Aquella tarde todas sus dudas desaparecieron. Un momento de mala fortuna, un roce poco fortuito y su corazón ya estaba llorando por más. Un encuentro tras la puerta del baño, y una mirada había bastado para sonrojarlo. Lo sabía, pero no por eso lo reconocería. En un plano de su mente, el ser gay había dejado de ser tan problemático como el estar enamorado de él. Aquel si que era el verdadero problema. Quizá fue por eso que aceptó que Marcos lo acompañara cuando este se ofreció. Aun la tarde no acababa y el sol amenazaba con traer la oscuridad a los jóvenes que tardaran demasiado en volver a sus casas. Y allí estaba él, al lado de Marcos. A su espalada, Tiago los saludaba con la mirada perdida, y Nico corría para alcanzar a Tomás.
A su lado, Marcos caminaba con la cabeza gacha, y una sonrisa tan torcida y descolorida que movió toda la amistad que existía entre ellos. Rubi miró a otro lado avergonzado. Sabía lo que estaba haciendo al caminar hacia su casa con Marcos, lo sabía perfectamente. Pero aun así, quería hacerlo. Pero si el estaba así, la cosa cambiaba. La preocupación finalmente pudo con él.
-Marcos... ¿Que te pasa?- dijo Rubi con su voz fina.
-Oh... tranquilo rubito, no es nada.- su sonrisa volvió a componerse, esta vez sin dejar ver ni un poco de la melancolía que antes guardaba.
"Al menos dejó de pensar en el pasado" pensó Rubi, mientras giraban la esquina. Su casa aun quedaba algún tiempo de allí, y Marcos seguía mirando al suelo, tratando de esconder esa sonrisa rota que antes había dejado escapar. ¿Habría pasado algo acaso? El sol siguió su curso en silencio, como ellos dos, mientras a su alrededor, poco a poco, el mundo iba callando para dar la bienvenida a la noche. Unos minutos más tarde, a un par de cuadras de la casa, la noche llegó y la oscuridad le dio a Rubi más seguridad. Sí. Estaba seguro de porque había aceptado aquel ofrecimiento, pero no estaba seguro de porque Marcos actuaba así. A pocos minutos de la casa, el chico finalmente habló.
-El día estuvo divertido... ¿no crees?- su voz, sin embargo sonaba más seria de lo normal.
-Si es cierto.- le contestó Rubi.
"¿Que diablos le pasa a este chico?" se preguntó el rubio.
Pocos minutos después se encontraron frente a la puerta de la casa de Rubi. Marcos parecía ya resignado a no intentar nada, pero Rubi no aceptaría eso. Rápidamente se acercó a él, con el miedo en cada borde de su cuerpo, y lo tomó de la camisa del uniforme. Atrajo rápidamente los labios de Marcos a los suyos, que se posaron delicadamente sobre los contrarios. Casi de forma automática, los labios de ambos se abrieron, entrando rápidamente en el juego del vaivén de un beso desesperado y urgente. Rubi subió sus manos hacia el pelo de Marcos, sujetándose de la nuca contraria, mientras este pasaba sus manos hacía la barbilla del rubio. Marcos reaccionó rápidamente con urgencia. Entonces ocurrió. La mano de Rubi se deslizó por la nuca de Marcos y al llegar al oído de este, de forma inconsciente busco el aro que Tomás llevaba en su oreja. Se congeló inmediatamente, mientras los labios de Marcos atrapaban una vez más los suyos. Pero el ya no estaba allí. Tomás. Sí. Hasta aquel momento solo se trataba de él y sus labios. Aquellos labios que nunca probaría. Al separar su rostro del de Marcos, asustado por el sentimiento encontrado, no pudo más que sorprenderse al ver que frente a él, los ojos de su amigo rebosaban en lágrimas. Rubi no acertó más que a murmurar un lo siento y salir corriendo de allí rápidamente. ¿Porque lloraba Marcos? No tuvo tiempo de preguntárselo. Ni tiempo ni espacio, pues en su mente ahora solo cabía el mismo estúpido nombre. Tomás. La persona a la que más amaba en este mundo. Su amigo Tomás.
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Amigos de la infancia (Yaoi)
RomansaUn grupo de amigos de la infancia. ¿Será una simple casualidad que todos ellos descubran que su sexualidad no es la que esperaban? Quedense para leer la inexplicable historia de los chicos de El club de los ganadores. Aviso: La imagen de portada NO...
