Kayla's POV
Palidecí ante la amenazante nota que aun sostenía inútilmente entre mis manos temblorosas. Lágrimas calientes se agolpaban en mis parpados pugnando por salir de su celda y abrirse paso a través de mis mejillas. Un nudo se estableció en mi estómago y garganta, duro, pesado e imposible de deshacer. La amarga sensación de mi garganta me provocaba tragar saliva más a menudo, intentando en vano deshacerme de ella. Todo esto debe de ser una broma, pensé atemorizada, y sin más arrugué el trozo de papel entre mis dedos y lo lancé al fondo de mi taquilla la cual cerré de un portazo. Me recosté sobre el frío metal intentando recuperar el control de mi cuerpo que actuaba de forma involuntaria a mi conciencia, posé las manos sobre las taquillas intentando inútilmente sostenerme a algo, pues el temblor de mis rodillas amenazaba con dejarme caer al duro suelo de baldosas del pasillo.
Nada me arruinaría el día, dije intentando convencerme mí misma y poniéndome en pie de nuevo. Con paso lento me dirigí a mi primera clase, deseando que aquella nota no alborotase mis ideas y que estas no me atormentasen durante el resto del día, aun sabiendo perfectamente que lo que pedía era imposible. Ya en clase me senté en mi lugar correspondiente e intenté prestar atención a la explicación del profesor, sin embrago mis pensamientos siempre acababan volviendo a la nota, atormentándome con miles de preguntas, hipótesis y conclusiones. Sentía mis nervios crisparse con cada tic-tac que el reloj emitía. Mi pulso temblaba a la hora de escribir, fruto del movimiento descontrolado de mi mano y un sudor frío me recorría la espalda erizándome todos los vellos del cuerpo.
Intenté, en vano, pasar el resto del día sin pensar en aquello pero me resultó imposible. Por un momento temí que se descubriese mi secreto más oscuro, aquel que había ocultado durante más de un año y que me había ocasionado volverme más retraída de lo que ya era. Aquel suceso que marcó mi vida para siempre con una herida profunda y sangrante que no había sanado aun y su infección se había extendido por el resto de mi sistema, para mi suerte desapareció tan rápido como apareció y mi vida pudo volver a su monotonía de siempre, sin embargo siempre dolería pues la cicatriz que esta dejaría jamás sanaría del todo. Pero eso sería imposible pues nadie sabía acerca de él. Obligué a mí mente a alejar aquellos pensamientos y recuerdos, empujándolos a lo más profundo de mi mente, como escondiéndolos debajo de la alfombra puesto que sabía jamás desaparecería.
El timbre sonó indicando el final de clases y toda mi atención y todos mis nervios se dirigieron a la reunión, sinceramente no sabía cómo llamarlo, que tenía con Ricky esta tarde. Puede que no sintiese nada por él, sin embargo, quedar a solas me resultaba inquietante y reconfortante a la vez. Le tenía aprecio, eso era evidente, pero no lo podía ver como algo más que no fuese un buen amigo protector, jamás lo podría ver de la misma forma que a Brad, con Brad era todo química, impulsos incontrolables que me asustan pues no me reconozco. En Ricky sin embargo veía un confidente, un amigo de aventuras, incluso un segundo mejor amigo a quine confesar temores que no podría compartir con Brad porque algunos le incumbirían. Era así como quería que fuese mi relación con él, sim embargo temía que no lo aceptase.
Salía del instituto ajustando la mochila sobre mis hombros cuando lo vi, estaba en la entrada recostado sobre un muro llevando su mochila colgada de un solo hombro y sonriéndome cálidamente cómo era característico en él. Me acerqué y lentamente se puso derecho sin perder la sonrisa, la cual se me contagió inmediatamente. Sin decir palabra alguna nos dispusimos a caminar hasta la cafetería más cercana, la cual estaba tan solo un par de minutos, cualquiera que pasase por la calle pensaría que éramos dos compañeros de clase y buenos amigos que se disponían a hacer su camino hacia casa después de un día de instituto. Realmente deseaba que pudiésemos llegar a ser eso.
Al llegar la cafetería Ricky se adelantó para abrirme la puerta como el caballero que era arrancándome una ligera risa. Una vez dentro tomamos asiento en unos confortables sillones retro con franjas azul celeste y blanco. Todo el local tenía ese aire ochentero moderno y melancólico decorado con fotografías de la comida que allí servían y cristales blancos enmarcados donde la gente podía dejar mensajes. Reí levemente al ver algunos nombres de pandillas o comentarios sobre chicos y chicas que habían visto en el local. Pasaron unos breves segundos hasta que una chica más o menos de nuestra edad nos atendió vestida con un vestido azul celeste y un delantal blanco, tenía su pelo castaño recogido en una coleta alta y loa labios pintados de un ligero color rosa muy acorde con la temática de la cafetería.
ESTÁS LEYENDO
Adoptada por el popular
RomanceTodos tenemos pesadillas, son nuestros peores temores hechos realidad, nuestra debilidad sacada a la luz, nuestra vida destruida en pocos segundos. Todos tenemos pesadillas que nos parecen aterradoras, pero al despertarnos desaparecen. Ojalá mi vida...
