5 años después...

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Ese día caminaba por las calles de Kabui-cho, ocultando su reconocida cara debajo de su kasa (suena gracioso, pero "kasa" es el sombrero de paja xD). El tiempo había transcurrido ya, y durante muchos años habían dejado de actuar bajo el nombre de "shinsengumi", pero aun así no debía ser descuidado.

Desde el arresto de Kondo, todos los miembros eran considerados peligrosos, por tener el potencial de volverse jouis, y aunque el tiempo se había encargado de darles cambios, aún existían rasgos en ellos que fácilmente se distinguían.

Okita usaba un kimono rojo y un hakama blanco, una espada cansaba en su costado izquierdo, ahora era más alto y su cabello incluso era largo ahora. En sus labios llevaba una rama seca mientras sigiloso caminaba a plena luz del día.

¿En qué demonios se había convertido la ciudad? Ya nada era interesante, todo el mundo parecía sufrir, y todo era un completo caos. Solo los pobres seguían ahí, y eran intimidados por otros pobres más fuertes.

"En verdad que es un fastidio" pensó Sougo mientras colocaba su mano derecha en la espada que descansaba aun enfundada sobre su cadera, dispuesto a sacarla para defender a una miserable mujer y a su hijo que acababan de ser acorralados por unos matones con vestimenta de yakuza. Pero justo en ese momento un estruendo lo hizo desatenderse de sus pensamientos.

En cuestión de segundos, los matones habían sido envueltos con una espesa nube de humo gris que tardó en disiparse, mientras lo único que se escuchaba eran los quejidos y tosederas de aquellos.

—No dejaré que está sucia ciudad siga pudriéndose, bastardos. Si quieren robar, lárguense a otro lado.

Inmediatamente giró la cabeza hacia atrás, donde aquella voz había hablado.

La voz...

La voz la conocía muy bien, en el pasado, claro está. Pero la dueña no le sonaba en lo absoluto.

Una hermosa mujer debajo de un enorme parasol purpura, de piel blanca como una hoja de papel, bellos ojos azules, hostiles y fríos. Cabello largo, suelto y de aspecto sedoso que se ondeaba de un lado a otro con el suave susurrar del viento. Voluptuoso cuerpo y excelsa figura femenina bien formada. Una albina y fina mano se posaba sobre su delineada cintura mientras su rostro mientras un aire de arrogancia la envolvía.

La conocía, y lo sabía. Pero aún no lo creía.

Aún incrédulo, Okita permaneció observándola con sorpresa sin que la chica se percatara de él.

— ¡Son Gura-san y Sadaharu!— Alguno de los otros espectadores grito. Finalmente la mujer tuvo una reacción.

— Imbéciles, esto no es un espectáculo— Respondió, provocando que la gente rápidamente se empezara a alejar. Pero Sougo permaneció ahí.

La conocía, y a su vez no. Sabía de la desgracia que había ocurrido hacia 5 años atrás, después de todo, esa desgracia fue la causante de que todo colapsara. El danna se había ido, dejando atrás a las personas que de él dependían, y eso aparentemente había tenido fuertes estragos en los dos niños que vivían con él. Lo último que había sabido de ella es que había ido a acompañar a su padre para entrenar, luego de haber tenido una fuerte discusión con el cuatro-ojos. Y ahora parecía totalmente una persona distinta.

— Tú también deberías ir a casa, no hay nada que ver por aquí— Por fin se dirigió a él, pero aún sin reconocerle.

— ¿eh? ¿Así que la china decidió volverse un héroe callejero?— Sougo alzó la cabeza, dejando por fin ver su rostro. Los ojos ajenos finalmente expresaron algo más que aspereza.

— ¿Sádico?

— Parece que hacen un buen trabajo remplazándonos— musitó sacando la ramita seca de su boca y esbozando una sonrisa burlona. Kagura cerró los ojos y giró el rostro, siempre con ese aire de arrogancia rodeándole mientras sostenía con una mano su sombrilla y la otra permanecía sobre la curva de su cintura.

— ¿Quién está haciendo esto por ustedes? Solo son un par de tontos que dejaron su trabajo a medias— Dijo antes de dar pasos hacia adelante con Sadaharu caminando detrás de ella— Nosotros solo estamos protegiendo lo que Gin-chan amaba...— Trató de no expresar ninguna tristeza en esa última frase.

— Ya veo...— el danna realmente era el pilar de todo, aparentemente. Sin él, la china y el cuatro-ojos habían madurado, pero incompletamente, lo único que hacían era encubrir el desastre con una delicada manta...

Pero él sabía lo que era la perdida, lo duro y doloroso que era sobrevivir a ella, y aún más cuando se trata de una persona tan importante. Así que sería considerado para con ella.

— Deja de ser tan escandalosa la próxima vez que "protejas" algo, china— enunció antes de caminar en dirección contraria a donde Kagura avanzaba.

—Como si fuera a escucharte. Hago lo que quiera como yo quiera— Respondió sin mirar atrás, y sin más, su figura se alejó hasta desaparecer.


Gintama One-shotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora