🥀Capítulo 22🥀

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Aome

No podía borrar la sonrisa de mi rostro. Lo que acababa de pasar con Maximiliano me tenía en las nubes. Aunque casi se había visto arruinado al ver a Angelina entrar así de la nada en su departamento. No podía negar que si me había hecho sentir algo celosa, pero la forma en cómo él me había dicho que no pasaba nada entre él y ella, había calmado mis celos. Extrañamente le creía, sentía tanta seguridad en sus palabras.

Me había dicho que me amaba, pero tal vez era mi mente jugándome una mala broma. El momento, no entendía, pero una persona no podia amar de un momento a otra. Tal vez había amado el sexo conmigo, si, eso era. Mi mente era un caos total.

Alexandra reí cada vez que me veía. Aún no le decía nada, pero su imaginación estaba volando. Nos habíamos detenido en un Café antes de ir a casa, ella tenia hambre, o más bien curiosidad, podía sentirlo.

Aún seguía con el saco de Max puesto sobre mí para cubrir el ziper roto, y no quería quitármelo. Su olor estaba en este y lo sentía tan penetrado.

Alexandra me paso la cuchara para endulzar el té verde y sonrió al ver mi cara.

—Ya, dímelo ¿Cómo fue? —la picardía en su rostro me daba risa.

Sonreí y me lleve la taza a los labios, ella mordía los de ella ansiosa. Desvié la mirada tratando de no verla, su mirada me causaba vergüenza. Ella me hacía sentir que acababa de hacer algo descabellado. Carraspeó con la garganta, no pude evitar verla. Ella sonreía muy abiertamente. Dejé la taza de té con mucho pesar, suspiré fuerte, dejé salir todo el aire que tenía reprimido en mis pulmones.

Mi cabeza pulsaba. Recordar a Maximiliano era gratificante.

—¿Cómo tenía que ser? Fuimos a cenar —le respondí con calma.

Me dio un golpe en la mano con la servilleta.

—No me vengas con esas. Se que no estás allí porque algo pasó.

—Angelina paso —frunció las cejas molesta.

—¿Qué hacía esa bruja allí? —alcé mis hombros mientras tomaba una galletita y la mordía.

—Se ve que son buenos amigos.

Ella arrugó la nariz en desaprobación. 

—Amigo el raton del queso y aún así se lo come. ¿Y? ¿Paso algo?

—Este maldito vestido —baje mis ojos en lo que aún traía puesto. Estaba culpando al vestido.

—Sí cómo no, "el vestido" —hizo eso entre comillas y se echó en carcajadas.

Las personas solo nos observaban como si estuviéramos dementes.

—Me gusta.

—Claro que no —dijo en sarcasmo. La mire sorprendida—. Te encanta. Mira tus mejillas, se ponen rojas cuando hablas de él.

Ambas nos soltamos en risas.

—Sí, sí, me encanta. Es tan —me mordí los labios recordando lo apasionado que era—, guapo.

—De eso no hay duda —alzó ambas cejas en una mueca pícara.

—Pero no sólo es eso, él me hace sentir viva. Me siento cómoda cuando estoy a su lado.

Alexandra bajo el rostro y sonrió.

—Es bueno que pases tiempo con él, que te ayude con tus memorias.

—¿Por qué? ¿Qué tienen que ver mis memorias con él?

Ella se puso nerviosa. Rodó los ojos y se llevó la mano al cabello.

Amor EternoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora