Capitulo 19.- "Buenas tardes, servicios de taxis"

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Capitulo 19.-"Buenas tardes, servicios de taxis"

LEER NOTA AL FINAL

La casa era un caos, Peter había llegado junto a Sam, con el automóvil cargado de cerveza. Ryan se había encargado de ir a comprar para la barbacoa junto a Marco y Enrique. Alicia preparo unas cuantas ensaladas para acompañar la comida. Sam se preocupo de animar el ambiente con música a un volumen no moderado. Justin me tomo de la muñeca y me llevó a la habitación.

Sabía de ante mano, que él estaba feliz. Podía notarlo en su mirada, en su forma de reír. Todo el grupo, ese pequeño tumulto de gente, era su mundo. Era lo que él, seguramente, apreciaba mas que a nada. Y yo, por mi parte, me sentía bendecida, y agradecida, de poder tenerlos a ellos como un apoyo para él. Y también para mí.

Durante esos meses que Justin no estuvo con nosotros, pude haberme sentido completamente sola, devastada, y por sobre todo, derrotada. Pero una pequeña parte de mí, sabía que, al menos, sola no estaba. Ellos me sujetaron en uno de los peores momentos de mi vida. Se preocuparon por mí. Y aunque no los vi en ningún minuto, sabía que ellos me observaban a mí. Mas de una vez vi el automóvil de Marco cerca. Casi a diario Sam me llamaba para asegurarse de mi alimentación y de mi ánimo. Ryan nunca se fue. Aunque a veces no le veía ni la punta de los pies en la casa, sabía que estaba allí. Alicia, como siempre cumplió su rol, pero de igual manera se preocupo mucho mas.

Cada madrugada, al llegar y recostarme en el sofá, o en la cama, a lo que pudiese llegar, solía caer rendida. No me preocupaba de quitarme los zapatos, o buscar alguna manta. Pero por arte de magia, en la mañana, estaba cubierta con algo y, sin zapatos. Podía ser Ryan, Paul o inclusive Richard. Pero el olor a frutos rojos y las manos tibias, solo me llevaban a una persona. 

Y luego, al pasar día y noche en el hospital, ellos tampoco me dejaron sola. Ni a Justin. Paul me llevaba un bolso con ropa limpia, que amablemente Alicia preparaba mientras yo le decía por teléfono, que cosas echar. Era preocupada, y muy buena persona. Justin le debía mucho. Y yo también.

A pesar de que nuestros cercanos estuviesen metidos en líos con la ley, que tuviesen que contrabandear cosas ilegales, o que incluso tuviesen que matar para vivir, estábamos rodeados de personas maravillosas. Justin los aceptaba con sus errores. Y yo aprendí a hacerlo.

—Creo que es el día perfecto para enseñarte algo. —Me guía por la habitación, y con un gesto me enseña la cama. Me siento y observo como se apoya en la única muleta que le sirve de apoyo.

—¿A que te refieres mi amor?

—La rehabilitación me ha ayudado, y bastante rápido. Los médicos me evaluaron y me dijeron que si ponía un ciento diez por ciento, volvería a caminar en un santiamén. —El tomo de su voz me es gracioso, y no puedo evitar sonreír por su entusiasmo.

Desde que dejó el hospital, la rehabilitación se ha convertido en su segundo hogar. Las dos primeras veces lo acompañé. Luego, sin darme razones, me pidió ir solo. Richard lo iba a buscar y a dejar. El doctor le dijo que era bueno tener un apoyo. Él le respondió que sabía que mi apoyo era incondicional. Pero que necesitaba hacer el transcurso de la rehabilitación sin tenerme a mí, allí, en la sala. Me sentí dolida, pero comprendí que hay cosas que uno debe enfrentar solo.

—Estoy orgullosa. —Me sonríe. —Ese es mi chico. —Sus mejillas se tornan rosas.

—Vale. Pon atención. —Apoyo mis manos sudorosas en mis muslos. Por alguna razón los nervios se hacen presentes en mi cuerpo. Se que va a enseñarme algo, algo que me hará demasiado feliz. Algo que me dará verdaderas razones para seguir luchando. Y es que, si él lucha por algo que anhela, yo lo haré a su lado.

Changing Attitudes [BOOK 2; Drugs & Troubles]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora