La cita

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Rubi lo habia conseguido. Estaria a solas con Tomas un dia entero. Y todo estaba pensado. Lo invitaria a cenar. Luego pasearian por el centro. Comprarian unos helados. Se reirian. Irían a por unas cervezas y beberían algo. Lo justo para estar algo sensibles, pero no como para olvidar al día siguiente. Irian a su casa, y haria varias de las cosas que habia aprendido con Marcos.

Rubi llegó temprano al restaurante que había elegido. Un italiano. Le encantaba la comida italiana. El cabello oscuro de su amigo pronto asomo por la puerta, y pudo sentir su corazón latir. Pero eso duro poco. Pronto ese alegre latido parecia más un suicidio latiente. Latia miles de cuchillas clavandose en su pecho. Sabia que si Tomás habia accedido era para mantenerlo lejos de Marcos, pero lo amaba tanto que le daba igual. Sabía que lo conquistaría. Tomás llegó y lo saludo tranquilo. Nunca había visto a Tomás con esa actitud. Tan relajado. Este miró a Rubi a los ojos, y le regalo la sonrisa más hermosa que esos ojos azules habían visto.

-Has elegido un sitio muy bonito.- le dijo alegre Tomás, que por dentro odiaba a aquel rubito por quitarle a su Marcos.

-Pues... gracias... Me gusta mucho la comida italiana. Espero que a ti también.- le contesto el rubio como si nunca hubiera hablado con él en su vida.

Y lo cierto es que aunque habían sido amigos desde muy pequeños ellos nunca habían estado a solas hasta ese momento. Rubi lo estaba disfrutando. Tras una mirada y una risa nerviosa la conversación comenzó a fluir. Tomás se sorprendio a si mismo olvidando el porque había ido, sumergido en la conversación. Hablaron de música, de composición, de instrumentos musicales. Hablaron de deportes, de equipos, de amigos, de recuerdos. Y antes de darse cuenta ya estaban paseando uno junto al otro por la calle. Rubi se acerco a él aprovechando un momento de silencio y le tomo el brazo. Tomás lo miro sorprendido, en un impulso por separarlo. Pero entonces lo vió, con sus mejillas sonrojadas y sus ojos azules. Esa inocencia timida que tanto le recordaba a Marcos. Quito esa idea de su cabeza, avergonzado, y recordó cual era su objetivo. Mientras sus pensamientos trazaban un plan, Rubi se paró en seco.

-¡Una heladeria! ¿Quieres uno?- le pregunto Rubi.

-Yo invito.- Respondio Tomás guiñando un ojo al rubio.

Este no hizo más que sonrojarse y aceptar el helado, tomandose de nuevo del brazo de Tomás. Pasearon como si de una pareja se tratasen. Y aunque la conversación continuo amena, Tomás no podía dejar de ver en ese rostro de niño el del pelirojo que tanto lo atormentaba. Así que paró en seco y miró a Rubi. Allí, en medio de la calle, le arrebato el helado al rubio, y tomó con fuerza su mentón, para robarle un beso que Rubi llevaba demasiado tiempo soñando. El rubio simplemente cerró los ojos, sintiendo cada melodía compuesta fluyendo por su cuerpo. Cada nota corriendo hacia sus labios, y llorando, porque ninguna letra hacia justicia a ese roce tan delicioso que le ofrecían los labios de Tomás. Su corazón desató una tempestad de latidos que no podía detenerse con nada, mientras su amado no podía hacer más que pensar en Marcos, y en la suavidad inigualable de sus labios.

Amigos de la infancia (Yaoi)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora