[Secuela de Amor Prohibido]
[Completa]
Aome y Maximiliano tienen la felicidad que siempre desearon. Una vida de lujos, sus hijos, familia y sobre todo, su amor incondicional.
Parece perfecto.
¿Pero qué pasa cuando los fantasmas del pasado regres...
Sus ojos seguían en una muda mueca. Después de dejarme caer esa bomba no había vuelto a mencionar una simple sílaba.
Me llevé las manos a la barbilla esperando a que hablara, pero simplemente se veía que no podía decir palabra alguna.
Me levanté de mi asiento y me acerque a él molesto. Aunque me acababa de decir que era el padre de mi mujer, me irritaba, su presencia era algo incómoda.
—¿Se que tienes muchas preguntas?
Su voz me detuvo antes de llegar a dónde se encontraba hundido en el pensamiento.
—Supone bien. Esto es algo difícil de digerir.
—¿Aome, cierto? Ese es su nombre.
—Sí.
Conteste con sequedad.
—Al menos Roselind le puso mi nombre favorito.
Suspiró sin despegar la vista hacia un cuadro que colgaba de la pared de mi oficina.
—Roselind jamás lo mencionó. Aome piensa que su padre está muerto, o que jamás supo de su existencia.
Se giró a verme de frente. Me miró directo a los ojos.
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—Te pareces mucho con tu madre.
Tragué fuerte.
¿Qué demonios tenía que ver mi madre en esto?
Sus palabras seguían dejándome en estado de Shock. Ahora estaba hablando de mi madre. Si alguna vez habíamos estado en alguna habitación yo no lo recordaba.
—Conoció a mi madre.
Una sonrisa pintó su rostro.
—Hermosa. Ella era una mujer encantadora, sencilla pero a la vez brillante y lo mejor, su mejor cualidad, su grandiosa inteligencia.
La nostalgia en sus palabras me dieron un mal sabor de boca. Sabía que mi madre no venía de este ambiente desde nacimiento, era imposible que él la conociera antes de ser la esposa de mi padre. Metió sus manos en los bolsillos y sacó su móvil. Se acercó a mí mostrándome algo en la pantalla.
Mi corazón dio una pirueta.
—¿Cómo?
—Tengo años conociendote, Maximiliano.
Los formalismo los había mandado a la mierda.
En la fotografía estaba mi madre, mi padre, otro niño, él y yo.
—Yo no lo recuerdo.
—Eso tiene años. La fotografía es antigua, solo que le tomé una captura para poder mostrartela.
Eso era obvio. Sus ojos sonrieron arrugando la esquina de estos.