🥀Capítulo 9🥀

8.3K 514 169
                                        


Maximiliano

Termine de hablar con el señor Reynolds, y busque a Aome. Me había dicho que iría a buscar algo de tomar. Camine hacia la puerta, su aparición me hizo parar en seco. Su cuerpo se interpuso no dejándome avanzar. Me dedico una sonrisa divertida y me alzó las cejas.

—¿Ya te vas? —junto sus labios en una expresión de tristeza.

—Estoy buscando a mi esposa —le aclare con un tono amable. No tenía motivos para ser grosero con ella.

—Oh si, tu hermanastra, ¿verdad? —el tono en como lo había dicho no era nada agradable.

—Es mi esposa —le recalque.

Me moví hacia un lado y le pase de largo. No quería charlar con ella. Sus largos dedos me agarraron del brazo. Volteé con ferocidad mi rostro.

—Amelia te manda saludos.

Maldición, yo sabía que de esta mujer no saldría tan fácil. Tomé aire y recupere compostura, quite sus dedos de mi brazo con delicadeza. No quería que ella armará un show aquí. Tragué saliva.

—¿La viste? —su sonrisa creció al ver mi cara.

Tenía años que no sabía de Amelia, sí, años. Desde que la habían encerrado en un psiquiátrico, no había vuelto a saber nada de ella. Angelina era amiga de Amelia, habían trabajado juntas y eran como uña y carne. Se conocían desde el colegio era más, hasta me sorprendía que Aome no la recordará. Yo había estado con Amelia muchos años, muchos. No había tenido una relación seria más que con ella, por eso Angelina me conocía y muy bien. Cuando me había ido a vivir a Inglaterra, ella trabajaba de modelo en ese país. Aidan y ellas habían entablado una amistad, si es que se le podía considerar eso.

Me fije en su rostro, sus labios no dejaban de tener esa sonrisa maliciosa que había tomado desde que había vuelto a poner los ojos en mí.

—Sí, tenía que verla. Siempre que vengo de paseo o a visitar a mis padres, le doy una visita.

—Espero este mejor —dio un paso acercándose a mí.

—Esta mejor, cada día avanza más. Pero aún la odia. Odia demasiado a tu esposa — masticó las últimas palabras.

—Pues entonces espero jamás salga, y si sale, sabes que le toca ir a prisión.

Volví a dar tres pasos en dirección a la salida. Su mano de nuevo me sostuvo, pero esta vez su agarre fue brusco, me envió un pincho de dolor al músculo. Sus uñas se incrustaron con fuerza en mi saco. La tomé de un brazo y la arrastré conmigo fuera de la sala, algunas miradas se posaron en ambos. Masculle por lo bajo, no quería escándalos.

Salimos de la sala y deje ir su brazo. Me acomode el saco dejando salir el aire en frustración. Ella empezó a reír fuerte, se acercó delineando en un camino hacia arriba por mi corbata, me aleje de ella molesto.

—Ay Max, tan brusco y ardiente como siempre —se lamió los labios—. Sabes, cuando Amelia hablaba de ti, pensaba que solo estaba bromeando, me decía a mi misma que en verdad estaba loca, o le faltaban más hombres. Aunque eso lo descarte cuando te tuve en mi cama —se mordió los labios—, eres un hombre inolvidable.

—Deja de jugar, Angelina.

—¿Jugar? No, para nada. Esto no es un juego, es más bien una competencia.

Me pasé las manos por el cabello, yo podía ser paciente con las personas que me importaban, pero con personas como Angelina o Aidan, mi límite llegaba a un punto donde me podían desatar el demonio interno.

Amor EternoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora