Cristian y yo nos dirigíamos al salón de química; cuando entré, noté a Cristofer sentado en el suelo con los auriculares puestos escribiendo en una libreta.
No le presté mucha atención y me senté en la mesa de granito negro que compartía con Valeria.
–Oye, ¿sabes quién parece celoso? –Se le veía risueña.
–No, no se de quien me hablas. –Saqué una libreta de mi mochila y me puse a dibujar garabatos en ella.
Sabia de quien hablaba. Pero prefería evitar esa platica, ya bastantes cosas tenía en la cabeza como para agregarle una más.
Pero Valeria no parecía querer dejar el tema por zanjado. Se acercó más a mí, para que solo yo pudiera escuchar lo que fuera que tenía por decir.
–Pues estoy hablando de Cristof… –se quedó callada cuando el maestro entró al aula y se acomodó en su silla.
Comenzó a hablar sobre el proyecto que entregaríamos después de las vacaciones, todos los recursos que podíamos utilizar y el tiempo que nos daría entre clases para poder llevarlo a cabo.
Estaba por acercarme a Cristofer para tratar el tema de nuestro proyecto, cuando el maestro me hizo señas para que me acercara a él.
–Britani, sobre el proyecto que asigné el día de ayer, he decidido que trabajarás con Cristian, el chico nuevo, ya que eres la única persona con el que lo he visto hablando. Además, me he enterado que eres su tutora.
–Claro, profesor. Pero, ¿Qué pasará con Cristofer?
A pesar de haber dicho que me sentía obligada a realizar el trabajo con Cristofer, y de no querer hablar con él, me preocupaba que tuviera problemas en su proyecto. Después de todo, el proyecto valía la mitad de nuestra calificación en esa materia.
–De eso yo me encargaré, tú no te preocupes.
Asentí y me encaminé hacia la mesa donde se encontraba un confundido Cristian. No tenía idea de que proyecto hablaba el profesor. Pasé toda la clase explicándole lo del proyecto y concordando horarios después de clases para poder avanzar.
Las demás clases pasaron volando, por fortuna. A la salida, me despedí de Valeria y comencé a caminar hacia mi casa. Me hallaba colocándole los audífonos a mi celular, cuando alguien gritó mi nombre.
Al voltear, vi a Cristian correr hacia mí.
–Ah, hola¸ no te había escuchado.
–No pasa nada, solo quería encontrar un acompañante de camino.
– ¿Vives cerca de aquí?
Ya llevábamos algo de camino. Asintió.
–Sí, doblando la siguiente esquina hacia la derecha.
–Vaya, que coincidencia, yo también en la siguiente esquina, solo que hacia la izquierda.
Me sonrió, y seguimos caminando en silencio. Cuando llegamos a la esquina, estaba por despedirme de él, cuando habló primero.
–Bri, ya que somos amigos, me gustaría, no sé –se rascó el cuello– ¿quieres ir a tomar un café conmigo?
–Claro, ¿pasas por mí o yo por ti?
–Yo por ti.
Saqué un pedazo de hoja de mi libreta y escribí rápidamente mi dirección, para que no se perdiera. Le tendí el papel en cuanto terminé y él lo observó.
–Pasaré por ti como a las 7.
–Hasta entonces –le di un beso en la mejilla y me encaminé hacia mi casa.
***
A las 7 en punto, sonó el timbre de mi casa. Me había puesto un pantalón y una blusa sencilla, pero en cuanto abrí la puerta, reconsideré el irme a cambiar.
Cristian iba muy elegante enfundado en un traje, no parecía que solo fuéramos a ir por un café. Pero decidí no decir nada y solo cerrar cuando estuve fuera.
Nos la pasamos platicando en todo el trayecto hacia la cafetería, y una vez ahí, pedimos dos capuchinos para llevar.
Decidimos ir al parque que se hallaba cerca para seguir platicando en lo que terminábamos nuestros capuchinos. Cuando estábamos por cruzar la calle hacia el parque, vi que de frente a nosotros se acercaban Cristofer y su novia. Ambos venían riendo, hasta que nos vieron y se quedaron callados.
No le di importancia y seguí caminando con Cristofer hasta que encontramos una banca vacía en la que nos sentamos. Al levantar la vista, noté que a lo lejos Cristofer me observaba mientras seguía caminando a lado de Rubí.
Su mirada antes sonriente se veía ensombrecida. Quizá Valeria no estaba tan equivocada después de todo, y Cristofer si tenía celos de Cristian.
Aunque no le encontraba sentido a eso. En primer lugar, él tenía novia, y en segundo, Cristian y yo no éramos nada, solo amigos.
Después de estar un buen rato conversando y de haber terminado nuestros cafés, decidimos que era hora de volver cada quien a nuestras casas. Durante el trayecto, me seguía sintiendo observada, y cuando me giré disimuladamente, noté que quien nos seguía era Cristofer. Ahora se encontraba solo.
Llegamos a mi casa, después de que Cristian se ofreciera a llevarme, cuando estaba por entrar, me habló:
–Gracias por ser mi amiga, Bri –y sin previo aviso me dio un abrazo.
Me quedé estática ante el acto, pero noté que Cristofer se encontraba cruzando la calle, observándonos, y en cuanto notó mi mirada, se retiró.
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