3.

10.2K 694 24
                                        

Desperté.

Pensé que estaría al lado de un tronco, pero estaba en el bosque.

Abrí bien los ojos, la chica de antes estaba sentada con la espalda apoyada en una roca.

Me incorporé para ver mejor dónde estaba.

Ella giró la cabeza hacia mí y dijo:

—Oh, ya has despertado ¿Estás bien?

—¿Cuánto tiempo llevo durmiendo? —pregunté.

—No tengo reloj, pero supongo que unas dos o tres horas, más o menos —respondió observando el bosque.

Hubo silencio, mientras yo observaba todo a mi alrededor la chica jugueteaba con el cuchillo.

No había mucho que ver, era solo un bosque.

—¿Tienes hambre? —preguntó ella.

—Sí

—Toma —dijo ofreciéndome un aguacate—. Es lo único que hay por aquí cerca.

Siempre había odiado los aguacates, pero odiaba más tener hambre.

—¿Cómo los has conseguido? —pregunté.

Ella señaló hacia arriba. Había una planta de aguacate gigante, pero estaban altísimos los frutos.

—¿Trepas? —pregunté.

Ella se levantó, cogió el cuchillo, y lo lanzó hacia el árbol, dio en una rama y cayeron algunos aguacates al suelo.

Asentí intentando comprender cómo había conseguido hacer eso.

—Soy Ambar —dijo como si se tratara un dato curioso.

—Amanda —respondí intentando parecer igual de seria.

—Bueno, si queremos salir vivas tenemos que cooperar así que, cuéntame cómo llegaste allí.

—Empieza tú —dije.

—¿Por qué yo? —contestó bruscamente.

—Ha sido idea tuya —respondí encogiéndome de hombros.

—De acuerdo. Nací en una cárcel, pero no en esta. Las cárceles eran de dos, mis padres se conocieron como compañeros de celda. El caso es que se enamoraron, bla bla bla, y a partir de ahí nací yo. Luego, al ver que yo tenía superpoderes también, me mandaron a otra cárcel. En ese momento tenía 14 años. Y ahí me quedé, hasta hace tres horas, claro. ¿Y tú?

—A mí me llevaron a la cárcel a los diez años, porque nos descubrieron a mi hermano y a mi. Él logró escapar, pero a mí me encarcelaron. Y no me han cambiado nunca de prisión —relaté.

Me levanté para coger uno de los aguacates que Ambar había "recolectado".

—¿Sabes por qué estamos aquí? —pregunté—. Me refiero a que por qué nos persiguen y nos matan.

Nunca nadie me había dicho nada. Necesitaba respuestas. Y esperaba que Ambar las tuviese.

—Somos la nueva generación. Y una organización de gente en contra de nosotros que se dedica a matarnos. Uno de cada 1000 bebés que nacen tienen probabilidad de desarrollar poderes, y si alguno de sus progenitores es superdotado las posibilidades aumentan. La organización nos mata porque no quieren una nueva generación, cada vez somos más y no quieren ser reemplazados por nosotros.

Y ahí acabó la conversación. En esta época del año anochecía muy pronto y no encontraba otra cosa mejor que dormir. Y eso hice. 

—Nos dan por muertas —murmuró Ambar en medio del silencio.

—Pues nunca me he sentido tan viva —respondí antes de cerrar los ojos.

Mentes PoderosasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora