A como pude y a base de mucho convencimiento me aleje por un momento de Hazael y de ahí me fuí.
Fuí hasta mi casa, agarre mi dinero, hice maletas y me fui pidiendo un Uber a la terminal de autobuses moviéndome a Haliburton condado de Ontario.
No quería estar más en esa pequeña ciudad que solo me traía problemas. Estaba harta, además, mi madre había dejado unas propiedad a mi nombre por ahí.
Fueron 20 largas y reconfortantes horas en donde nada extraordinario paso. Solo el dolor en las nalgas por estar tanto tiempo sentada, aún con escaladas, pero todo estuvo tranquilo, me engañaba a mi misma.
En el fondo sabía que nunca me dejarían de perseguir.
Finalmente el conductor anuncio la llegada a Haliburton. El ambiente se sentía diferente, refrescante y libre de tensión.
— Perdoname madre, pero haré uso de lo que me diste al fin. — Fueron ya 19 largos años sin usar nada de la herencia que me fue otorgada.
Mi celular comenzó a sonar, francamente tenía miedo de contestar pero cuando vi el nombre de Frank me alegre. Era uno de los mayordomos más increíbles y casi mi segundo padre, tan fiel hasta el último de los días de mi madre.
— Señorita, me fue notificada su llegada a la recidencia. Iré a recogerla, por favor envíeme su ubicación. — Siempre tan propio, pero entre su seriedad sabía que estaba feliz.
Tal como me lo pidió, lo hice.
Era una cabaña moderna, entre las villas que habían por ahí. Totalmente equipada y lujosa, afuera incluso había una piscina tipo terraza de aguas termales, perfectas para el clima de Haliburton.
Me puse al día con Don Frank, estábamos mutuamente tan felices de vernos. Él incluso vivía a dos villas de donde yo junto a su mujer, ambos ya eran grandes, de alrededor de los 70 años de edad.
Me puse cómoda, tanto como me fuera posible. Paso alrededor de una semana, finalmente me estaba acomodando al estilo de vida aquí, incluso había vendido el departamento dónde antes vivía y estaba siendo adiestrada en el negocio de los bienes y raíces por Frank, todo estaba espectacular.
Ni Hazael, ni Aaron, ni nada de mierdas sobrenaturales. Parecía una bendición.
•
Estaba acostada boca abajo en mi cama, dibujando a todos estos seres que en menos de dos años habían surcado mi vida. Para bien o para mal, me ayudaba a dejar fluir el trauma que había vivido por 1 año y meses.
Este momento era el punto más tranquilo que había tenido en mi vida. Incluso dude de si dibujar al encapuchado de amarillo, pero era parte del proceso según mi psiquiatra.
Tenía la ventana abierta, estaba oscureciendo pero aún entraban pocos rayos de luz a mi hogar. Los pájaros cantaban y yo me relajaba.
Hasta que escuché un chapoteo en la alberca que tenía enfrente.
¿Un animal? Pensé
Pero fue entonces cuando vi al hombre de amarillo con pasamontañas empapado, mirando al piso parado frente de mi siendo separados únicamente por el cristal. Estaba goteando.
Entonces comenzó a golpear su nuca contra la ventana, creciendo con fuerza pidiendo que lo dejara entrar mientras reía. Estaba histérica, pero tampoco quería gritar por qué si venía Frank lo mataría, lo sabía.
— ¡Cállate, cállate por favor! — susurré a gritos.
—¿Te enamoraste de mi que ya hasta me dibujas? — señaló apoyando su dedo en el vidrio viendo mi cama donde dejé la libreta con el dibujo.
— Nada de eso enfermo. Lidio con el trauma de ti y tus estúpidos amigos. — Dije quitando el seguro sabiendo que eso lo enfureceria.
— Le agradarias a Bloody Painter pero probablemente lo matarías igual que al resto. — Gruñó para finalmente poner un pie dentro de mi casa.
Lo miro en busca de respuestas, quería saber cómo fue que dio conmigo y porque se tomó tanto tiempo.
— Estás marcada por mi. No importa a dónde vayas, con quien o como. Siempre te voy a encontrar. — Se acercó a mi sujetando mis cabellos oliendo mis mechones para soltarlos. — Tu aroma es indiscutible, podría reconocerte solo por eso. —
Se separó yendo al refrigerador sacando unas cervezas y tirándose completamente mojado en el sofá.
Imbécil.
Prendió la televisión con el control cerca de él colocando las noticias donde narraban el atroz
asesinato de una familia y la obscenidad con la que fueron masacrados.
Y el autor estaba justo en mi casa, sentado en el sofá.
— No tienes idea de las ganas que tengo por cobrarte todas y cada una de las cosas que hiciste en esa cabaña. — Se levantó el pasamontañas dando un gran trago a la cerveza.
— Pero en cierta forma me liberaste. Esa molesta estática en mi cabeza que llevaba años conmigo se detuvo. — Otro trago. — Tanto que el silencio es agobiante. —
—Me culpas de las acciones de los tuyos. Me secuestraron pedazo de escroto, me torturaron. — Acorte mi distancia con el sin importar que me apuntara con el arma. — Y tú chillas como cerda porque los mate. —
Chasque mi lengua obteniendo una reacción brusca de él, parándose de golpe del sofá apunto de golpearme.
Pero se detuvo extrañamente.
— ¿Que esperas pendejo? —
Fue entonces cuando sentí la pesada presencia angelical detrás mío. Miraba al asesino con tanta fuerza que su presencia hacia denso el ambiente. Todo fue tan rápido que una puntiaguda lanza apretaba la yugular del intruso sacando un poco de sangre de él.
El lugar estaba tenso pero Hoodie se movió ágilmente logrando tajar mi mejilla y unos cabellos míos como advertencia y desvanecerse del lugar dejando a mi protector totalmente enfadado.
Estaba apunto de salir volando y yo sabía que lo encontraría y lo mataría, pero lo detuve.
— No te desgastes. —
ESTÁS LEYENDO
𝑳𝒐𝒔𝒕 𝒎𝒆𝒎𝒐𝒓𝒊𝒆𝒔
FanfictionQuizá nunca fui lo que deseabas que fuera. Pero todo acabará de la misma forma, nosotros te encontraremos. Estés donde estés, a dónde sea que vayas, buenos o malos irán tras de ti. Eres la clave, la última pieza que marcará un antes y un después en...
