Al ver a ese hombre... ¿Qué es lo que observaba?
La misma actitud perezosa, los mismos ojos de pez muerto, la misma permanente natural... Pero sobretodo, el mismo bushido que su maestro les había enseñado.
"Seguir tus propias convicciones", Gintoki sí que sabía cumplir esas palabras, aún más la de proteger lo importante (que él mismo se había impuesto). Desde niños había sido así.
—Hey, Zura ¿Cuánto más?— preguntó un niño detrás mientras con insistencia le picaba las costillas con una vara.
—No es Zura, es Katsura— corrigió Kotarou ignorando los molestos toques del contrario— No presiones Gintoki, un samurái no hace las cosas con prisa, sino más bien calmado y bien hecho.
— ¡Me hago viejo!
—Bien por ti, así pronto maduraras, o eso creo— el más bajo de todos se unió a ellos, permaneciendo con la espalda recargada en la pared de aquella sala.
— ¿Ha? ¿Quién quiere madurar?— respondió Gintoki mirando con fastidio a Takasugi— Más bien, quiero hacerme más alto— esbozó una sonrisa burlesca al pronunciar aquello y entonces le apuntó con la vara con la que molestaba a Katsura— ¿No lo crees, Takasugi?
El aludido puso una cara de pocos amigos al escucharlo, sabiendo bien que aquel niño disfrutaba burlándose de su estatura, pues era el más bajo del grupo.
—Me parece bien, crece y deja morir a tu cerebro. Maldito bastardo— gruñó mostrando una sonrisa forzada.
Conociendo ya la rutina, Katsura se mantuvo atento a su tarea ignorando cuando Gintoki y Takasugi empezaron a pelear con golpes y no con palabras... Así se llevaban ellos.
—Hagan menos ruido—demandó cuando los golpes se volvían más estruendosos— harán que sensei venga para acá.
—Hump— Shinsuke se limpió la sangre de la boca apartándose del niño con permanente natural— eres molesto, Zura.
—En verdad, te quejas cómo niña. Zura— dijo el Sakata sobando su mejilla izquierda que lucía ligeramente hinchada y entonces miró sonriente a su oponente.
—Ojalá fueras más cerebro que fuerza, Zura.
—Ojalá fueras más alto, Zura.
—Eres un fenómeno andante, Zura— continuó Takasugi sonriendo forzadamente.
—Eres un gnomo endemoniado, Zura.
—Mira quién habla— contestó sujetando uno de los mechones plateados del cabello de Gintoki— además ¿Que es está asquerosa permanente natural?
—Deja de estar de envidioso— el chico le golpeó la mano para liberarse— Si la tuvieras te verías más alto y serias más fuerte, Zura.
—Eres un idiota por pensar eso, Zura.
— ¿A quién llamas idiota? estúpido Zura.
—No es Zura, es Katsura— el pelinegro intervinó pasando por en medio de ellos haciendo que se retrajeran un poco hacia atrás— y ya ni siquiera hablan de mí.
Los dos chiquillos miraron con poca gracia al de cabello largo y después suspiraron. Kotarou parecía ser siempre el más serio, y casi siempre les arruinaba la diversión. Pero por más aguafiestas que resultará ser, eran sus amigos al fin y al cabo.
Pensando aquello, se resignaron y lo miraron con expresión aburrida.
— ¿Ya está listo?— cuestionó el niño de cabello plateado.
—Sólo un poco más— Katsura sonrío y miró a sus dos compañeros— Sólo falta la decoración.
Los otros dos mostraron una ligera sonrisa y sin más comenzaron a decorar el pastel de cumpleaños que habían preparado para su maestro, Yoshida Shouyou. Y entre insultos, bromas, discusiones y uno que otro golpe, terminaron un pastel un tanto extraño por tres diferentes estilos de decoración juntos.
Katsura sonrío ante aquel recuerdo que le traía tanta nostalgia, consiguiendo que Elizabeth le cuestionara que sucedía.
—No es nada— respondió el samurái, luego notando que un trío peculiar pasaba por el otro lado de la calle.
— ¡Deja de molestar, maldita mocosa!— gruñó Gintoki mirando a la niña china que tiraba de su mano.
— ¡Es mi cumpleaños aru! ¡Debes consentirme aru!— respondió aquella tirando con más fuerza de manera que hizo caer al hombre con permanente natural al suelo.
— Ka... Kagura-chan...— Shimpachi la llamó tratando de calmarla.
— ¡Agh, niña molesta!— la miró desde abajo y después suspiró— ¡Bien! Súbete. Pero ya cállate— La Yato sonrío ampliamente y sin más se subió a la espalda del mayor abrazándose a su cuello. Gintoki suspiró de nuevo y se incorporó con la chiquilla arriba de él, agitando una vez su cuerpo para acomodarla mejor—... Mocosa consentida, tu padre es un monstruo por haberte criado así.
—Tú también llevas culpa, Gin-san— reprochó el Shimura suspirando.
— ¿Ha?
—Cállate Shimpachi— Kagura se abrazó con más fuerza al hombre que la cargaba— Es natural consentir a tu linda hija aru.
Gintoki suspiró una última vez y poniendo una mirada desganada continúo caminando.
— ¿Quién demonios es la "hija linda" que mencionas? Maldita sea...
Kotarou los miró de lejos manteniendo una sonrisa aun cuando se alejaron lo suficiente para no ser vistos.
Al ver a ese hombre... ¿Qué es lo que veía? Nada más y menos que a su viejo y estúpido amigo, que no había cambiado en lo absoluto.
