CAPÍTULO 20

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El timbre del teléfono la sobresaltó, obligándola a salir de la cama.

- ¿Hola?

No hubo ninguna respuesta. Con el corazón latiendo desbocado en sus oídos, Eva intentó nuevamente iniciar una interlocución.

- ¡Hola!

La voz que nunca pensó volver a oír resonó del otro lado de la línea.

- ¿Eva..., dormías?

Sin poder contener un chillido, ella arrojó el teléfono al otro lado del cuarto como si así pudiese destruir la evidencia de que su peor pesadilla se había hecho realidad. Lautaro, sorprendido, se levantó de un salto y la tomó por los hombros.

- ¿Qué sucede? – inquirió angustiado.

Alterada y confundida, ella solo lograba balbucear algunas incoherencias mientras se debatía obstinada.

- Es él, es él, volvió – murmuró intentando soltarse -. ¡Oh, Dios! ¡Volvió!

Él la sacudió levemente para conseguir que reaccionase y lo mirara, mientras intentaba comprender lo que sucedía.

- ¡Eva, tranquilízate! ¿De qué estás hablando? – preguntó preocupado -. ¿Quién volvió?

A fuerza de forcejear, ella logró soltarse y corrió hacia donde estaba su ropa. Lautaro la siguió intentando, en vano, apaciguarla. Lágrimas de angustia corrían por sus mejillas y las palabras salían a borbotones.

- Es Ramiro, está vivo, acaba de llamarme – reveló mientras se vestía apresurada - Tengo que salir de aquí.

El rostro preocupado de Lautaro se convirtió en una máscara de odio. Desistió de seguirla y se plantó en medio del dormitorio.

- ¿No viste desde que teléfono llamó? – preguntó tajante.

Eva agitó la cabeza varias veces y corrió hacia el armario en busca de un bolso. Encrespado, él se colocó los pantalones y fue en busca del celular. El artefacto se había desarmado dañado por el golpe.

- Tienes que tranquilizarte – ordenó sobriamente mientras recogía las piezas desparramadas por todo el lugar - Veremos desde donde llamó y luego decidiremos qué hacer.

Sin prestarle atención, ella colocó varias prendas dentro de la maleta y se calzó deprisa. En tanto tomaba su bolso y un abrigo lo presionó resuelta.

- Tienes que apurarte, no voy a quedarme aquí esperando que vuelva – replicó ansiosa mientras se encaminaba hacia la puerta.

Lautaro, pendiente del teléfono, no se percató que ella intentaba marcharse hasta escuchar el picaporte. Maldiciendo entre dientes, se lanzó a buscar el resto de su ropa.

- ¡Eva, no salgas! – gritó alarmado.

Era demasiado tarde, cuando ella abrió la puerta, chocó de lleno con la figura erguida en el umbral.

- ¿Hola, querida, me extrañaste?

Eva se sintió desfallecer al encontrarse, nuevamente, cara a cara con Ramiro. Retrocedió apurada trastabillando consigo misma para poner distancia entre ellos. Él avanzó dentro del cuarto empuñando un arma con total impunidad.

- Lautaro, que sorpresa encontrarte aquí – comentó fingiendo asombro -. Me alegra tener nuevamente a la familia reunida.

Tirando el celular sobre la cama y cruzándose de brazos, el mencionado se enfrentó a su hermano en una actitud abiertamente agresiva.

EL INFIERNO DE EVAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora