Miro los ojos de Marcos otra vez. Este no dejaba de llorar. No podía creerlo. Sus manos tiritaban. El pelirrojo aún no había dicho nada pero no hacía falta. Lo sabía. Lo sabía de sobra. Sabía lo que había pasado. Colocó sus gafas bien. Respiro profundamente. El no se dejaba llevar fácilmente por los impulsos. Por más que todo su cuerpo le asegurara que había pasado necesitaba saber que tenía Marcos para decir. Respiro profundamente. Se sentó junto a él, más calmado, y lo abrazo con fuerza. El llanto de Marcos era desgarrador y no podía aguantar escucharlo sin hacer nada. Sus brazos lo rodearon, acercándolo a su pecho. Sintió la humedad de su rostro mojando su camiseta, y lo apretó con las fuerza. En Tiago imperaba la rabia. Quería salir y romperle la cara a Tomás. No por lo que hubiera hecho. Solo por liberar una vez más ese llanto. Ese que tantas veces había escuchado. Ese que tantas veces le había costado consolar. Apretó las manos con fuerza sujetando la ropa de Marcos. Era su Marcos. Y no lo dejaría ir. No dejaría que volviera a lastimarlo. "Te ha engañado" los pensamientos seguían acosandolo. "Da igual. Puedo perdonarlo mientras me ame" Trataba de defenderse de ese miedo que lo apresaba. Finalmente miro a Marcos, que parecía calmarse con su abrazo.
-Dime. ¿Que ha pasado? Y... Por favor... No mientas.- La voz de Tiago Sonaba fría y asustada. Toda la perfección de su rostro se había esfumado, y ahora solo quedaba en el el terror a que lo que su mente decía fuera cierto.
-No... No puedo Tiago. Yo... He hecho algo malo.
Aquellas palabras no decían nada, y sin embargo a Tiago le dijeron mas de lo que quería. Era cierto. Lo había hecho. Tomás había vuelto a meterse en medio. Tomás había vuelto. Tiago cerro con fuerza los puños. Miro a Marcos, enfurecido.
-¿Te hizo daño?- la pregunta era esta vez mucho más siniestra. El terror, y la inseguridad se habían difuminado dejando paso a una frialdad asfixiante.
-No. O si. O no se Tiago. Él... Yo tuve la culpa. Él solo me dijo lo que sentía... Hacia frío...Y... Nos besamos... Lo siento Tiago...- las lágrimas volvían a correr por su rostro.
-No digas nada.
-Por favor Tiago... Perdóname yo...-El pelirrojo trataba de acercarse a él.
-No. Digas. Nada.- en la voz de Tiago, se veía reflejada esa frialdad que tanto asustaba a Marcos. Sin embargo la ira volvía a consumirlo poco a poco.
-Perdome. Por favor. Tiago. Solo perdóname, yo no tengo excusas. Pero no quiero...
-¡CALLATE JODER!- el chico no pudo contener más la rabia. El dolor acumulado, noche tras noche, escuchando una y otra vez como Marcos, su novio, lloraba por otro. Los pensamientos que lo recorrían cada vez que lo besaba. La duda de si esos besos eran para él o para el otro. No aguantaba más. No aguantaba amarlo tanto y que fuera tan idiota de seguir amando al imbécil de Tomás. Tiago se rió. A quien pretendía engañar. El era el más idiota de todos, porque aún pensaba perdonarlo. Lo miro, tratando de contener el odio y la rabia de su mirada, pero sus ojos mataron cualquier esperanza de Marcos de ser perdonado.
-¿Lo amas?- preguntó- dime, la puta, verdad Marcos. ¿Lo amas?- la voz de Tiago hacia que el pelirrojo se estremeciera.
-Si. Y no. Tiago. Te amo. Pero... También lo amo a él. ¿Es posible? Yo. No se Tiago. No lo sé.
Lo que Marcos vio al levantar la vista fue algo que nunca olvidaría. Los ojos de Tiago, enrojecidos de llanto, se dirigieron a la ventana. Su mano se cerró en un puño y pudo ver como el cristal se rompía, haciendo añicos la piel de Tiago. Después de eso, salió de la habitación. Marcos se quedó inmóvil, repitiendo esa imagen una y otra vez en su cabeza, conocedor de que aquello era solo culpa suya, mientras escuchaba a Tomás tratando de pedirle perdon a Tiago, que no paraba de insultar a todos mientras salía de la casa. Marcos miro sus manos. Ojalá pudiera el sentir el dolor que debía estar sintiendo ahora Tiago. Ojalá lo hubiera golpeado a él. De esa forma al menos la culpa habría disminuido. Pero Tiago no si quiera lo insulto. No lo lastimo. Tiago siempre lo había cuidado. Era el mejor novio que... Bueno. Quizá ya no lo era. Cerro los puños fuertemente y se echo sobre la cama. Sus ojos ya no derramaban lágrimas. La culpabilidad se había cansado de hacerlo llorar, y ahora, como una encargada de la película de su vida, repetía una y otra vez aquella imagen. Aquella que nunca olvidaría, y que cargaría siempre como su culpa.
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Amigos de la infancia (Yaoi)
RomantikUn grupo de amigos de la infancia. ¿Será una simple casualidad que todos ellos descubran que su sexualidad no es la que esperaban? Quedense para leer la inexplicable historia de los chicos de El club de los ganadores. Aviso: La imagen de portada NO...
