Segunda familia.

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El trabajo del día había sido tan sólo sacar a pasear a un miserable perro, y una tarea tan fácil pudo ser cumplida antes de las 2 de la tarde. Ahora la Yorozuya esperaba sentada en un banquillo a que otro trabajo surgiera mientras sus tres integrantes suspiraban uno después de otro.

—A este paso nuevamente tendremos que comer solo arroz con huevo otra semana— musitó el mayor con una depresión casi palpable.

—En realidad no me quejo de eso aru.

—Eso es porque eres un monstruo come-arroz-con-huevo— respondió aquel mirándola de reojo. Kagura, que estaba en medio de sus dos compañeros, empezó a jugar agitando sus pies mientras sus amigos cada vez lucían más lamentables.

—Vamos, vamos... Es la tercera crisis que pasamos en el año ¿no? No hay que desanimarnos — Shimpachi intentó alegrarse un poco.

—La tercera en un mes— corrigió Gintoki suspirando una vez más. Shimpachi soltó un suspiro que sonó más cómo un gemido — ¡No quiero vivir más de huevo y arroz! ¡Necesito azúcar en mi dieta!— Mientras decía aquello se encogía y sujetaba su cabeza con ambas manos con frustración.

—Y Con sus horribles caras nadie va a contratarnos aru— Kagura miró al cielo y resopló— Digo, cualquiera quisiera contratar a una bonita niña, pero no a dos ancianos feos.

Los dos hombres miraron a la menor inexpresivamente y antes de que el Shimura pudiera defender su edad, Gintoki golpeo en la cabeza a la menor.

—¿Por qué me pegas?— Kagura miró confundida al samurái con permanente plateada.

— Pásasela a Patsuan— Respondió para evitar discusiones.

— ¿Eh? ¿Por qué...? ¡No! ¡Espera Kagura-chan! ¡Con el puño no!

El Sakata metió un dedo en su nariz mientras miraba hacia el frente ignorando a la persecución que él mismo había generado contra el pobre Shimpachi. En ese momento una pareja paso frente a ellos, con un pequeño niño tomando la mano de sus dos padres haciendo que el alboroto se detuviera, pues sería malo molestar a los transeúntes.

Una pequeña familia de tres integrantes...

Cuando niño, una vez se quedó mirando a una, pensando en cómo debía sentirse. Y quizás siendo malinterpretado, Shoyou de repente tomó su mano y le mostró una sonrisa. Gintoki no pudo evitar reírse en aquel momento y sentir gratitud hacia aquel hombre, que parecía esforzarse por darle una verdadera infancia. Aunque en el presente se limitó a ver a las personas irse sin cambiar de expresión.

Por otra parte, Shimpachi mostró una sonrisa amable para con la familia que se alejaba de ahí, recordando los tiempos en los que Hajime, Otae y él salían a las calles a caminar.

Y finalmente, Kagura miraba fijamente al pequeño niño, viéndose reflejada en él. Si bien su madre nunca pudo salir a jugar con ella, su padre y hermano sí. Umibozu y Kamui solían cogerla de la mano tal y como los padres del niño hacían para con su hijo. Y la sonrisa del infante era idéntica a la de ella en aquellos tiempos.

Para los tres... Eran tiempos que jamás regresarían.

— Ka... ¿Kagura-chan? ¡O... Oye!— Shimpachi se acercó a la Yato al ver lo triste que se había puesto su mirada. La aludida reaccionó de inmediato y meneó la cabeza mostrando una sonrisa luego.

— Parece que me dio sueño aru— Contestó.

Gintoki suspiró, sacó el dedo de su nariz y se puso de pie.

— Mocosos molestos— Masculló al tiempo que iba a donde ellos y sin previo aviso los cargó a cada uno bajo sus brazos— Maldita sea, cada vez pesan más.

—¿Gin-san?— Los dos miraron al rounin confundidos.

— Con esas lamentables caras tristes tampoco atraeremos clientes. Vayamos por azúcar— Contestó con una amplia sonrisa.

Shimpachi y Kagura sonrieron de una manera similar. Si, ninguno de ellos tendría de nuevo aquellos tiempos, pero los nuevos eran incluso mejores. Tenían una segunda familia ahora.

— ¡Yo quiero Sukombu aru!

— En ese caso yo prefiero algo menos dulce.

— ¡Mocosos engreídos! Si digo azúcar, será azúcar.

Gintama One-shotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora