo que tenía al alcance y no desear más de lo que no podría obtener jamás. A pesar de tener dieciocho años se sentía sabio a comparación de aquellos chicos huecos que tenían una vida basada en comodidades sociales, algo de lo que él no siempre gozó.
Tras la secundaria su vida giró ciento ochenta grados. Comentarios hirientes en la preparatoria, susurros y chismes, apodos, golpes, abusos, todo lo llevó a un límite.
Y decidió cambiar.
Por él. Siempre por él.
Recordaba con dolor muchos aspectos de su vida en secundaria y su primer semestre de bachillerato. Renunció al doloroso pasado y se aventuró en algo que lo convirtió en lo que ahora era; fue a una academia militar.
Durante el transcurso de un año todo cambió. Empezó a hacer ejercicio y a cambiar físicamente, tuvo que adaptarse a las constantes órdenes que recibía y a la juerga entre sus compañeros. Tuvo que cambiar tanto que no se reconoció cuando salió de ahí.
Entró en la escuela donde Marina estudiaba sin saber que se la encontraría ahí.
La recordaba bien. Marina solía usar en los primeros años de secundaria un horrible aparato de ortodoncia que la convertía en La Transformer; siempre iba peinada con el cabello relamido hacia atrás, la falda escolar casi le llegaba a la rodilla y su uniforme siempre lo portaba correctamente.
Cuando la vio por primera vez después de año y medio y una completa transformación como la de él, se quedó boquiabierto. El cabello oscuro y ondulado de Marina era hechizante para sus ojos, su mirada de seguridad y suficiencia que tenía en ocasiones le bastaban para saber que podía acercarse a ella. Otras ocasiones había un destello triste en los ojos castaños de la chica que lo hacían retroceder, y estaba el otro asunto; la amiga de Marina.
El día que se atrevió a hablarle, tal vez debió guardarse aquel comentario y no decir nada más acerca de Lorena, pero de veras que esa muchacha tenía una muy mala reputación, según sabía él. Y los demás no se cansaban en advertirle que una vez que cruzara el campo visual de la chica, no habría manera de pararla.
Era en verdad una tontería.
Al ver a Marina sola en el comedor de la escuela por primera vez en mucho tiempo hizo que se animase a hablarle.
Ella sonreía y parecía apenada de verlo. No podía descifrar qué pasaba en la mente de ella, ni siquiera si recordaba aquel momento vergonzoso donde ambos fueron acorralados en una esquina de la escuela, el sitio más alejado de los maestros y los obligaron a besarse enfrente de muchos. La excusa: el raro y la rara deben estar juntos.
Y las cosas comenzaron a ir bastante bien con Marina.
En un inicio el chico ni siquiera tenía idea de qué pasaría si Marina aceptaría ser su amiga de nuevo o ser amigos por primera vez. Luego las cosas habían comenzado a ir demasiado lejos. Max entendía que algo rondaba la mente de la chica, algo que no le contaba a nadie y por eso se mantuvo cerca en el primer par de días.
La hacía reír, la miraba a los ojos y hacía que se sonrojara, la miraba despistadamente y ella movía inquietamente la mano izquierda. Marina comenzaba a significar algo más para él, y no podía evitarlo.
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No somos amigos ©
Teen FictionEl chico que siempre vio junto a su casillero ha desaparecido y lo único que ha dejado tras de su misteriosa desaparición es una simple nota escrita sobre una servilleta. Ella sabe adónde ha ido o cree saberlo, pero no pondrá su atención en ello has...