🥀Capítulo 14🥀

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Aome

Sus manos recorrían piel, eran tan delicadas tan suaves pero a la vez tan llenas de pasión. Mis dedos se enroscaban cada vez que tocaba mis piernas. Sus dedos recorrían un camino hasta mi rostro. Su voz tan llena y varonil. Mi nombre siempre se escuchaba tan hermoso saliendo de esos labios, labios que no conocía, solo sentia en mi cuerpo. Su silueta empezó a emparejarse con la mía, su rostro, no podía verlo. Mi respiración empezó a descontrolarse, una luz me cegó. No, no aún. Yo queria ver su rostro, necesitaba ver su rostro.

Antes de poder preguntar algo más, mis ojos estaban abiertos, mi corazón retumbaba al ritmo de estos. La penumbra de esos momentos me volvieron a cobijar. Mi pecho estaba agitado, buscaba el aire que siempre se le escapaba cada vez que tenía esos sueños. 

Aún no amanecía. La luz de la luna entraba adornando cada esquina de la enorme habitación, tan enorme y tan fría como lo estaba mi mente.

Me levante poniendo una mano en mi cabeza, estaba empapada. Me deslice a la orilla de la cama y tome mi bata para cubrirme un poco del frío de la madrugada. Esto ya se estaba haciendo una rutina. Desde hacía un mes, los sueños con ese hombre acariciando mi piel no me dejaban en paz. Siempre era lo mismo y como siempre, nunca podía ver su rostro.

Arrastre mis pies hasta las puertas de vidrio doble. Las abrí y el frío de la madrugada me recibió como todos los días, con ese abrazo de soledad, ese silencio que solo ella y yo compartiamos.

Camine en el balcón de mi habitación y me senté en la orilla donde estaba mi silla favorita. La luna estaba llena y las estrellas se podían apreciar mejor en ese velo oscuro. Cubrí mis brazos y un suspiro se escapo de mi pecho al pensar de nuevo en ese sueño.

¿Quién era?

Yo tenía seis meses que había vuelto con mi familia después de estar en un terrible accidente. Una familia de la cual apenas me estaba acostumbrando, la realidad era que no recordaba nada, mas lo que ellos me decían. No recordaba cuando era pequeña y corría por estos jardines, no recordaba cuándo habían adoptado a mis hermanos. No recordaba cuando mi madre había muerto y mi padre me había criado solo. Yo no recordaba nada más que los pasados seis meses que había estado viviendo de nuevo. Un milagro, así me decía mi padre. Que era un milagro que estuviera viva.

Respire y me concentré en eso. Sabía que no recordaba nada, pero al menos tenía a mi familia, no estaba sola. En la clínica que había estado por un mes donde estaban ayudándome, encontré varias personas que no tenían a nadie, no sabían quienes eran, pero lo mas triste, era que no tenían a nadie quien estuviera allí diciéndoles que todo estaría bien, que aunque no recordaban, ellos estaban allí para apoyarlos. Me había costado en un principio acoplarme a ellos, pero eran mi familia, eran buenas personas y cada día, me ayudaban a poner recuerdos en mi mente, esos recuerdos que trataba de recuperar. Esos recuerdos que había perdido con el accidente.

Pero los sueños eran algo distinto. Últimamente soñaba mucho con un hombre el cual no podía ver nunca su rostro. Le había comentado a Alexandra, pero ella decía que tal vez era alguno de los novios de mi pasado y decirle a Aidan era entrar en alguna discusión.

La luz del sol empezó a salir, haciendo que en mis ojos se reflejara el mas hermoso amanecer. Me quede admirando la luz del sol tocar las flores que estaban en mi balcón, que poco a poco las llenaba de luz. Tenía fe que lo mismo pasara en mi complicada mente, que lentamente recuperaria lo perdido, que volviera todo lo que estaba enterrado.

🌹***🌹

Me meti en la cocina como todos los días y robé una manzana. La cocinera, Greta, me sonrió ante mi fallido intento de salir sin que me vieran.

Amor EternoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora