Maximiliano
Toque en la puerta del baño, pero ella no me contestó. Bajé el rostro y regrese de nuevo a la sala. Angelina estaba sentada en uno de los sofás. Me sonrió y rápidamente cambió la sonrisa por una mirada de sorpresa. Aome salió del pasillo ya cambiada y medio peinada. Traía un saco mío encima de su vestido. El cierre se había estropeado y necesitaba algo para cubrirse.
Ella no lucía contenta.
—Puedo ir a dejarte —le dije queriendo acercarme.
Se movió incómoda, sin despegar la mirada de Angelina.
—No —contestó seca—. Alexandra ya viene por mi.
Los guardespaldas que Aome traía todo el tiempo con ella, los habíamos burlado saliendo por detrás del restaurante. Ni siquiera se habían dado cuenta, por eso ahora había tenido que llamar a su hermana.
Angelina se levantó del asiento y caminó a donde estábamos ambos. Se le veía pena en los ojos.
—Aome no debes irte, la que se va soy yo. Pensé que Max estaba solo, así que me tome el atrevimiento de venir. No quería interrumpir, así que mejor me voy.
—No Angelina, no te preocupes. La que debía irse hace mucho tiempo soy yo.
Yo solamente podía ver el coraje en sus ojos. Seguro Aome pensaba que tenia algo con Angie. Estaba celosa y eso aunque en otra situación sería crítico, en esta me emocionaba pensar que ya causaba celos en su interior.
Me acerque a ella y se echó hacia atrás otra vez. No quería que la tocara.
—Aome —me levanto un dedo en señal que no dijera ni una palabra más.
—Nos vemos el Lunes, jefe.
La seriedad en cómo lo había dicho hizo que quisiera reír. Me tape la boca tratando de no soltarme en una carcajada. Ella estaba celosa.
Su teléfono sonó y ella lo miró enseguida. Alzó la mirada y se despidió con sus ojos. Salió hacia el elevador en zancadas. La seguí. Este se abrió y ella entró sin miedo. Aceleré mis pasos y logre entrar junto con ella.
Las puertas se cerraron.
—No pensabas ni siquiera despedirte de mí —mi voz salió ronca y en jadeos.
La acorrale contra la esquina del elevador. Puse mis manos aprisionandola entre mi cuerpo y la pared.
Su respiración creció agitándose mientras sus ojos buscaban ver todo menos a mí. Se llevó las manos al cabello y lo movió disimulando que su corazón pegaba en mi pecho. Logró verme a los ojos y deslizó una cautivante sonrisa.
—Adiós, Maximiliano —el tono en cómo había salido cada letra, hizo a mi cuerpo temblar. Era seductor.
No había duda que esta mujer era mi adicción. Ella me volvía loco.
Fui bajando mis manos por la pared hasta llegar a sus caderas.
—No debías irte —sople en su boca.
—Es lo mejor —bajó algo su voz—. Mi abuela se preguntará dónde estoy, además, se supone que esto sería solo una cena.
Curvamos una sonrisa al mismo tiempo en complicidad.
—Te sientes culpable por lo que pasó.
Nuestras miradas se quedaron fijas. Ella abrió los labios y se los mojo.
—No —deslizó sus dedos en mi pecho, corriendolos con sensualidad—. Por un momento me olvide que todo esto es nuevo para mí, olvidé que mi mente estaba tan vacía. Me sentí tan...—baje mi rostro casi rozando sus labios—. Segura...—gimió.
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Amor Eterno
Romance[Secuela de Amor Prohibido] [Completa] Aome y Maximiliano tienen la felicidad que siempre desearon. Una vida de lujos, sus hijos, familia y sobre todo, su amor incondicional. Parece perfecto. ¿Pero qué pasa cuando los fantasmas del pasado regres...
